24/11/2011

La gran transformación de los ignorados



Hoy, en vísperas del paro que realizarán los pobladores de Cajamarca en oposición el proyecto minero Conga, qué lejano y casi ficticio se me hace ese Ollanta Humala que en medio de la formalidad de la toma de mando y el acartonamiento de los protocolos de Estado alborotó a diestra, siniestra, y hasta a la siniestrísima Martha Chávez, cuando juramentó por el espíritu de la Constitución del 79.

Recuerdo que aquellos con quienes veía el circo en que se había convertido el Congreso en ese momento dijeron varias frases que iban desde la fácil “Uy, se volvió Chávez”, hasta la soberbia “siempre supe que apenas le pusieran la banda se mostraría tal cual es”. De pronto, se armó un consenso tácito sobre el presidente que acababa de juramentar. Ante nuestros ojos se había muerto el Humala de campaña, el del polo blanco, el de la hoja de ruta. Había llegado el cuco: adiós a las inversiones, adiós al desarrollo macroeconómico, adiós a la estabilidad, apaguen la luz.

Ay, ¡pero qué equivocados estábamos!

Poco tiempo después el Congreso aprobaba la Ley de Consulta Previa y aunque el Presidente no participara directamente en la aprobación, le salpicaron los aplausos. Y luego vino la creación del Ministerio de Inclusión y esta propuesta vino con algunas semanas más de elogios bajo el brazo. Sí, todo parecía indicar que este presidente se estaba esforzando por cumplir lo prometido, al menos en parte. El diálogo sería la gran política de gobierno, la inclusión social era una realidad, ¡viva el Perú!

Y, claro, había sectores que estaban preocupados porque es normal que cuando se plantean grandes cambios algunos sectores pierdan un poco. “La gran transformación” era esa etiqueta sugerente que dejaba muy poco a la imaginación. Nada de medias tintas ni “cambios responsables”, era momento de cambiar desde la raíz. Y casi nos la creímos. Tanto nos la creímos que casi, casi, casi pudimos tener a la hija de un condenado como presidente (“¡es que no nos queda otra!”). Pero ganaron los ignorados porque ya no querían ni merecían ser ignorados.

Han pasado más de 100 días y parece que la luna de miel se acabó. Empezaron los escándalos y renació nuestra memoria.Y se empezaron a escuchar algunas vocecitas de desconcierto “oye, ¿no que se iban a revisar los contratos de estas concesiones?”, “oye, ¿no se iban a realizar nuevos estudios de impacto ambiental?”, “oye, ¿no se iba a anular este proyecto minero?”… ¿Se acabó la luna de miel o nos la acabaron?

Porque los conflictos que están creciendo al interior del país (porque no solo Cajamarca existe) pudieron evitarse con el prometidísimo diálogo. Y seguro saltarán los que dicen que “no se puede dialogar con quien no quiere”, pero habría que recordarles que el gobierno decidió empezar a dialogar cuando el conflicto ya había reventado. Todo bien con querer el oro y el agua, pero para eso hay que llegar a tiempo. Es más, hay que llegar antes de tiempo.

Y de pronto recuerdo al Humala candidato diciendo en Cajamarca que hay que defender el agua y siento que es otro Humala. Es casi como comparar al primer Alan García con el segundo. Aunque sea por un microsegundo te asalta la idea de que son dos personas distintas en cuerpos muy parecidos. Pero luego te das cuenta de que cuando tu mamá te decía “la gente cambia” y tú la mirabas con cara de escepticismo, actuabas como un gran cretino. Ahora me queda clarísimo que la gente cambia, se transforma, casi muta. La próxima vez que alguien me diga “así soy yo, no puedo cambiar” sabré que me está mintiendo soberanamente.

El problema es que esta gran transformación presidencial le está funcionando muy bien a Ollanta Humala, pero solo con un sector del país que es justo aquel que no votó por él. Cuidado, señor presidente, que tanto retraso en las reacciones, tanto silencio y tantas señales contradictorias pueden generar una gran transformación, pero en las comunidades en conflicto. No olvide usted que la gente cambia y que los simpatizantes del ayer pueden ser los opositores del mañana si usted no cumple lo que prometió.

Y sí pues, en estas elecciones ganaron los ignorados pero la pregunta de fondo es ¿qué ganaron?

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