He estado medio desaparecida esta semana porque ayer sustenté mi tesis y, como imaginarán, casi no he dormido varios días. Pero, ahora que ya terminó la tensión y con el título de licenciada en curso (lo que no quiere decir que me han salido canas, ni mucho menos) me doy un tiempito para comentar algo que hace días tenía pendiente.
El miércoles regresaba de la PUCP hacia Miraflores a eso de las 3pm. Decidí ir por la Av. La Marina que con todo el tráfico que se imaginarán, me sigue pareciendo mejor que el Circuito de Playas a esa hora. Y de pronto, llegando al cruce de Av. La Marina con Av. Sucre, escuchando a volumen moderado una de esas radios a las que llaman los escolares desde la movilidad (a veces una necesita frivolidad estúpida), ¡zas! casi me convierto en una asesina involuntariamente.
El semáforo estaba en verde, lo que quiere decir que no tenía razón para detener el auto, mi velocidad era de 50 o 60 km/h lo cual quiere decir que estaba excelente, hasta un poco lenta en una avenida como esa, pero a un peatón se le ocurrió jugar con su vida y correr cual liebre en celo antes del cruce peatonal de La Marina. A mi derecha había una DAEWOO (este bus enorme que pasa por Av. Universitaria y va hasta La Molina por todo Javier Prado) y, dado que es enorme, no pude ver al peatón que decidió arriesgar su vida sabrá Alá por qué. Y entre su intento suicida, la Daewoo elefantiásica, el semáforo en verde, el tráfico de miércoles y el calor anacrónico, casi lo mato.
Hace una semana, cuando me enteré de que se implementarían las multas peatonales conversé con algunos amigos al respecto. De hecho, desde que se anunció la norma estuve de acuerdo porque, por un lado, tenemos el precedente de tantísimos países en los cuales estas multas existen desde siempre; sin embargo, debo confesar que me parece que la norma por sí sola no hace nada, sino pregúntenle a mi pierna acalambrada luego del frenazo en seco que metí para no matar al irresponsable transeúnte.
Si bien algunas reglas para los peatones resultan particularmente obvias (cruza cuando el semáforo está en rojo, cruza por la línea peatonal, baja de la combi/bus/taxi en los paraderos autorizados y a la derecha de la calle, etc.) existen varias otras que no lo son tanto y que los conductores aprendemos para dar el examen escrito a la hora de sacar el brevete, pero que olvidamos en la práctica porque no se cumple por ninguna de las partes.
Las multas peatonales serán positivas siempre que se encuentren enmarcadas en una concepción de educación vial que todavía nos falta. Y es que, en realidad, todo pasa por educación, por un cambio de concepto respecto del respeto a las normas porque, nos guste o no, ninguno está libre de ser juzgado por haberse pasado por alto alguna norma. Ni yo, lo admito. Pero la multa peatonal es una buena iniciativa que, repito, no basta.
Entonces, ¿cómo educar tanto al peatón como al conductor como a quien sea? He ahí el real problema porque, más allá de la multa que te pongan por cruzar cuando no te corresponde y por donde está prohibido, etc. el asunto es que entre multa y multa no se solucionará nada. Como diría Franco De Vita, “no basta”.
Creo que el papel de la Municipalidad de Lima es fundamental en esta educación ciudadana. Recordemos el caso de Mockus en Bogotá, por ejemplo. Mockus asumió el papel de educación ciudadana desde la Municipalidad no solo implementando planes educativos cotidianos, sino formando parte de ellos como autoridad. El ejemplo lo dan tus representantes. En este sentido, reconozco que lo que más me gusta del plan municipal de Susana Villarán, es el énfasis que hace en la idea de Lima como “ciudad educadora” pues más allá de la visión “gerencial” que se le quiere dar a la Municipalidad de Lima, hay que reconocer que necesita haber también una visión política. Una persona que vea Lima como un espacio que no se librará del caos con obras y solo obras, sino que necesita una revolución de manera de ver la ciudad de manera que prime el respeto tanto a las normas como a los ciudadanos.
Como vemos, la multa no arregla el problema ni ordena la ciudad, solo parcha el problema que, sin un proyecto de educación detrás, seguirá creciendo. De lo contrario, los conductores seguiremos siendo asesinos potenciales y los peatones, ciudadanos suicidas.
Foto tomada de aquí
El miércoles regresaba de la PUCP hacia Miraflores a eso de las 3pm. Decidí ir por la Av. La Marina que con todo el tráfico que se imaginarán, me sigue pareciendo mejor que el Circuito de Playas a esa hora. Y de pronto, llegando al cruce de Av. La Marina con Av. Sucre, escuchando a volumen moderado una de esas radios a las que llaman los escolares desde la movilidad (a veces una necesita frivolidad estúpida), ¡zas! casi me convierto en una asesina involuntariamente.
El semáforo estaba en verde, lo que quiere decir que no tenía razón para detener el auto, mi velocidad era de 50 o 60 km/h lo cual quiere decir que estaba excelente, hasta un poco lenta en una avenida como esa, pero a un peatón se le ocurrió jugar con su vida y correr cual liebre en celo antes del cruce peatonal de La Marina. A mi derecha había una DAEWOO (este bus enorme que pasa por Av. Universitaria y va hasta La Molina por todo Javier Prado) y, dado que es enorme, no pude ver al peatón que decidió arriesgar su vida sabrá Alá por qué. Y entre su intento suicida, la Daewoo elefantiásica, el semáforo en verde, el tráfico de miércoles y el calor anacrónico, casi lo mato.Hace una semana, cuando me enteré de que se implementarían las multas peatonales conversé con algunos amigos al respecto. De hecho, desde que se anunció la norma estuve de acuerdo porque, por un lado, tenemos el precedente de tantísimos países en los cuales estas multas existen desde siempre; sin embargo, debo confesar que me parece que la norma por sí sola no hace nada, sino pregúntenle a mi pierna acalambrada luego del frenazo en seco que metí para no matar al irresponsable transeúnte.
Si bien algunas reglas para los peatones resultan particularmente obvias (cruza cuando el semáforo está en rojo, cruza por la línea peatonal, baja de la combi/bus/taxi en los paraderos autorizados y a la derecha de la calle, etc.) existen varias otras que no lo son tanto y que los conductores aprendemos para dar el examen escrito a la hora de sacar el brevete, pero que olvidamos en la práctica porque no se cumple por ninguna de las partes.
Las multas peatonales serán positivas siempre que se encuentren enmarcadas en una concepción de educación vial que todavía nos falta. Y es que, en realidad, todo pasa por educación, por un cambio de concepto respecto del respeto a las normas porque, nos guste o no, ninguno está libre de ser juzgado por haberse pasado por alto alguna norma. Ni yo, lo admito. Pero la multa peatonal es una buena iniciativa que, repito, no basta.
Entonces, ¿cómo educar tanto al peatón como al conductor como a quien sea? He ahí el real problema porque, más allá de la multa que te pongan por cruzar cuando no te corresponde y por donde está prohibido, etc. el asunto es que entre multa y multa no se solucionará nada. Como diría Franco De Vita, “no basta”.
Creo que el papel de la Municipalidad de Lima es fundamental en esta educación ciudadana. Recordemos el caso de Mockus en Bogotá, por ejemplo. Mockus asumió el papel de educación ciudadana desde la Municipalidad no solo implementando planes educativos cotidianos, sino formando parte de ellos como autoridad. El ejemplo lo dan tus representantes. En este sentido, reconozco que lo que más me gusta del plan municipal de Susana Villarán, es el énfasis que hace en la idea de Lima como “ciudad educadora” pues más allá de la visión “gerencial” que se le quiere dar a la Municipalidad de Lima, hay que reconocer que necesita haber también una visión política. Una persona que vea Lima como un espacio que no se librará del caos con obras y solo obras, sino que necesita una revolución de manera de ver la ciudad de manera que prime el respeto tanto a las normas como a los ciudadanos.
Como vemos, la multa no arregla el problema ni ordena la ciudad, solo parcha el problema que, sin un proyecto de educación detrás, seguirá creciendo. De lo contrario, los conductores seguiremos siendo asesinos potenciales y los peatones, ciudadanos suicidas.
Foto tomada de aquí



1 comentarios:
Ciertamente la educación vial es de fundamental necesidad en un medio urbano tan desordenado y agresivo como el nuestro, suelo ser el unico "idiota" que espera que el semaforo cambie de luz para cruzar cuando voy a pie, la avenida parece poco transitada, la gente corre para cruzar a la mala, de la nada aparece un carro y por poco se lleva a un grupo de imprudentes peatones, escena muy familiar, despeus de eso ya no me miran con sorna por no cruzar como loco y pararme a esperar el cambio de luz así no haya carro a la vista. "cogito ergo sum" si es que quiero "sum" otro día.
buen post
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