Debo admitir que, como todos, tengo mi lado frívolo. Ese que me hace acomodarme el cabello cuando alguien dice “foto”, ese que me hace reconocer que mi mejor perfil es el del lado derecho (paradójico), ese que me recuerda que el naranja no me queda para nada y que llevar la base en la cartera es necesaria porque de un tiempo a esta parte he entrado en una adolescencia tardía que me sorprende con granos casi a diario. Y, como parte de esa frivolidad no paso por alto Ellos&Ellas, el suplemento que viene todos los jueves con Caretas, esa revista política a la que le perdí el respeto hace tiempo, desde que es más apristona que el mismo García.
Hoy no fue la excepción y en cuanto me datearon por el twitter que cierto personaje estaba en portada de Ellos&Ellas me dije: “¿será? vamos al kiosquito a comprarla ya ya ya.” Y así raaaaagia, me fui para el kiosquito. Y me di cuenta que los amigos tuiteros tenían razón, la conocida “robapulmón” estaba en portada y de pronto tuve un deja vu con semanas anteriores cuando en la portada estuvo la esposa de Francis Allison. También recordé que en algún momento el año pasado estuvo Keiko Fujimori mostrando su segundo embarazo también en portada y, sistematizando los datos busqué cierta relación entre estos tres personajes. ¿Cuál es la relación? Sospechas de corrupción ¿de repente?
Ah pues, digamos que ahí la rabia empieza a ir in crescendo porque da rabia ver a personajes cuestionados como las “estrellas” que consiguen sus 15 minutos de perdón social en vestidos sugestivos, poses frescas y sonrisas a la cámara, mientras se defienden (poco convincentemente debo decir, pero eso es enteramente subjetivo si quieren) de haberse olvidado que tenían más de 10 mil dólares en la cartera (me encantaría poder olvidarme de algo así) o de haberse robado el pulmón de su propia muestra como estrategia de márketing. Ah pues, pero más rabia viene después.
He leído la entrevista a Susan Hoefken y no se puede negar que si bien en la entrevista se le preguntan cosas como “¿y cómo así te prestaste para hacer esa recreación tan peligrosamente infantil” o “¿por qué dijiste entonces que las cámaras de seguridad no estaban apuntando al ladrón?” (esto es falso), ella queda como una gran víctima. Una víctima de que la gente la mire feo en la calle, la reconozca como la “robapulmón” y en buena cuenta, no la quieran nada. La “pobre” necesita salir con un gorro y lentes de sol enormes para que no la reconozcan.
Entonces no entiendo, ¿está mal que la gente esté enojada con personas que son sospechosas de corrupción? ¿Qué tu ética sea cuestionada merece como premio una portada? Esta revista parece ser una ida al confesionario donde milagrosamente quienes son sospechosos hacen una ligera penitencia (contestar un par de preguntas algo incómodas) y salen no solo inmaculadas sino regias. ¿Esto no es una vergüenza para todos nosotros?
A ver, díganme, ¿qué necesito robar, no declarar, o lo que sea para salir en la portada? Yo también quiero que luego de cometido el pecado me den mis 15 minutos de perdón social y ser raaaagia, solo que siempre pensé que lo primero lo podía lograr éticamente y lo segundo yendo al gimnasio. Había sido una ilusa!


.jpg)













