26/11/2010

Lo que la corrupción nos deja

Hace una semana, Gian Carlo Orbezo escribía en este espacio un post dedicado al décimo aniversario del retorno a la democracia con Valentín Paniagua como Presidente del Perú. Hace 10 años yo seguía en el colegio, pero hablaba de política como una chiquivieja en las sobremesas familiares y compartí la esperanza que todos los de mi entorno sentían con este nuevo Presidente. La transición a la democracia, como la llaman, se perfiló como una oportunidad para recuperar nuestros derechos fundamentales pero, sobre todo, para limpiar la mugre que el gobierno de Alberto Fujimori con Vladimiro Montesinos nos dejaron explícita. Con Paniagua, pensamos, se iniciaba el final (valga la contradicción) de este modus operandi corrupto. Diez años después, ¿en qué ha quedado la corrupción?

Escribí hace unas semanas un post sobre corrupción, las deudas pendientes de quienes ahora quieren ser presidentes y nuestra responsabilidad ciudadana. Esta semana estuve en el desayuno de trabajo organizado por el Instituto de Estudios Peruanos en que se nos presentó el texto “Cultura política de la democracia en Perú, 2010”, iniciativa del Barómetro de las Américas, financiado por USAID y escrito por Julio F. Carrión y Patricia Zárate. Agárranse porque en este texto que compara diversos temas en los países de la región latinoamericana y el Caribe, el Perú es el tercer puesto en percepción de corrupción en las Américas. ¿Qué quiere decir esto? Que, excluyendo a Trinidad&Tobago y Jamaica, los peruanos percibimos que nuestro país es el más corrupto. ¿Nos falta razón?


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