28/11/2011

Dejémonos de congas


Se supone que cuando uno comete un error, aprende de él para no equivocarse, de esa misma manera, de nuevo. Haría mal el gobierno de Ollanta Humala si no reconoce ningún error respecto a cómo trató el caso del Proyecto Minero Conga. De no admitir error alguno, no sólo no aprenderá, sino que actuaría con soberbia, una característica que me recuerda al gobierno anterior, en el cual, durante cinco años, murieron 103 peruanos en más de 250 conflictos sociales. Pese a que el conflicto en Cajamarca no ha concluido ya hay un par lecciones que el gobierno de turno debería anotar para dejarnos ya de congas (y tangos).

El primer tema es la legitimidad. Lo comentó en su columna de ayer, Jorge Bruce. Mientras no haya legitimidad no habrá confianza. Si la población no confía en el gobierno y los ministerios, no hay negociación posible. El diálogo se frustra por default. ¿Cómo llegar a un acuerdo con alguien a quien no le crees?

Si bien, Bruce sugiere el paso al costado por parte de Herrera Descalzi, actual ministro de Energía y Minas, creo que, si bien esta salida sería recomendable, no estaríamos solucionando el problema. A fin de cuentas, se trata de un gesto inmediatista, una reacción por inercia. La verdad, lamentablemente, es que aún si otro nombre ocupara el liderazgo en la cartera de Energía y Minas y afirmara con contundencia que el proyecto Conga no afecta el medio ambiente, en Cajamarca no le creerían. No es, pues, el ministro el problema.

El caso de Conga evidencia que, en general, los conflictos generados en torno a la actividad minera han dejado de ser técnicos. Los estudios de impacto ambiental han perdido peso frente a la opinión algunos expertos (curioso que, generalmente, no estén de acuerdo) y a los prejuicios negativísimos en torno a esta actividad. Prejuicios que se sustentan en evidencias, lamentablemente.

Una buena manera de minimizar las dudas y eliminar prejuicios sería contar con una consultoría independiente que realice los estudios de impacto ambiental. Y esto no solo para Conga, sino para todos los proyectos mineros que no logren convivir en armonía con la población. De este modo, se benefician los pobladores de la zona al obtener información en la que creen, el Estado al comprobar (por otra vía) que no se afecta el medioambiente (y de yapa evita un conflicto más), y la empresa minera pues no tiene a los habitantes de la zona en contra.

Pero un segundo tema muy importante es también el de la claridad en el mensaje. Y esto nada tiene que ver con la capacidad de oratoria del presidente ni sus ministros. El presidente Humala hizo bien al mencionar la importancia de conseguir tanto el oro como el agua, pero hubiera sido ideal que lo dijera a tiempo (antes que reviente el conflicto) y no luego de haber dado mensajes que parecían contradicciones – casi bipolares – entre los que enunciaba en vivo, los que lanzaba en tuiter y facebook y los que enunciaban sus ministros y asesores.

La ambigüedad discursiva es un desacierto tremendo, no sólo porque mantiene a los receptores en vilo (y la impaciencia es enemiga de la conciliación), sino además porque, en el caso particular de este presidente, dista soberanamente de la imagen del Ollanta Humala candidato y, por eso, saltan las percepciones de “derechización” presidencial. Un solo mensaje es lo que se espera de un presidente. La ambigüedad da muestras de falta de liderazgo, pero sobre todo, de la falta de un norte claro.

Por otro lado, pero en la misma línea, debo decir que me ha sorprendido esta aparente “lavada de manos” de parte de Ricardo Giesecke quien, pese a haber presentado un informe contundente sobre las falencias en el proyecto Conga y el riesgo que significa para el medio ambiente si no se reparan, entibia esta postura en una entrevista posterior, con un argumento que se resume en: sólo son anotaciones para enriquecer el proyecto.

Al margen de que la aprobación del estudio de impacto ambiental sea legal, ¿acaso no es grave que no se hayan considerado los perjuicios que este proyecto podría causar? ¿No debería bastarle esta indicación, al gobierno de turno, para revisar la viabilidad del mismo? Y, peor aún, ¿no habla muy mal del Ministerio de Energía y Minas que haya afirmado que la cartera de ambiente había dado su visto bueno al proyecto, omitiendo, convenientemente, las considerables observaciones?

No es por nada, pero eso de que el Ministerio de Ambiente buscaba, en su informe, hacer que el proyecto Conga sea “lo más atractivo posible” (sic) me parece la entibiada del año a objeciones realmente serias. Gran nominado al premio “Poncio Pilatos 2011″.

Si por parte del presidente se reciben declaraciones contradictorias y tardías y, por parte de los ministerios responsables, informes excluyentes y hasta sacada de cuerpo para no quedar mal con nadie, luego no se quejen de que les caiga un congazo. El detalle es que el congazo no le cae sólo al gobierno, nos cae a todos. Aprendamos de una vez.

24/11/2011

La gran transformación de los ignorados



Hoy, en vísperas del paro que realizarán los pobladores de Cajamarca en oposición el proyecto minero Conga, qué lejano y casi ficticio se me hace ese Ollanta Humala que en medio de la formalidad de la toma de mando y el acartonamiento de los protocolos de Estado alborotó a diestra, siniestra, y hasta a la siniestrísima Martha Chávez, cuando juramentó por el espíritu de la Constitución del 79.

Recuerdo que aquellos con quienes veía el circo en que se había convertido el Congreso en ese momento dijeron varias frases que iban desde la fácil “Uy, se volvió Chávez”, hasta la soberbia “siempre supe que apenas le pusieran la banda se mostraría tal cual es”. De pronto, se armó un consenso tácito sobre el presidente que acababa de juramentar. Ante nuestros ojos se había muerto el Humala de campaña, el del polo blanco, el de la hoja de ruta. Había llegado el cuco: adiós a las inversiones, adiós al desarrollo macroeconómico, adiós a la estabilidad, apaguen la luz.

Ay, ¡pero qué equivocados estábamos!

Poco tiempo después el Congreso aprobaba la Ley de Consulta Previa y aunque el Presidente no participara directamente en la aprobación, le salpicaron los aplausos. Y luego vino la creación del Ministerio de Inclusión y esta propuesta vino con algunas semanas más de elogios bajo el brazo. Sí, todo parecía indicar que este presidente se estaba esforzando por cumplir lo prometido, al menos en parte. El diálogo sería la gran política de gobierno, la inclusión social era una realidad, ¡viva el Perú!

Y, claro, había sectores que estaban preocupados porque es normal que cuando se plantean grandes cambios algunos sectores pierdan un poco. “La gran transformación” era esa etiqueta sugerente que dejaba muy poco a la imaginación. Nada de medias tintas ni “cambios responsables”, era momento de cambiar desde la raíz. Y casi nos la creímos. Tanto nos la creímos que casi, casi, casi pudimos tener a la hija de un condenado como presidente (“¡es que no nos queda otra!”). Pero ganaron los ignorados porque ya no querían ni merecían ser ignorados.

Han pasado más de 100 días y parece que la luna de miel se acabó. Empezaron los escándalos y renació nuestra memoria.Y se empezaron a escuchar algunas vocecitas de desconcierto “oye, ¿no que se iban a revisar los contratos de estas concesiones?”, “oye, ¿no se iban a realizar nuevos estudios de impacto ambiental?”, “oye, ¿no se iba a anular este proyecto minero?”… ¿Se acabó la luna de miel o nos la acabaron?

Porque los conflictos que están creciendo al interior del país (porque no solo Cajamarca existe) pudieron evitarse con el prometidísimo diálogo. Y seguro saltarán los que dicen que “no se puede dialogar con quien no quiere”, pero habría que recordarles que el gobierno decidió empezar a dialogar cuando el conflicto ya había reventado. Todo bien con querer el oro y el agua, pero para eso hay que llegar a tiempo. Es más, hay que llegar antes de tiempo.

Y de pronto recuerdo al Humala candidato diciendo en Cajamarca que hay que defender el agua y siento que es otro Humala. Es casi como comparar al primer Alan García con el segundo. Aunque sea por un microsegundo te asalta la idea de que son dos personas distintas en cuerpos muy parecidos. Pero luego te das cuenta de que cuando tu mamá te decía “la gente cambia” y tú la mirabas con cara de escepticismo, actuabas como un gran cretino. Ahora me queda clarísimo que la gente cambia, se transforma, casi muta. La próxima vez que alguien me diga “así soy yo, no puedo cambiar” sabré que me está mintiendo soberanamente.

El problema es que esta gran transformación presidencial le está funcionando muy bien a Ollanta Humala, pero solo con un sector del país que es justo aquel que no votó por él. Cuidado, señor presidente, que tanto retraso en las reacciones, tanto silencio y tantas señales contradictorias pueden generar una gran transformación, pero en las comunidades en conflicto. No olvide usted que la gente cambia y que los simpatizantes del ayer pueden ser los opositores del mañana si usted no cumple lo que prometió.

Y sí pues, en estas elecciones ganaron los ignorados pero la pregunta de fondo es ¿qué ganaron?

15/11/2011

Metamediatizados




El domingo pasado, mientras me dirigía desde el aeropuerto Ezeiza hacia el centro de la ciudad de Buenos Aires, noté una pancarta colgada en el Mercado Central con las siguientes dos palabras: “Clarín miente”. Uno de los argentinos que me acompañaba en el trayecto me dijo “Mienten realmente. Al Clarín se le debe leer con cuidado”. Su compañero contestó velozmente “No es cierto. Mucha gente se queja de El Clarín, pero es el mejor medio que tenemos”. Y así se inició una discusión interesante que ha motivado, en parte, este post.

Haciendo un paralelo inexacto el grupo “El Clarín” vendría a ser algo así como el grupo “El Comercio” en el Perú. Sin embargo, como dijo El Morsa hace ya varios meses, “El Comercio” es una bodega de barrio comparado con el poder del grupo Clarín en Argentina que vendría a ser algo así como WalMart. Mueven medios de comunicación en todas las formas que puedan imaginar, pero también, claro, ciertas empresas. Pueden ver una infografía bastante completa aquí.

Al día siguiente me di el tiempo de mirar ciertos programas de televisión argentina. La verdad que, aunque no lo crean, la peruana no tiene nada que envidiarle. Me costó mucho juzgar si la nuestra era peor o mejor que la Argentina. Creo que mejor, aunque por poco. Los “noticieros” (entrecomillado que vale también para el caso peruano) estaban inundados de resúmenes con lo mejor del programa de Tinelli (algo así como “El gran show”), algunas noticias sobre el subsidio que el Estado dejaría de darle al servicio de transporte público (básicamente alarmistas y nadita neutrales para ser franca) y, sobre todo –ta ta ta taaaan- el gran escándalo que me acompañó toda la semana que pasé en Buenos Aires: los wachiturros (grupo de cumbia que ha causado furor y que se disputa la originalidad del nombre con otro. He ahí el escándalo de aparente interés nacional).

Aproveché la semana para preguntar a varios argentinos con quienes me topaba sobre la prensa argentina. Lo interesante de estas conversaciones no fue la posición de quien me contestaba -algunos muy críticos y otros más bien condescendientes con ella- sino la argumentación informada en las respuestas. Esto no es gratuito. Todo el debate en torno a la ley de medios argentina aprobada en octubre del 2009 permitió, de alguna manera, que los consumidores de la prensa se formaran una opinión al respecto de la ley de medios en particular y la función de los medios en general.

Al margen de mi opinión personal respecto a la ley de medios argentina, me parece importante que exista una concientización ciudadana respecto a la importancia pensar en los medios y su desempeño ya que eso permite tener receptores de información críticos. Acá en Perú, este es un tema muy poco tratado pues, se asume que considerar la posibilidad de regular medios es un atentado contra la libertad de expresión. Me pregunto si acaso no es también un atentado contra la libertad de expresión que un solo grupo, con sus propios intereses como todos los grupos, sea dueño o accionista mayoritario de la mayoría de la prensa. ¿Qué democracia se sostiene sobre la voz única?

Sin embargo, del lado del actual oficialismo argentino la cosa no es tampoco idónea. La señal estatal ha pecado por lo mismo que reclamaban al grupo Clarín, por ejemplo. El canal del estado es una abierta propaganda al gobierno, muchísimo peor que Tv Perú en la época de Alan García (sí, peor) y en medio del autobombo surge una iniciativa que como tal me parece interesante aunque muy mal desarrollada. En el canal del estado argentino hay un programa llamado “6,7,8”. Este es un programa metamediático, es decir, habla de los medios, de cómo han tratado determinadas noticias y “evidencian” los intereses e ideologías detrás de la trata de noticias por parte de la prensa.

Una iniciativa metamediática me parece interesante a priori. Creo que es una buena manera de fomentar consumidores críticos. Me pregunto si en el Perú nos sumaría un programa de este tipo, pero con la neutralidad que esta requiere o, por lo menos, con la participación de voces múltiples. En Argentina, esta buena idea queda en la abstracción de la idea pues básicamente se busca demoler a los medios cuyas posiciones son contrarias al gobierno de turno. Como imaginarán, el grupo Clarín es la piñata de la fiesta.

Y dejo la idea en el aire porque este interés por juzgar a la prensa, interés que en algunos casos deviene en hartazgo, ya existe en el Perú. Lo hemos visto con iniciativas, tal vez aún pequeñas, como la de “Un día sin prensa” y una página interesantísima dedicada al tema: Antiprensa”. De otro lado, la labor de Infos, proyecto del IPYS que trata temas que no ocupan espacio en los medios, es un reproche positivo y tácito sobre los vacíos en la prensa.

Tal vez nos convenga metamediatizarnos un poco porque quejarnos de cómo trató la prensa el caso de Ciro Castillo, por ejemplo, es solo mirar la superficie de un tema de fondo en el cual deberíamos participar todos.