El conflicto desatado contra el proyecto minero Conga en Cajamarca podría convertirse, con razón, en EL evento político del año. De hecho, en algún ranking que circula por ahí, el “Pueblo Cajamarquino” candidatea por ser el “peruano del año”. De alguna manera, los cajamarquinos se han convertido en “los peruanos” del año ya que, con su protesta, no sólo pusieron al descubierto las grandes falencias del ejecutivo respecto al manejo de conflictos sociales, sino que también cortaron cabezas ministeriales y resaltaron el viraje a la derecha de un gobernante que llegó a segunda vuelta concentrando a un electorado que optó por una opción de izquierda y, a palacio de gobierno, prometiendo una “transformación”.
Pero este conflicto, determinante en términos políticos en el 2011, podría serlo también el próximo año ya que la historia no acaba ni con Valdés, ni con acuerdo firmado, ni con ordenanza de inviabilidad revisada por el Tribunal Constitucional. De hecho, para este 2 y 3 de enero (nada más simbólico que una tregua por las fiestas de fin de año) ya se anunció un nuevo paro.
Pero, ¿acaso no se había llegado a un consenso? ¿No se había firmado un acuerdo entre diversas autoridades cajamarquinas y el gobierno central representado, en este caso, por el nuevo Premier Oscar Valdés? ¿Con eso no basta?
La respuesta sigue siendo “no”. Y ese “no” se sustenta en más que la casi caprichosa negación de Gregorio Santos, Presidente Regional de Cajamarca. Porque una cosa es que Santos se enterque y decida ausentarse en el diálogo con el Premier, y otra muy distinta es que esto traiga como consecuencia la presentación de una ordenanza regional que declare inviable el proyecto Conga. Si bien dicha ordenanza no tendría asidero legal, es un acto de rebeldía y provocación mayúsculo.
Y, ojo, no se trata de justificar el acuerdo al cual llegaron las autoridades el día jueves, sino de legitimar el diálogo como la base de cualquier consenso entre dos partes. Si el Presidente Regional no cesa en su afán de patear el tablero, Conga dejará de ser un conflicto por un proyecto minero y se convertirá (si no se está convirtiendo ya) en una disputa de poderes y legitimidad entre el gobierno central y el regional. Y ahí perdemos todos porque una batalla de este tipo no se sostiene en argumentos, sino en quién grita más fuerte y alcanza mayor eco. Llegar a ese extremo sería peligroso para el gobierno de turno, sin duda.
A esto se suma la participación de empresarios que brindan servicios a Yanacocha, quienes movilizaron maquinaria pesada el día de ayer, como muestra de rechazo al paro convocado por el Frente de Defensa de Cajamarca. Esta actuación podría colaborar con la postura gubernamental en la zona, pero también podría enfatizar la polarización en una población que, luego del conflicto, sigue preguntándose a quién seguir.
Que las fiestas de fin de año no nos engañen. Este conflicto no acaba el 31 de diciembre. De hecho, podría arrancar con renovada fuerza y nuevo enfoque en el 2012 porque, si bien la ordenanza regional que declara la inviabilidad de Conga podría no ser “legalmente” factible, es políticamente elocuente. Si esta cala en el imaginario cajamarquino, al margen de si el TC la revisa o no, no habrá tinta suficiente para firmar acuerdos con quienes solicitan, legítimamente, que no se altere su medioambiente. Por lo pronto sólo queda decir que, todavía, Conga no “fue”.







