El viernes nos cayó la sorpresa. El Presidente quiere despedirse con un monumento enorme en el Morro Solar: un Cristo como el que identifica a Río de Janeiro. Este monumento no le habría costado nadita a los peruanos así que abramos los brazos para recibir. Es un regalo de Odebrecht y un sencillo (100 mil solcitos, nadita más) del Presidente García. Entonces, como mamá me enseñó de pequeña cuando por mi cumpleaños a alguien se le ocurría regalarme un borrador, “a caballo regalado no se le mira el diente”. Pero, sorry mamá, este caballo tiene una dentadura imposible de ignorar.
No se trata en realidad del dinero. Si bien es, por decir lo menos, “raro” que el Presidente preste de sus ahorros 100 mil soles, y no estaría de más una investigación para ver de dónde ha podido ahorrar tanto y si no los necesitará en un futuro (digo para que no nos vaya a dejar sin un brazo del Cristo para pagar la universidad de su menor hijo), la verdad de la milanesa es que el Presidente puede hacer con su dinero lo que quiera, ¿verdad?
No se trata tampoco de la motivación del monumento. La verdad no me queda claro cuál es el punto de tener esta estatua en el Morro Solar. Si, por un lado se trata de una estatua distintiva de otra ciudad y, por el otro, como afirma Augusto Ortiz de Zevallos, “esta imposición violenta también la naturaleza laica de nuestra ciudad y nuestro país”, sería más representativo que la estatua en cuestión fuera en alusión a la papa amarilla. Pero, si los vecinos del distrito y los vecinos de Lima estuvieran de acuerdo, caballero nomás, ¿no?
El detalle está en lo “sorpresivo” del asunto, que es una bonita palabra para cubrir lo que algunos han calificado abiertamente de imposición. Ahora bien, ¿esta consulta que debería haberse realizado se realiza en otros casos? La verdad, no. La “cultura del diálogo” en la cual se toma en cuenta la opinión de los vecinos y se construye junto con ellos (y no a pesar de ellos), salvo raras excepciones, no existe.
Recuerdo el caso de las zonificaciones distritales por ejemplo: ¿En cuántos distritos de Lima se han variado las zonificaciones en los últimos años? ¿Acaso alguien te avisó cuando las cambiaron? ¿O te enteraste cuando empezaron las construcciones de edificios elefantiásicos en los alrededores de tu casa? ¿En cuántos distritos, debido a estos cambios que permiten construcciones enormes, los vecinos se quedan sin luz o agua por horas? ¿En cuántos de estos casos, el municipio tuvo la delicadeza de avisar a los vecinos que no tendrían estos servicios de tal a tal hora, tal o tal día?
Pero esto no es nuevo. La verdad es que para muchas autoridades los vecinos son los eternos obstáculos para sus iniciativas y, en algunos casos, para sus negocios. El caso del “Cristo del Pacífico” debería servir para recordarles a las autoridades que, por si acaso, los vecinos deberíamos tener derecho a voz. Pero, sobre todo, debería servirnos a nosotros para asumir más activamente nuestro derecho a participar en iniciativas como esta que afectan a la ciudad.
Por eso, la reacción de la alcaldesa Villarán, quien salió a increpar la falta de coordinación respecto a esta monumental iniciativa, es positiva. Al margen de si el Presidente puede o no colocar monumentos sin consulta, lo mínimo que debería hacer es coordinar con la autoridad pertinente.
Esto de “hacer lo que quiera” con su plata, señor Presidente, no es tan literal. Suerte la de usted que hace que la plata le llegue sola y que le sobren 100 mil soles, pero no es nuestra culpa. Gracias, pero no gracias.



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