27/09/2011

Un tren para no perderse



Cuando Jimena me contó que su obra se desarrollaría en un geriátrico lo primero que pensé fue que corría el riesgo de entrar en los clichés. Así, poco imaginativa como soy, pensé que no podría decirse nada muy nuevo o, en todo caso, que no sería una historia que me dejaría preguntas, como me gusta. Pero estaba completamente equivocada.

“Después que pase el tren” es la historia de varios dilemas. Por ejemplo, de los dilemas internos de Sarita, una de las 3 ancianas que habitan en el geriátrico, pero no sabe dónde está. Es también la historia del dilema de Zulema, enérgica para afirmar que no necesita la ayuda de nadie, pero vulnerable cuando la soledad la desviste de máscaras. También es la historia de Isabel, quien con su andar pacífico deambula entre sus propias nostalgias y la atención hacia sus compañeras en esta “casa”.

Pero es también la historia de los dilemas de Ramiro, un voluntario, quien siente la necesidad de compartir la verdad (su verdad) con tres ancianas para quienes “la verdad” ha dejado de ser lo que para el común de las personas.

De hecho, es la historia de los dilemas que el espectador se hace a partir de esta necesidad, a veces tonta, de definir la verdad en términos absolutos. ¿Cómo hacerlo cuando la verdad de cada una de estas ancianas es tan legítima? ¿Cómo decirle a Zulema que vive en una realidad que no se condice con la que existe fuera del geriátrico? ¿A Sarita que su esposo no volverá a hacerle un jugo de naranja en el desayuno? ¿O a Isabel que nadie le ha venido a dejar las esperadas flores? ¿Qué tan dueños de la verdad podemos ser?

“Después que pase el tren” explora los grises y nos deja varias preguntas. Tal vez por eso me gustó tanto. Les sugiero que se den un tiempo para preguntarse también qué tan dueños de la verdad podemos creer que somos y qué tan dispuestos estaríamos a aceptar las otras verdades, las que no entendemos aún o las que no “vivimos” todavía. Verdades como las de Sarita quien sigue a la espera de que pase el tren.

Va de jueves a sábado a las 9 pm y domingos a las 8:30 pm en el Teatro Auditorio Miraflores (Av. Larco 1150 sótano). Con las actuaciones de Sonia Seminario, Gabriela Billotti y Lola Guerra, acompañadas de talentosos jóvenes actores como Jimena BallénaTallada y Carlos Casella. Dirigida por Katiuska Valencia y escrita por Jimena Ballén Tallada.

La recomiendo y los dejo con fragmentos de la obra:




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