
Han pasado pocos días desde que la bloguera Pierina Papi denunciara un evidente acto de discriminación realizado por parte del personal de UVK Larcomar contra su amigo Ricardo Apaza, a quien no dejaron reingresar a la sala de cine por su vestimenta. La reacción indignada de muchos ciudadanos, sobre todo en las redes sociales, no se hizo esperar. Este acto discriminatorio debería terminar en una sanción ejemplar para esta cadena de cines y ello es posible por la ordenanza municipal que en Miraflores prohíbe la discriminación (es el colmo que tenga que existir una ordenanza municipal que castigue este hecho, por cierto).
Sin embargo, como sabemos, asistimos a actos de discriminación a diario. Algunos más evidentes que otros. De hecho, al toparnos con discriminación menos obvia puede parecer menos importante, pero nos equivocamos. Es justo por esta aparente “sutileza” que estos casos persisten, porque a más disimulada la discriminación, más imperceptible y, por lo mismo, más difícil de eliminar.
En su edición de ayer, el diario El Sol de los Andes publicó una nota respecto a los cajeros automáticos del Banco de la Nación en Huancavelica. Éstos se encuentran configurados en inglés, lo que quiere decir que los usuarios insertan su tarjeta y, automáticamente se activa una grabación que indica, en inglés, las instrucciones de utilización del cajero.
Todo bien con querer fomentar el turismo y, por lo mismo, buscar facilitar determinadas operaciones a los turistas, pero ¿acaso era muy difícil incluir también una grabación con indicaciones en castellano? Y, no sólo eso, acá va un dato importante: ¿saben que en Huancavelica más de un 60% de la población es quechuahablante? Si no son monolingües quechuahablantes, son bilingües quechua-castellano que, en la mayoría de casos, tiene el quechua como lengua materna y el castellano como segunda lengua.
Sí, mi pregunta es ¿por qué no se incluyen las indicaciones en quechua también?
Y esto no se trata de un capricho. Tengamos en cuenta que se trata del Banco de la Nación, el banco del Estado. Si hay una entidad bancaria que debería siquiera “intentar” dar facilidades a todos los peruanos, es esta. Pero, además, es poco probable que un turista realice transacciones monetarias con esta entidad bancaria justamente porque es la nacional.
Hoy, los principales perjudicados con este absurdo son los beneficiarios de programas sociales como Juntos y Pensión 65 ya que, debido al paro nacional anunciado por los trabajadores del Banco de la Nación, se ven en la necesidad de acceder a los recursos otorgados por estos programas vía los cajeros automáticos. Esos mismos cajeros que la mayoría de ellos no utiliza nunca y que, cuando los quieren aprender a usar, les responde con una frase en un idioma que ni siquiera es el oficial del país en que viven. Parece surreal, pero es cierto.
Tal vez algunos piensen que estoy exagerando. No me extrañaría pues me he topado con más de una persona que no ve el problema en que casi se uniformice en castellano a todo el país e, incluso, me he topado con algún sujeto que casi aplaudió cuando le planteaba, preocupada, una posible extinción de alguna de nuestras lenguas originarias. Su argumento fue “¿para qué van a mantener una lengua si no les sirve para nada?”
He ahí el detalle. Más allá del hecho de que cualquier lengua extinta es una forma de ver el mundo perdida (lo cual hace invaluable dicha pérdida), es absurdo creer que una lengua no “funciona” para todos los contextos por una cuestión natural o intrínseca de dicha lengua. No es que el castellano, o el inglés, “funcionen” mejor en todos los contextos, sino que esas son las lenguas que hablan las personas que no son discriminadas y, por tanto, pueden realizar lo que deseen en su idioma. Recordemos que en cualquier caso de discriminación lingüística, como este, no se atenta contra las lenguas, sino contra los hablantes la lengua discriminada.
Veamos otro ejemplo: cuando un monolingüe del quechua es asaltado, va a una comisaría a denunciar el hecho y en la comisaría no hay nadie que entienda su lengua y, por tanto, no puede sentar la denunciar respectiva ni hacer valer esa “justicia” que debería ser igual para todos, no culpemos al quechua. Este ejemplo vale para todas las lenguas originarias, que son muchísimas, en nuestro país.
No basta con “respetar”, en el discurso, la pluriculturalidad en nuestro país. Bueno fuera que ese “respeto” se traduzca en hechos concretos. Hechos tan mínimos como considerar poner una grabación con indicaciones de uso de un cajero automático en la lengua que habla la mayoría de habitantes de determinado lugar. ¿Acaso no hay una ley de lenguas, que fue aprobada por el Congreso, en la cual se dice que las lenguas originarias son oficiales en las zonas donde predominen?
Pero en el Perú ni con ley u ordenanza nos respetamos. Así como Ricardo Apaza en Larcomar, muchos usuarios del BN en Huancavelica se ven discriminados y perjudicados a diario con esta aparente tontería. Esperemos que la enmienden lo antes posible porque, que sea el banco de la Nación el que cometa un acto como este es el colmo de los colmos.



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