El jueves pasado estuve atenta a la lectura de la sentencia que se haría a Susana Villarán por un juicio que le inició Jorge Mufarech. La lectura de sentencia ha sido aplazada y espero, junto con tantos otros que consideran también que este proceso resulta bastante absurdo, que en breve tengamos noticias positivas sobre la situación de Villarán quien, según su demandante, cometió “delito contra el honor” en uno de sus posts en su blog de la mula aquí.
Sin embargo, pese a que se espera una sentencia favorable a Villarán, Augusto Álvarez Rodrich lo dice claramente en su columna de hoy en La República:
“Pero aun si la declararan inocente –que es lo que debiera ocurrir–, ya se habría conseguido el objetivo aparente del juicio.
Me explico: en la política peruana está proliferando el uso de los juicios como instrumentos de chantaje. Por quítame estas pajas, sin fundamento, unos tipos a los que les sobra tiempo para litigar, y plata para contratar abogados, plantean una demanda buscando molestar, amedrentar, hacer perder la atención, tiempo y dinero –pues obliga a gastar en la defensa–, dar un ejemplo a otros ‘incómodos’ y, en general, inducir a tirar la toalla por los riesgos y costos que implican estos juicios.”
Vale decir, el demandante ya logró un objetivo al “amedrentar” con el proceso al demandado.
Bueno, en primer lugar, como también sugiere Álvarez Rodrich, sería ideal que los jueces fueran más responsables a la hora de aceptar iniciar un proceso desde el inicio. Hay jueces, sin duda, que son meticulosos antes de abrir un proceso o aceptar una demanda pues son conscientes de lo costoso y largo que resulta; sin embargo, hay otros tantos que no le dan la importancia debida y permiten que procesos de todo tipo (de todo, realmente) se abran para desdicha de demandados que necesitan pagar a abogados varios y asistir a diversas audiencias en procesos ridículos.
Pero en segundo lugar, cabe mirar la posibilidad, pese al mal rato, que tiene Susana Villarán en sus manos. Yo lo digo con toda honestidad, si no fuera consciente de que Kouri es una amenaza terrible de cara a las elecciones municipales Villarán sería una de mis primeras opciones. La realidad con Kouri en los primeros puestos en intención de voto es, lamentablemente, diferente. Sin embargo, más allá de este detalle, Villarán podría alcanzar, con este juicio, lo que hasta ahora le es esquivo: presencia mediática.
No hay candidato si no es conocido y como ella misma ha admitido, muchos limeños ni saben que es candidata a la Alcaldía de Lima. En este sentido, el mal rato propiciado por Mufarech podría jugar a su favor si, a partir de este proceso, utiliza la tribuna que se le abre y la aprovecha para presentar al equipo que la acompaña y, sobre todo, el plan que tiene de llegar a la Alcaldía. Del mismo modo, una opinión sobre la gestión de Castañeda no estaría nada mal.
Espero, además, que los intentos por amedrentar a quienes mantienen una posición crítica frente a determinados temas o personajes políticos mediante juicios deje de ser una forma exitosa. Esta es, sin duda, otra manera de limitar la libertad de expresión pues, siendo francos, un proceso abierto molesta a cualquiera. En este sentido, a todos aquellos que han sido víctimas de esta forma de asustar a los incómodos, les pido que más allá de la molestia no permitan que el proceso les cierre la boca, ni les congele los dedos. La crítica es necesaria en la democracia.
Ánimos, entonces, para Susana y que haga de este proceso una circunstancia ventajosa que nos recuerde a los electores limeños que, por si acaso, la competencia para la Alcaldía de Lima no es de a dos.









