27/05/2011

Encuesta PUCP: detrás de las cifras

Acabo de revisar la última encuesta del Instituto de Opinión Pública de la PUCP (esa universidad a la que Aldo Mariátegui ha halagado insultándola) y, como era de esperarse, la incertidumbre se mantiene. Es un empate técnico notorio. Keiko Fujimori 44.2% y Ollanta Humala 43.7% votos emitidos. Apretadísimos.

Esto no es nuevo. Las primeras planas que se emocionan con ventajas mínimas de un candidato o el otro son el remedo de la línea editorial y no necesariamente de una realidad electoral que se refleja en las encuestas. Hay portadas para todos los gustos. Lo interesante en esta encuesta PUCP son algunos datos puntuales.


En la edición de hoy del Semanario “Hildebrandt en sus trece”, se menciona el posible voto escondido en el bolsón de indecisos en las encuestas. Por ejemplo, en la encuesta de la PUCP notamos que el porcentaje de indecisos en el nivel socioeconómico A/B es de 5%. En unas elecciones tan polarizadas como estas y donde la decisión sobre el voto es significativa (revisar la página 9 de la encuesta de la PUCP: 88% de encuestados están muy seguros de que de ninguna manera cambiarán su voto) es importante considerar que ese porcentaje podría estar ocultando a quienes, por un lado, podrían considerar votar por Ollanta Humala o, por otro, consideren que el voto viciado es mejor que el voto naranja. Honestamente, me inclino a pensar que hay más casos en la primera opción.


Esto se debe a que en este sector la preferencia por Keiko Fujimori alcanza el 54% y, además, esta preferencia se traduce, en algunos casos, en una defensa cerrada de esta candidata. A quien ose considerar a Humala como una mejor opción le espera un rechazo social seguro, la “ley del hielo” o un apanado grupal.


Otro cuadro que vale la pena mirar es el de la actitud frente a ambas candidaturas. Por ejemplo, hay un 38% de encuestados que “definitivamente votarían por Keiko Fujimori”. Respecto a esta cifra hay también un empate técnico pues un 39% afirma que “definitivamente votaría por Ollanta Humala”. Como vemos se trata de porcentajes minoritarios y nada menos que un 43% no votaría “de ninguna manera” por Keiko Fujimori y, un 42% no lo haría por Humala.


El detalle es ese 14% que “podría” votar por KF y el 13% que “podría” votar por OH. La pregunta es qué los impulsaría a volver ese “podría” un voto decidido. Eso me recuerda un post anterior donde comentaba que, tal vez, haya más posibilidades de que un voto positivo (en lugar de uno miedoso que a la larga es más débil) sea recogido por Ollanta Humala. Sus intenciones de conciliación (aunque para algunos sean signos de improvisación) podría estar dándole réditos. No en vano notamos un repunte de este candidato y un estancamiento de la candidata del fujimorismo. A esto le sumamos el espaldarazo de Alejandro Toledo y podríamos tener algunas variaciones en las intenciones del voto de la próxima semana.


Lo que sí es seguro es que el debate será muy importante, pero también mediocre. No tenemos a grandes oradores ni grandes candidatos. Keiko Fujimori podría apostar por saltarle a la yugular del plan de gobierno de su contrincante y, Humala, que sabe que debe despercudir su imagen de radicalismo, intentará mantener esa sonrisita que durante las últimas semanas parece ser su rasgo distintivo. A ataques naranjas, sonrisitas tranquilas. EL problema está en que, de no contestar dudas legítimas, podría caer en el error de Susana Villarán en el debate municipal. Ese debate donde una actitud tan zen le hizo perder varios puntos. Esos son lujos que ninguno de los candidatos presidenciales pueden darse.




Foto de Perupuntocom

19/05/2011

En el consultorio del doctor García

El día que el presidente García dijo que Ollanta Humala se había puesto “nerviosito” por las elecciones lo entendí todo. Más que un presidente, es un gran doctor el señor García. Le agradezco por diagnosticar tan bien al candidato de Gana Perú y, es más, le pido encarecidamente que no limite sus declaraciones solo a ese individuo.


La verdad, confieso que yo también ando nerviosita. Incluso me atrevería a decir que más de un familiar o amigo cercano sufre de estos nervios con estas elecciones. Así que, doctor García, le enumero algunas de las variables que han desatado en mí este sorpresivo nerviosismo para que, con su receta, pueda curarme pronto.


1. Me pongo nerviosita cuando empiezo a ver que en los medios de comunicación importantes los dueños cierran filas con un candidato y despiden a todos aquellos “periodistas obstáculo” que prefieren hacer su chamba antes que obedecer ciegamente una línea editorial vendida.


2. Me pongo nerviosita cuando llegan coronas fúnebres amenazantes contra el director de un diario de oposición a, bueno a casi todo, y al dueño del mismo medio.


3. Me pongo nerviosita cuando un condenado por crímenes de lesa humanidad se permite disfrutar de una celda más grande que mi sala y con comodidades que a cualquiera le parecerían muy poco “carcelarias”.


4. Me pongo nerviosita cuando la Premier de mi país es incapaz de encontrar los indicios que un medio de comunicación serio sí es capaz de encontrar, respecto de la participación de este condenado en la candidatura presidencial de su hija.


5. Me pongo nerviosita por la candidatura de esta hija. Casi parece que varios peruanos no solo padecen de nervios, sino también de amnesia.


6. Me pongo nerviosita cuando el vocero de esta candidata afirma jactándose de que en “su” gobierno “mataron menos”. ¿Acaso ahora piensan superar el récord?


7. Me pongo nerviosita porque el “modelo económico” (frase que no me agrada mucho) parece igual, sino más importante que los derechos humanos, la democracia y la libertad.


8. Me pongo nerviosita cuando recuerdo que usted, señor García, prometió el “cambio responsable” y hasta ahora no hay ni mucho cambio ni responsabilidad. ¿O el cambio iba a ser solo físico? Olvidó decirme eso, estimado doctor.



9. Me pongo nerviosita cuando se mete en las elecciones como si no le importara la Ley Electoral.


10. Me pongo nerviosita cuando la entidad pertinente no es capaz de ponerse los pantalones y sancionarlo como es debido.


11. Me pongo nerviosita cuando pienso en el debate y en que, pese al mal papel que jugó en el anterior, el Chema Salcedo será nuevamente el moderador.



¿Será que sufro de nervios absurdos, o que sufrirlos es un indicador de salud mental? Juzgue usted.

13/05/2011

La debilidad del voto miedoso

Este post fue publicado ayer en "Altoparlante"

Durante los últimos días he leído algunos textos sobre el miedo en estas elecciones presidenciales. Basta recordar las últimas conversaciones electorales con amigos o familiares para constatar que por razones diversas, pero casi en igual intensidad, el miedo es decisivo en la toma de partido por el candidato o el voto viciado. Tal vez en este último caso el rechazo prevalece por sobre el miedo, pero el miedo se cola sobre todo cuando más de un amigo se sincera, deja de lado el alpinchismo mentiroso y confiesa que “viciar” también lo aterra.

Gracias a Nino Bariola hoy me topé con un post titulado “Autoayuda contra el miedo a las elecciones 2011” escrito por Rafo León. En este post se menciona el “remedio” para este miedo electoral que si bien ya asomaba las narices en el 2006, este año ha cobrado dimensiones mucho mayores. La gran solución (casi parece obvia): asumir nuestra responsabilidad durante el próximo gobierno. Sea cual sea.

Y es que la fiscalización, la protesta, la investigación, la denuncia, etc. no es labor exclusiva ni de las bancadas de oposición (que casi no existen, o están muy pobremente articuladas), ni de los medios de comunicación (cuya objetividad electoral ha sido deprimente en la mayoría de casos): es también nuestra. Con esto presente, tal vez el camino hacia el lugar de votación sea menos atemorizante o, en todo caso, más racional.

El detalle está en que si nuestra decisión se motiva por el temor (que muchas veces es impulsado por terceros con agendas ocultas) es fácilmente variable. De ahí la volatilidad del electorado y la gran cantidad de indecisos. El temor es un sentimiento que nos torna irracionales y ello nos lleva a cambiar de un extremo a otro por variables tan absurdas como las primeras planas del día, algunos noticieros, o simplemente el color de polo que el candidato usó en cierto spot.

Cuando, dejando de lado el temor tomamos partido por la opción que nos parece correcta (y no solo por miedo a la otra) nuestro voto es más responsable y, por tanto, también la labor que podamos desempeñar como ciudadanos a partir del próximo 28 de julio. Porque nuestra chamba no acaba el 5 de junio luego de votar, ver el flash electoral y hacer cierto debate con el familiar o amigo que consideró que el “mal menor” no era nuestro elegido. No. Nuestra chamba debiera empezar después porque es verdad que en este contexto si el miedo ha cobrado protagonismo es porque, de alguna manera, ambos candidatos lo promueven y ello indica que deberemos, el próximo quinquenio (como debimos también este) estar vigilantes.

No pretendo decir qué candidato es la mejor opción. Esa es una elección personal basada en los principios o, mejor dicho, las prioridades que damos a estos personalmente. Ahora bien, lo que creo es que, basándome en las últimas encuestas, el ascenso de Keiko Fujimori tiene que ver, justamente, con el aumento del miedo hacia su contendor, lo cual podría indicar que esta subida en las encuestas, si bien importante, es también precaria. En el mismo sentido, la campaña de Ollanta Humala debería apuntar a que sus simpatizantes no lo sean por rechazo a Keiko Fujimori (ello no sumaría lo suficiente), sino por convicción de que Humala es la mejor opción. Es más probable, sin embargo, que Fujimori siga cosechando las simpatías precarias de los votantes atemorizados mientras que Humala, tal vez con el viraje al centro que pretende dar con el nuevo plan de gobierno que presentará mañana, podría empezar a cosechar votos positivos. Ese es el único voto que no es débil.