02/02/2011

Pena oportunista

Durante las últimas semanas Alejandro Toledo fue el candidato que ponía la agenda. Su protagonismo mediático sorprendió pues el ex presidente utilizó la estrategia del tema polémico, el dedo en la llaga social o la controversia electoral. Así, ocupó portadas y además fue motivo de reproche o aceptación por parte de los demás candidatos, con temas como la legalización de las drogas, la despenalización del aborto y la unión civil entre personas del mismo sexo.

Sin embargo, esta semana, otro personaje, caracterizado por no poder guardar neutralidad durante época electoral, decidió poner su propia agenda. Agenda que, obviamente, beneficia a “su”(s) candidatos: Alan García. Y, así, aprovechando últimas y terribles noticias como la violación a una niña de 7 meses, lo cual es una barbaridad sin nombre, introdujo un caballito de batalla que había utilizado ya a inicios de su segundo gobierno: pena de muerte.

Y tal parece que la estrategia le funcionó. Los candidatos han manifestado sus puntos de vista sobre el tema, se han enfrascado en discusiones que van desde lo alturado y argumentado con cifras, hasta lo más absurdamente irracional. No voy a negar que mi opinión al respecto es contraria, digamos que no me tienen que convencer de nada, pero los argumentos de ambos grupos (a favor y en contra) no han sido, salvo excepciones, muy coyunturales y decorativas. Puro maquillaje y nada de fondo.

Hoy pasé por el noticiero matutino del canal 9 “A primera Hora” conducido por Augusto Álvarez y Pamela Vértiz. En el set, los candidatos al Congreso Ronald Gamarra (Perú Posible) y Martha Chávez (Fuerza 2011) debatieron al respecto. Por suerte, mantuvieron la altura de la discusión, pero no podía evitar irritarme con la frasecita que Chávez repitió y repitió apelando a la tribuna: "Yo soy defensora de los DDHH pero no de los delincuentes, sino de los DDHH de los inocentes". No entiendo como defiende los de Alberto Fujimori, entonces. Es un comprobado culpable.

De hecho, esta idea es a priori una contradicción. Si la señora Chávez se considera defensora de los DDHH entonces estará de acuerdo en que todos los seres humanos tenemos los mismos derechos. ¿Acaso los DDHH son eliminables, suprimibles, modificables, etc.?

Pero el punto principal no es ese. El asunto es más concreto. Estos criminales, porque lo son, merecen sanciones drásticas, deben cumplir sus penas y pudrirse en la cárcel mientras lo hacen. Pero, aguanten, la amenaza de una sanción como la pena de muerte no disminuye estas atrocidades, ni hace al criminal pensarlo dos veces. No es una medida preventiva, es una reacción (siempre tardía, por si acaso) absurda.

La pena de muerte no remedia la violencia en general, pero, además, cuidadito con los errores. No es que el sistema judicial peruano sea un derroche de exactitud y, aún si lo fuera, no es que el error sea una circunstancia extraña. Pero, ¿y quién repara semejante error?

Triste que estas cortinas penosas ocupen la agenda. En pleno siglo XXI parece que Joseph Ignace Guillotin (1738-1814 ) se hubiera puesto nuevamente de moda.


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