27/05/2010

Ese silencio elocuente

Hoy, 27 de mayo, se celebra el día del idioma/lengua nativo. Bueno, digo que se “celebra” porque en principio no encuentro otro término; sin embargo, más allá de una entrevista menos que corta en el diario La Primera y un par de textos puneños que encontré de casualidad en el Gran Combo Club, no hay más información que indique que, por si acaso, alguien “celebra” este día.

Yo confieso, además, que no recordaba esta celebración y que una de esas casualidades del destino me topó hoy con la noticia mientras vagaba un rato por google. Qué silencio para más elocuente el de esta fecha, ¿no? Ya casi acaba la tarde y nada…nada…nada al respecto. Bueno pues, aunque sea una reflexión para que se recuerde el día.

Recuerdo que durante las clases de lingüística en la facultad siempre el tema de las lenguas nativas (el término que utilizábamos era “originarias”) encendía el ambiente. No se necesita justificación. Sin embargo, sigue existiendo la idea generalizada y absurda de que el tema de las lenguas es de interés exclusivo de lingüistas, como si los que no se especializaron en esta área no hablaran una lengua o, más aún, utilizaran esta lengua como la herramienta social que es. O como si la autoridad de las lenguas fuera tal o cual diccionario y no los hablantes. Error. Craso error.

En un día en que se celebran, y vuelve el polémico término a este post, las lenguas nativas, cabe reflexionar sobre cuántas lenguas nativas existen en el Perú. El dato exacto no es tan exacto porque hay que contemplar la cantidad de lenguas o variedades que se han extinguido (o se extinguen de cuando en cuando, lamentablemente) o cuyo desarrollo depende de una única generación, o un número muy reducido de hablantes que aún la utiliza. Pero, para que se hagan una idea, basta decir que solo en la Amazonía peruana existen aproximadamente 14 familias lingüísticas distintas. En cada familia hay variedades, o sea…saquen su cuenta. Nadie puede negar que este es un país multilingüe, ¿verdad?

Entonces, ¿cómo se explica este silencio elocuente? Y no es que me haya agarrado un ataque de ingenuidad tremendo y haya despertado pensando que las portadas de los diarios le darían un espacio al tema, sino que me parece interesante cómo es que, para variar, el tema lingüístico que es mucho más que un tema de lenguas es relegado cotidianamente de todas las agendas.

Para armar este post releí uno que escribí hace ya un par de años cuando me fui de viaje a Huancayo con el profesor Cerrón Palomino y los entonces, estudiantes de lingüística, a hacer trabajo de campo. En la lectura noté nuevamente que el orgullo lingüístico era el tema que más nos chocó a todos. La negativa de muchos hablantes de quechua ante la pregunta “¿habla quechua?” era justificada por ellos mismos “¿para qué?”

Y claro, uno puede decir “¡qué terrible! ¿Cómo es posible que renieguen así de su lengua materna con lo rica que es y con toda su tradición y bla bla bla?”, pero lo cierto es que si nos paramos en sus zapatos no podemos evitar advertir que no reniegan de su lengua porque les da la gana, sino porque no la encuentran funcional. Y no es que no sea funcional porque sea peor que otras, sino porque sencillamente, en el Perú existe una discriminación lingüística tremenda.

Explíquenme si no cómo cuernos hace un hablante de quechua para denunciar un robo si cuando se dirige a la comisaría local (si la encuentra abierta) no puede denunciar el hecho pues los policías solo hablan castellano. Imaginen cada mañana a los niños que se dirigen a la escuela y encuentran a un profesor que solo habla castellano, ¿cómo se comunican con él en su lengua materna? Y, OJO, estoy hablando del quechua, la lengua originaria más reputada (¡imagínense!) en el Perú. ¿Qué pasa con el Aimara? O, vamos más allá, ¿con las lenguas amazónicas?

Lo terrible del asunto es que casi ni se mira. Que quienes se preocupan ante la posibilidad de extinción de nuestras lenguas originarias seguimos siendo una minoría. No se entiende, todavía, que cuando se extingue una lengua no solo se pierde una sintaxis determinada o un léxico determinado, sino una visión del mundo distinto, una concepción de la realidad particular. En buena cuenta, toda una cultura. Pero claro, muchos siguen abogando por la homogeneización lingüística y ¡zas! castellano para todos. Así, simple. ¿Simple?

Finalmente, como afirma mi asesora de tesis, Virginia Zavala, acá lo que parece haber es un consenso generalizado en torno a la frase: “lenguas sí, hablantes no”. Qué duda cabe entonces de que las lenguas son mucho más que sistemas de comunicación pues evidencian, por ejemplo, relaciones de poder. Acá en el Perú el asunto es evidente. La pregunta es ¿hasta cuándo lo será? ¿Hasta que se ponga especial atención en la necesidad de apoyar la revitalización lingüística? ¿O hasta que no haya nada que revitalizar?



Más sobre el tema:

Los andes: 27 de mayo día del idioma nativo

La Primera: Día del idioma nativo

Foto: Mapa etnolinguístico del Perú tomado de aquí.

1 comentarios:

Vïctor dijo...

Importante! Gracias por la información. Tienes razón en lo que dices. Lamentablemente, la sarta de decerebrados que nos ha gobernado desde siempre simplemente no solo no entenderán este punto de vista, si no que lo considerarán "comunista", "caviar", todo en aras de defender con las uñas y los dientes los intereses hasta ahora ganados para ellos.

Es duro pero mientras los hablantes de estas lenguas sean minorías que no repercuten en, por ejemplo, la elección de un presidente, lo más seguro es que de parte del Estado o de las clases altas no existirá una política de urgencia por proteger dichas lenguas.

Finalmente, creo que para nadie es un secreto que mucha gente bruta, porque no hay otro término, en este país es racista. Y como tales, les interesa muy poco este tema tan importante. Un cambio de mentalidad es difícil, pero es la primera tarea para preservar nuestro patrimonio cultural oral.

Gracias.
Saludos,