18/01/2012

Lima no tan gris




477 años de fundación y se la sigue llamando la gris. Lo es, claro, por este cielo nada acogedor que nos acompaña todos los días. Pero, fuera de él, es muy colorida. Puedes viajar de un punto de la ciudad a cualquier otro y toparte en el camino con paisajes urbanos diametralmente distintos, con miniciudades, cada una de ellas con demandas muy particulares y con necesidades diversas. Con preferencias musicales disímiles y, en ciertos casos, con silencios elocuentes. Puedes incluso aventurarte a descubrir qué clima hay en cada espacio de Lima porque nada garantiza que si por tu ventana viste sol, más allá no te mueras de frío o te asalte la neblina. Puedes encontrarte también con maneras de hablar diversas. Es común, por ejemplo, que en ciertos distritos donde migrantes del interior del país han hecho de Lima su espacio, el castellano andino tan rico (y a la vez tan maltratado por ciertos talibanes del lenguaje) sea una constante. Por otro lado, en algunas playas encontrarás un dialecto que aún no termino de descifrar, donde el lexicón para designar ‘ola’, ‘tabla’, ‘tráfico marino’, ‘hora de almorzar’ ‘excelente maniobra’, etc. es una mezcla de inglés, castellano y mucha creatividad (como dirían ‘es de la witch’). Puedes encontrar los mejores anticuchos en una carretilla ubicada al azar y el mejor pisco sour en la casa de una amiga (me ha pasado).


Puedes toparte con la intolerancia personificada en una calle cualquiera, con la sinvergüencería máxima en el cruce de dos avenidas o en un semáforo pasado por alto por default. Puedes cruzarte con los que juegan golf y los que arman su pichanguita en las lozas de la costa verde en cuestión de minutos. Puedes sorprenderte con el joven que ayuda desinteresadamente a una señora anciana a cruzar la calle y tratar (a veces sin éxito) de hacer entender a otro que ceda su asiento en una combi a una señora embarazada. Puedes descubrir tus habilidades de contorsionista a las 6pm en una couster que va por la Avenida Javier Prado y también poner a prueba tu serenidad cuando te aguantas el puñetazo que querías mandarle a quien por la ventana de su auto lanzó a la pista un paquete de galletas. Puedes toparte con el policía que aprovecha para cobrar coima, sobre todo en fiestas, pero también con los otros tantos que nunca aceptarían una. Puedes encontrarte con los taxistas que entienden lo que significa el verbo “regatear”, para alivio de tu bolsillo, pero también con los que detienen el tráfico para conseguir a un pasajero aún cuando éste no ha dado señas de querer abordarlos.


Por ser mujer, nos topamos con una serie de reglas absurdas y tácitas como “nunca pases delante de una construcción”. Sí, una se topa con cireos gratuitos y muy machistas en cualquier lugar de esta ciudad. Te encuentras también con una serie de locales que sin vergüenza se atreven a poner carteles que dicen “se reserva el derecho de admisión”, como si admitir a alguien fuera un derecho del local y no nuestro. ¿Acaso no es nuestro derecho ser admitidos a donde queramos? Te encuentras con muchas madres que son padre y madre al mismo tiempo y que trabajan todo el día para que a sus hijos no les falten útiles escolares. Claro, del otro lado, te encuentras también a familias abandonadas donde los hijos no lo son nunca y subsisten refugiándose en las drogas, alcohol y pandillas. Te golpea también la historia de Juan, un buen amigo que ha luchado toda su vida por estudiar mientras trabajaba y que, pasado algún tiempo, ha cambiado esa cara de esperanza por una de agotamiento: “de qué sirve si acá todo es vara”, me dice. Pero al mismo tiempo, te topas con todos aquellos que siguen viniendo optimistas a la capital a construir un “futuro mejor” (sic).


Porque con sus contradicciones a veces insoportables, Lima sigue siendo una ciudad de oportunidades. Y es que a Lima no hay que endiosarla, hay que quererla así como es. Acá se mezclan la indignación y la sonrisa, la terquedad y la tolerancia, la sinrazón y la reflexión. Mi Lima, la que conozco hace años, no es tan gris. Es, por el contrario, muy colorida. Es una ciudad que hay que vivirla profundamente y, ojalá, todos lo hiciéramos para mejorarla. Así, tal vez en un futuro, no sólo se la viva (o sobreviva), sino también se la disfrute.


Feliz aniversario, Lima.

No hay comentarios.: