14/10/2011

¿Discriminación privada?


Ayer leí con indignación el post de Katya Adui en el cual da cuenta de una muestra de discriminación en uno de los carteles de un Club privado (ver imagen aquí). Pero esta indignación inicial fue opacada con la que me provocó la respuesta del Club Villa de Chosica, para quienes dicho cartel no era una muestra de discriminación, sino una “distinción”. Distinción puede ser, pero discriminadora, claro.

Sin embargo, hoy mi indignación se elevó a la décima potencia a partir de un post de Dante Bobadilla. Si ya ayer me parecía más indignante que el cartel discriminatorio la justificación del mismo, leer argumentos para esta justificación extendidos por otros espacios me parece la evidencia concreta de que en este país andamos atrasadísimos respecto a la consideración de todos como iguales. Van acá algunos extractos del post de Dante Bobadilla con mis humildes y breves respuestas.

La “denuncia” nos muestra la foto de un cartel que anuncia que hay un baño para amas. Este cartel está dentro de un club privado. (…) Dentro de un club privado se dan una serie de normas que los socios aprueban con el derecho que les da su dinero”. (El resaltado es mío)

De esta cita solo resalto esta idea de “derecho del dinero”. Discúlpenme por ser tan cliché, pero hay cosas que el dinero no puede comprar (para todo lo demás existe Mastercard) y los derechos forman parte de ese tipo de cosas. Que un grupo de personas se congregue para discriminar a otro grupo bajo parámetros particulares establecidos por quienes tienen más poder (o sea, más dinero) no les da derecho a suprimir, ni en un espacio “privado”, los derechos de los otros a ser tratados como iguales.

“Dentro del club pueden haber y de hecho hay, una variedad de servicios higiénicos destinados a segmentos diferentes de personas. Los hay para socios, con las características que ellos lo han exigido y pagado, pero también los hay para niños y minusválidos (…)”

A ver si me queda claro: ¿estamos comparando a las amas con niños y/o minusválidos? A ver, entiendo que un baño esté destinado para los niños pues, como es obvio, ellos requieren de instalaciones especiales para sentirse cómodos dado que son pequeños en tamaño. Entiendo también que los minusválidos necesiten baños particulares pues por algún motivo (de nacimiento, accidente, etc.) tienen una suerte de “tara” que les impide movilizarse con la misma destreza que quien no la tiene. Pero, ¡acaso las amas tienen una tara física? No. En este caso parece que se les impusiera una tara, pero social. Compararlas con minusválidos no hace sino reafirmar la discriminación.

“Esto no quiere decir que tales servicios higiénicos sean denigrantes. De ningún modo lo son. Por el contrario, son mucho mejores que los servicios higiénicos de muchas entidades públicas, colegios nacionales y hospitales, por decir algo. Simplemente existen servicios se han sido destinados a un público específico.

Ehem. Nadie dice que el servicio público que se ofrece exclusivamente para amas en el club villa sea denigrante en términos de infraestructura. ¡Qué fácil es no querer entender el argumento de fondo! Lo que es denigrante -y denigrante es una palabra que se queda corta- es el hecho de que exista un baño solo para ellas. Si el baño resulta ser mejor que el del Rey de España no tiene la más mínima importancia ni sería un atenuante de esta acto de discriminación.

“Creo que hay en el mundo muchas causas de indignación mejor justificadas, como por ejemplo, la condición de las mujeres musulmanas que siguen siendo condenadas a la lapidación por infidelidad, las adolescentes africanas a quienes se les sigue amputando el clítoris para evitarles los pensamientos impuros, o las mujeres peruanas víctimas del salvaje machismo que aun impera en nuestra “cultura””.

Disculpe, señor Bobadilla, pero ahora no entiendo nada. Y qué pasa si en un club privado las personas que lo integran deciden hacer un estatuto que les permita lapidar a todas las mujeres socias que sean infieles. ¿No dice usted que en un club privado los socios deciden las reglas y que “el poder del dinero” les permite hacer indoors lo que quieran? No entiendo cómo puede indignarlo tanto (según usted con mejores razones) la situación de las lapidadas musulmanas o maltratadas africanas si luego en un club privado está permitido todo siempre que los socios lo acepten.

Finalmente, es cierto que la discriminación es una facultad del cerebro humano y que discriminamos a cada momento. Pero no estamos hablando acá de un acto natural, sino de un acto enmarcado en una ideología perenne. Una ideología que hace trascender la discriminación a actos sin ningún sustento, como por ejemplo, el de creer que hay personas que merecen ostentar determinados derechos y otras a quienes se les pueden suprimir. No disfracemos la discriminación. Y le pido por favor que no me discrimine por este post a partir del suyo. Espero que entienda que hasta para discrepar somos iguales, a menos que me diga de un club privado donde no se me permita decir lo que pienso, en cuyo caso le agradeceré notificarlo para nunca hacerme socia.

11/10/2011

Partido de los mismos ricos

En la edición de hoy La República publica una entrevista al congresista y precandidato a la presidencia del Partido Popular Cristiano (PPC) Juan Carlos Eguren. Luego de leer la entrevista me quedan claras dos cosas: 1. Eguren es un buen cuadro pepecista con buenas intenciones, pero 2.que mientras los militantes del PPC no admitan responsabilidad sobre su mayor derrota –que no son las últimas elecciones presidenciales ni las municipales, sino el debilitamiento crónico y casi terminal del PPC- diremos “adiós” (si aún no lo hacemos) muy pronto a un partido que cumplirá este diciembre 45 años.

El titular de la entrevista lo dice todo: “Nos dejamos arrinconar como ‘partido de los ricos’”. No es la primera vez que un pepecista ha intentado explicar las sucesivas derrotas electorales a partir de esta frase desafortunada que un tercero les acuñó con éxito (también suelen culpar a la falta de “comunicación” interna). Sin embargo, ninguno parece admitir -o hacer un intento- que la frase, si bien malintencionada, se asentó en el imaginario colectivo pues resultaba verosímil y casi calzaba a la perfección con la percepción que se tiene del PPC.

Vamos, creer que el divorcio entre un partido y los electores se reduce las estrategias de un rival es irresponsable. En este caso, ya que se trata del segundo partido político con mayor tiempo de vida en el país, es patético. Sin embargo, a la frase “partido de los ricos” podría calzarle también “partido de los mismos”.

No es la primera vez que dentro del PPC se ha buscado llevar a cabo una reforma. No es la primera vez que valiosos cuadros han intentado encabezarla. Sin embargo, hasta ahora, esta reforma interna ha fracasado tanto como el partido en las elecciones generales. ¿No será ese tal vez el principal problema del PPC? De nada sirve oxigenar el partido enumerando a los nuevos cuadros si luego no se les permite tomar el mando -o compartirlo siquiera- en el mismo.

Eguren, creo, es un buen cuadro y podría liderar en esta ocasión la necesaria reforma. Pero para eso debe también partir del reconocimiento de que “partido de los ricos” (y de los mismos) no es una frase que se irá sola cuando los electores suframos del virus de la amnesia colectiva. La verdad es que deberán demostrar que no son esa frase pero, sobre todo, demostrar que han aprendido algo de todas estas derrotas. Es triste, por decir lo menos, que Eguren afirme que el PPC no está desaparecido alegando su presencia municipal. ¿Olvida acaso que se vieron en la necesidad de ir en una alianza que parecía un gran cajón de sastre electoral y donde el PPC no fue tan protagónico?

Deben admitir que el PPC ha andado errando el camino hace mucho tiempo, en buena parte, porque no ha sido capaz de modernizarse junto con el electorado y las demandas del mismo. Y este post lo escribo con el mejor de los deseos pues al margen de mis preferencias y tendencias políticas considero que el país merece un buen partido de derecha. Un partido moderno, claro, donde la ideología sea constante, pero los rostros, sólo temporales.


Foto: Perú21