
Se supone que cuando uno comete un error, aprende de él para no equivocarse, de esa misma manera, de nuevo. Haría mal el gobierno de Ollanta Humala si no reconoce ningún error respecto a cómo trató el caso del Proyecto Minero Conga. De no admitir error alguno, no sólo no aprenderá, sino que actuaría con soberbia, una característica que me recuerda al gobierno anterior, en el cual, durante cinco años, murieron 103 peruanos en más de 250 conflictos sociales. Pese a que el conflicto en Cajamarca no ha concluido ya hay un par lecciones que el gobierno de turno debería anotar para dejarnos ya de congas (y tangos).
El primer tema es la legitimidad. Lo comentó en su columna de ayer, Jorge Bruce. Mientras no haya legitimidad no habrá confianza. Si la población no confía en el gobierno y los ministerios, no hay negociación posible. El diálogo se frustra por default. ¿Cómo llegar a un acuerdo con alguien a quien no le crees?
Si bien, Bruce sugiere el paso al costado por parte de Herrera Descalzi, actual ministro de Energía y Minas, creo que, si bien esta salida sería recomendable, no estaríamos solucionando el problema. A fin de cuentas, se trata de un gesto inmediatista, una reacción por inercia. La verdad, lamentablemente, es que aún si otro nombre ocupara el liderazgo en la cartera de Energía y Minas y afirmara con contundencia que el proyecto Conga no afecta el medio ambiente, en Cajamarca no le creerían. No es, pues, el ministro el problema.
El caso de Conga evidencia que, en general, los conflictos generados en torno a la actividad minera han dejado de ser técnicos. Los estudios de impacto ambiental han perdido peso frente a la opinión algunos expertos (curioso que, generalmente, no estén de acuerdo) y a los prejuicios negativísimos en torno a esta actividad. Prejuicios que se sustentan en evidencias, lamentablemente.
Una buena manera de minimizar las dudas y eliminar prejuicios sería contar con una consultoría independiente que realice los estudios de impacto ambiental. Y esto no solo para Conga, sino para todos los proyectos mineros que no logren convivir en armonía con la población. De este modo, se benefician los pobladores de la zona al obtener información en la que creen, el Estado al comprobar (por otra vía) que no se afecta el medioambiente (y de yapa evita un conflicto más), y la empresa minera pues no tiene a los habitantes de la zona en contra.
Pero un segundo tema muy importante es también el de la claridad en el mensaje. Y esto nada tiene que ver con la capacidad de oratoria del presidente ni sus ministros. El presidente Humala hizo bien al mencionar la importancia de conseguir tanto el oro como el agua, pero hubiera sido ideal que lo dijera a tiempo (antes que reviente el conflicto) y no luego de haber dado mensajes que parecían contradicciones – casi bipolares – entre los que enunciaba en vivo, los que lanzaba en tuiter y facebook y los que enunciaban sus ministros y asesores.
La ambigüedad discursiva es un desacierto tremendo, no sólo porque mantiene a los receptores en vilo (y la impaciencia es enemiga de la conciliación), sino además porque, en el caso particular de este presidente, dista soberanamente de la imagen del Ollanta Humala candidato y, por eso, saltan las percepciones de “derechización” presidencial. Un solo mensaje es lo que se espera de un presidente. La ambigüedad da muestras de falta de liderazgo, pero sobre todo, de la falta de un norte claro.
Por otro lado, pero en la misma línea, debo decir que me ha sorprendido esta aparente “lavada de manos” de parte de Ricardo Giesecke quien, pese a haber presentado un informe contundente sobre las falencias en el proyecto Conga y el riesgo que significa para el medio ambiente si no se reparan, entibia esta postura en una entrevista posterior, con un argumento que se resume en: sólo son anotaciones para enriquecer el proyecto.
Al margen de que la aprobación del estudio de impacto ambiental sea legal, ¿acaso no es grave que no se hayan considerado los perjuicios que este proyecto podría causar? ¿No debería bastarle esta indicación, al gobierno de turno, para revisar la viabilidad del mismo? Y, peor aún, ¿no habla muy mal del Ministerio de Energía y Minas que haya afirmado que la cartera de ambiente había dado su visto bueno al proyecto, omitiendo, convenientemente, las considerables observaciones?
No es por nada, pero eso de que el Ministerio de Ambiente buscaba, en su informe, hacer que el proyecto Conga sea “lo más atractivo posible” (sic) me parece la entibiada del año a objeciones realmente serias. Gran nominado al premio “Poncio Pilatos 2011″.
Si por parte del presidente se reciben declaraciones contradictorias y tardías y, por parte de los ministerios responsables, informes excluyentes y hasta sacada de cuerpo para no quedar mal con nadie, luego no se quejen de que les caiga un congazo. El detalle es que el congazo no le cae sólo al gobierno, nos cae a todos. Aprendamos de una vez.




