Ayer estuve, luego de mucho tiempo, de vuelta en el cole. No en mi cole, sino en el de una adolescente amiga mía que me invitó a verla actuar. Como llegué temprano pude sentarme cerquita al escenario rodeada de un montón de adolescentes que gritaban, se reían a carcajadas, se acomodaban el cabello cada vez que aparecía un chico (es un colegio solo de chicas), bailaban al son de la música, etc. Confieso que me dio ternura y nostalgia aunque yo nunca fui tan “feliz” escolarmente pues, segunda confesión, era bien lorna o, mejor dicho, lorneada. Claro, a esa edad, ser estudiosa, sacar buenas notas y participar en el teatro y el coro era motivo de aplauso familiar, pero de burla escolar. Además, durante un año y medio, corría del colegio al Conservatorio de Música así que, tener dudas vocacionales en 2do de media era otro motivo de “lorneada” por chiquivieja. Si a eso le sumamos mis varios kilitos de más entenderán que yo era algo así como la gorda-nerd-vieja. Un #fail total.
Pero la vida da vueltas y, con suerte, te olvidas de lo malo del cole. Pero, ayer, recordé mucho. En un momento de la actuación salió una chica a cantar. Su voz y su guitarra. Yo pensé: “hay que tener coraje para salir a tocar delante de tanta gente totalmente sola y una composición propia”. En cuanto se abrió el telón escuché el comentario de una chica sentada detrás de mí (porque eso de estar calladas no es algo que entiendan muchos adolescentes) “¿Es una broma? ¿Esta estúpida sale en esta actuación? ¡Ay! Yo me voy” Al rato, su amiga le contesta “Aghh…toda fea con su guitarra. Seguro ni se ha bañado”. Y, para remate, escuché a la tercera compinche “malazo… una chola que toque sola en el escenario”. Palabras más, palabras menos, ese fue el diálogo. Yo, indignada, me quedé callada para escuchar a esta chica que con una voz temblorosísima terminó su canción en medio de muchos aplausos. Los míos fueron fortísimos.
Hoy, José Alejandro Godoy y Patricia del Río se enfocan en el tema del maltrato y la violencia que se ejerce contra los niños y adolescentes en el Perú. Godoy menciona además el bullying, esta forma de “joda” con nuevo nombre de moda. Por si acaso, no solo los adultos maltratan a los menores, lo hacen entre ellos mismos y con razones tan absurdas como el racismo, la clase social, el aspecto físico o la antipatía muchas veces ilógica y arbitraria.
Durante esta semana, como ha hecho el recuento Patricia del Río, ha habido una serie de noticias de adultos agrediendo a menores que son de terror. Una tremenda lástima y vergüenza que se violente a un menor que, OJO, no es que no debiera ser violentado por su condición de “menor”, sino por su condición de ser humano. La violencia no es una buena respuesta nunca. Lo que agrava el asunto es que, por un lado, un menor es más indefenso que un mayor y, por el otro, un menor está en formación. Si ve que a una acción equivocada le sigue un coscorrón/bofetada/puñetazo aprenderá a responder de la misma manera, en lugar de aprender que es mejor no cometer las acciones equivocadas. La violencia, además, genera resentimiento y muchas veces es en ese resentimiento y esa rabia que se albergan las razones primarias del vandalismo y el pandillaje.
Escribí hace unos días un post en el que mencionaba cómo es que la cachetada de García y la defensa de la misma por el Javier Villa Stein, el Presidente de la Corte Suprema, evidenciaba no solo la violencia e intolerancia presidencial, sino nuestra a partir de las reacciones ciudadanas a este asunto. Del mismo modo, hoy Rosa María Palacios contaba en su programa radial que varios comentarios respecto al caso del niño que rayó un carro con un clavo y casi ha quedado ciego por la reacción del dueño del auto, defendían la agresión en tanto ese niño era “un pirañita”. No me extraña. Me parece terrible, pero no me sorprende.
Va una parte de mi post anterior:
“La preocupación es legítima, pero porque este caso se enmarca en el fondo y la carnecita de lo que nos hemos ido convirtiendo. Una sociedad donde si el carro de adelante se retrasa un segundo en avanzar cuando el semáforo indica luz verde le revientas el cláxon en, donde si te quieres hacer el vivo te zurras en el estacionamiento para discapacitados (total, nadie se da cuenta), donde el conductor de al lado está alerta a en qué momento te lenteas un poquito para zamparte el carro y lograr llegar antes que tú (porque uno es primero, los otros que se frieguen), donde la violencia familiar es un tema terrible que aún no tiene solución, donde si la cajera de un establecimiento demora un poco es legítimo gritarle para que se apure, donde se le puede decir "comechado" al profesor de tu hijo delante de tu hijo (total, el Presidente también lo hace), donde puedes coimear al policía para que no te ponga la multa, donde los policías te quieren poner una multa pese a que no habías cometido ninguna infracción, etc., etc., etc.”
Todas estas son también formas de violencia. Ahí está la física, la asolapada, la silenciosa pero elocuente, etc. Y todo eso lo ven los niños y no lo ven en la tele, sino en sus casas. Entonces, mirémonos a nosotros mismos un rato y empecemos por casa la erradicación de la violencia. Y la violencia de todo tipo, desde esa "mentirilla blanca" a tu hijo cuando le dices que "Papá Noel no vendrá si no come toda su comida" o cuando te permites fingir que lo golpearás si no hace algo que debería hacer. Ya, no lo "golpeas", pero ¿acaso no lo estás violentando? Por otro lado, que el Poder Judicial dé las sanciones del caso con la severidad correspondiente a quienes durante estas semanas han sido protagonistas de actos de violencia terribles contra diversas personas. Sí, Alan García está también en ese grupo.



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