
Detrás de la cachetada había algo de verdad. La corrupción en este gobierno no solo no ha sido revisada como debería (¿recuerdan los petroaudios?), sino que se ha buscado encubrir los hechos con temor y amenazas asolapadas (algo así como un cachetadón verbal) a los medios que decidieran ventilar el tema.
Si bien, por un lado, el grito de Richard Gálvez estuvo fuera de lugar dado que nadie debería gritar en la calle insultando a otro, el supuesto "insulto" es legítimo. Vale decir, que se sancione el grito, pero no el contenido. ¿Acaso no pensamos varios que el Presidente García ha cometido corrupción, lo cual lo hace CO-RRUP-TO? Pero de ahí a la bofetada, a la mentira, a buscar a otro que se inmole en pro de la figura presidencial e incluso, a la amenaza cachacienta y caleta hacia la prensa, no mejoramos absolutamente nada.
Las reacciones luego de este incidente me han despertado una alerta distinta que antes no veía con tanta claridad. ¿Hasta qué punto habremos llegado en desconfiar no solo unos de los otros, sino también de nuestras instituciones, que optamos tan libremente por defender la violencia como medio "corrector" y que defiende la "dignidad"? Porque las llamadas a la radio, los comentarios en varios medios de comunicación y la conversación que puedo tener con los amigos taxistas (gran apoyo de mi blog) me dicen que la mayoría (siendo este mi universo entrevistado) está a favor de que respondas a la violencia con violencia. Que si te faltan el respeto te hagas respetar "como hombre" y que este "como hombre" implica generalmente fuerza física. Me han dicho: "No seas lorna" "Susana Villarán debió callar de un gran grito a Lourdes Flores." "Hizo bien el Presidente en golpear al agresor." "Si alguien te grita por la calle tú también deberías o gritarle de regreso o "enseñarle su lugar" (como me dijo un amable taxista que luego no me explicó bien lo que "su lugar" significa)", etc.
Entonces, si bien por un lado el #cachetadagate muestra la intolerancia presidencial, en realidad también nos muestra nuestra propia intolerancia, nuestro poco respeto al otro y nuestra desconfianza en las instancias que deberían sancionar con justicia. Pero, claro, ¿cómo le puedo pedir a la mayoría de peruanos que confíe en sus instituciones judiciales cuando un padre, violador de sus 3 hijas, es liberado por un juez que, parece, ha tenido presiones para dejarlo libre y, por el otro, cuando el representante, el más más del PJ, dice tan abiertamente que si no te defiendes con el puño eres un marica?
La preocupación es legítima, pero porque este caso se enmarca en el fondo y la carnecita de lo que nos hemos ido convirtiendo. Una sociedad donde si el carro de adelante se retrasa un segundo en avanzar cuando el semáforo indica luz verde le revientas el cláxon en, donde si te quieres hacer el vivo te zurras en el estacionamiento para discapacitados (total, nadie se da cuenta), donde el conductor de al lado está alerta a en qué momento te lenteas un poquito para zamparte el carro y lograr llegar antes que tú (porque uno es primero, los otros que se frieguen), donde la violencia familiar es un tema terrible que aún no tiene solución, donde si la cajera de un establecimiento demora un poco es legítimo gritarle para que se apure, donde se le puede decir "comechado" al profesor de tu hijo delante de tu hijo (total, el Presidente también lo hace), donde puedes coimear al policía para que no te ponga la multa, donde los policías te quieren poner una multa pese a que no habías cometido ninguna infracción, etc., etc., etc.
En suma, donde la criollada campea, el irrespeto se impone y las autoridades, aunque no lo creamos, lo avalan cuando en lugar de asumir su responsabilidad y ser ejemplo de algo positivo, nos muestran lo peor de ellos y también, lo peor de nosotros. Creo que depende de nosotros dar un mejor ejemplo. En las autoridades, no en todas, pero en la mayoría, he dejado de confiar.
Buen texto de Rocío Silva Santisteban al respecto aquí



3 comentarios:
Cierto, muy cierto. Pero también percibo un miedo enorme y exagerado de parte de políticos, funcionarios, medios de comunicación, etc. en favor de la figura del gordito Álan. Yo sé que a cualquiera le puede dar miedo lo que una persona con desequilibrios emocionales pueda hacer en situaciones de ira. No obstante, considero que incluso el presidente de una democracia puede ser detenido si sus acciones son producto de esa ira y no de un razonamiento. Entonces, la pregunta que me retumba la cabeza hace unas semanas es: ¿Es tan poderoso el gordito como para amilanar las ímpetus de políticos, funcionarios públicos y medios de comunicación? Yo considero que aún siendo más loco que Nerón, Napoleón, Paton y Bush juntos, no tendría por qué serlo. No obstante, siento que esta sensación de deificar, cual mesías, al chanchito (típico de los apristas a ultranza y que a mi parece rozar con la falta de autoestima e incluso falta de virilidad) cruza los límites partidarios de la estrella y se contagia entre Miro Quesadas, Ivchers, Villa Steins...
Para decirlo simple: ¿Es esto falta de huevos por parte de los mencionados o estamos inmersos en una corrupción de magnitudes fujimontesinistas?
Terrible terrible....
Hola Víctor:
Es interesante lo que mencionas porque de hecho la actitud de varios medios nos llevan a preguntarnos "¿cuánto miedo se le puede tener a Alan?". Tengamos en cuenta que además que lo que ha habido es "autocensura" dado que no se querían meter en algún problema con el Presidente que, siempre, es influyente y eso es una lástima.
Supongo que el que no la debe no la teme. Pero aún así, es bien difícil que el temor a la figura presidencial se elimine y, de alguna forma que no entiendo, Alan despierta aún mayor miedo porque recuerdo a Toledo y todo lo que los medios decían de él siempre me recordaba que no solo había libertad de expresión, sino que no le tenían miedo, o al menos no tanto.
Es una buena duda, quisiera tener una respuesta más clara. Pero bueno, se abre al debate por si alguien más se anima a participar.
Gracias por el comentario.
Ese "artículo" de Rocío Silva me pareció realmente malo.
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