13/05/2011

La debilidad del voto miedoso

Este post fue publicado ayer en "Altoparlante"

Durante los últimos días he leído algunos textos sobre el miedo en estas elecciones presidenciales. Basta recordar las últimas conversaciones electorales con amigos o familiares para constatar que por razones diversas, pero casi en igual intensidad, el miedo es decisivo en la toma de partido por el candidato o el voto viciado. Tal vez en este último caso el rechazo prevalece por sobre el miedo, pero el miedo se cola sobre todo cuando más de un amigo se sincera, deja de lado el alpinchismo mentiroso y confiesa que “viciar” también lo aterra.

Gracias a Nino Bariola hoy me topé con un post titulado “Autoayuda contra el miedo a las elecciones 2011” escrito por Rafo León. En este post se menciona el “remedio” para este miedo electoral que si bien ya asomaba las narices en el 2006, este año ha cobrado dimensiones mucho mayores. La gran solución (casi parece obvia): asumir nuestra responsabilidad durante el próximo gobierno. Sea cual sea.

Y es que la fiscalización, la protesta, la investigación, la denuncia, etc. no es labor exclusiva ni de las bancadas de oposición (que casi no existen, o están muy pobremente articuladas), ni de los medios de comunicación (cuya objetividad electoral ha sido deprimente en la mayoría de casos): es también nuestra. Con esto presente, tal vez el camino hacia el lugar de votación sea menos atemorizante o, en todo caso, más racional.

El detalle está en que si nuestra decisión se motiva por el temor (que muchas veces es impulsado por terceros con agendas ocultas) es fácilmente variable. De ahí la volatilidad del electorado y la gran cantidad de indecisos. El temor es un sentimiento que nos torna irracionales y ello nos lleva a cambiar de un extremo a otro por variables tan absurdas como las primeras planas del día, algunos noticieros, o simplemente el color de polo que el candidato usó en cierto spot.

Cuando, dejando de lado el temor tomamos partido por la opción que nos parece correcta (y no solo por miedo a la otra) nuestro voto es más responsable y, por tanto, también la labor que podamos desempeñar como ciudadanos a partir del próximo 28 de julio. Porque nuestra chamba no acaba el 5 de junio luego de votar, ver el flash electoral y hacer cierto debate con el familiar o amigo que consideró que el “mal menor” no era nuestro elegido. No. Nuestra chamba debiera empezar después porque es verdad que en este contexto si el miedo ha cobrado protagonismo es porque, de alguna manera, ambos candidatos lo promueven y ello indica que deberemos, el próximo quinquenio (como debimos también este) estar vigilantes.

No pretendo decir qué candidato es la mejor opción. Esa es una elección personal basada en los principios o, mejor dicho, las prioridades que damos a estos personalmente. Ahora bien, lo que creo es que, basándome en las últimas encuestas, el ascenso de Keiko Fujimori tiene que ver, justamente, con el aumento del miedo hacia su contendor, lo cual podría indicar que esta subida en las encuestas, si bien importante, es también precaria. En el mismo sentido, la campaña de Ollanta Humala debería apuntar a que sus simpatizantes no lo sean por rechazo a Keiko Fujimori (ello no sumaría lo suficiente), sino por convicción de que Humala es la mejor opción. Es más probable, sin embargo, que Fujimori siga cosechando las simpatías precarias de los votantes atemorizados mientras que Humala, tal vez con el viraje al centro que pretende dar con el nuevo plan de gobierno que presentará mañana, podría empezar a cosechar votos positivos. Ese es el único voto que no es débil.

1 comentarios:

Cecilia dijo...

Si queremos entender a cabalidad las implicancias del voto miedoso, sugiero que lean los comentarios publicados por una persona que escribe con el pseudonimo de Jose Simon Bolivar Marti en el siguiente link: http://www.jaimedealthaus.com/articulos/la-intolerancia-y-la-polarizacion.html
Son varios y un poco extensos pero bien valen la pena pues explican muy bien los riesgos a los que el Peru esta expuesto en estas elecciones. La decision que debemos tomar tiene implicancias mucho mas profundas de lo que imaginamos.