25/05/2010

Bicentenario para reflexionar

Tenía este post corto pendiente hace unos días pero la gripe no me quiere soltar y me ha impedido postear seguido. Sin embargo, justo el post cae en el Bicentenario Argentino, fecha que hace más que oportuna una reflexión sobre la democracia que se desarrolla en América Latina.

Estuve revisando un texto titulado “Repensando la cuestión democrática: La región andina en el nuevo siglo” publicado en el volumen 30 de la Revista de Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile y las reflexiones en el mismo son interesantes. Por ejemplo, no es de extrañar que, fuera de ciertas excepciones como Chile, el tema de la democracia en la región andina ha sido casi reducida a una democracia electoral. En este sentido, la idea de que un gobierno democrático es aquel que llega democráticamente al poder está particularmente extendida y, bueno, no sé hasta qué punto esto baste para calificar de democrático a algún gobierno.

Sin embargo, sin llegar a otros puntos que debieran enfatizarse en un régimen que pueda jactarse de democrático, el autor del texto resalta el hecho de que la democracia electoral ha sido también amenazada varias veces. En este sentido, considera que una gran amenaza a la democracia electoral ocurrió justamente en el Perú, durante el gobierno de Alberto Fujimori, empezando con el cierre del congreso en 1992. Por otro lado, admite también que existe una amenaza latente en el caso del gobierno de Hugo Chávez en Venezuela. Concluye que en América Latina, a la región andina le ha costado mucho más conquistar una democracia electoral, para comenzar.

En este sentido, si tuviéramos solo que mirar al Perú, ¿hasta qué punto nuestra democracia electoral funciona? Y por otro lado, entendiendo que esto no basta ¿qué otros elementos democráticos nos faltan alcanzar?

Para el autor del texto, Gerardo L. Munck, una característica importante en el desarrollo democrático de un gobierno es la existencia de instituciones autónomas e independientes como el Poder Judicial. Pregunto, en el caso peruano, ¿cómo vamos en este sentido? Bastan ver los últimos reclamos al poder judicial para notar que fuera de la democracia electoral, la independencia de instituciones importantes es, en buena cuenta, todavía un ideal.

Por otro lado, el respeto a instituciones elegidas por voto mayoritario, como el Congreso, es también fundamental. Pero, ¿qué respeto existe en el Perú por una institución que tiene más del 70% de desaprobación ciudadana? La respuesta es casi evidente: con un Congreso así de desprestigiado como el nuestro, la labor legislativa es siempre cuestionadísima (valga el superlativo) y ello es, a la larga, riesgoso.

En este sentido, resulta interesante el texto que publica el día de hoy Otra Mirada en el cual se presenta una tabla con la cantidad de decretos constitucionales (de urgencia) y delegados (legislativos) utilizados en América Latina, por países y Presidentes. En él notamos que, lamentablemente, el Perú es el país que tiende a ser más “decretista” en toda la región, desde la época de Belaúnde:

Vía Otra Mirada: “(…)la utilización de facultades legislativas extraordinarias por parte de varios presidentes de América Latina resulta frecuente, sobre todo en los casos de Perú, Venezuela y en forma decreciente, en Colombia. Del mismo modo, dado que parte de gobernar democráticamente implica respetar a la institución del Congreso, resulta alarmante que el decretismo sea tan frecuente en países de la Región Andina, sobre todo en nuestro país. ¿Acaso el decretismo no debiera ser limitado solo a casos de emergencia?”

Lamentablemente, hace buen tiempo que en el Perú el decretismo es más una norma que una excepción y esto evidencia la democracia precaria en el país.

Estas reflexiones resultan importantes en un día cómo este en que se celebra el bicentenario en que más allá de una fecha para recordar, debería también ser una fecha para reflexionar sobre lo que hemos alcanzado y cuánto nos falta. En el caso peruano, es preciso que se desarrolle una democracia que no se limite a ese “mínimo indispensable” de la democracia electoral (como si esto garantizara algo) y que pueda ampliarse también al desarrollo democrático de los gobiernos una vez que democráticamente llegan al poder.

Para ello, hacen falta también partidos políticos sólidos y serios, un Congreso representativo y con mejores congresistas en sus filas, medios de comunicación plurales y objetivos, etc. Partidos de alquiler, corrupción en altos funcionarios que luego quedan impunes, partidos que nacen para cada elección y congresistas que en lugar de legislar protagonizan escándalos solo contribuyen a que la democracia ansiada vuelva a estar en peligro. Cuando llegue el bicentenario peruano, ¿qué cuernos vamos a celebrar?

1 comentarios:

Vïctor dijo...

Buena reflexión. Como dije antes, creo que en buena cuenta todo pasa por un tema educativo. por un lado, nuestros políticos no son políticos; nunca tuvieron una educación en ciencias políticas. Por otro lado, no existe una conciencia ni de nación ni de ciudadanía. En el Perú, todos somos habitantes; no ciudadanos. Y también reafirmo, que tenemos funcionarios públicos y no tan públicos vivos, criollazos, bacanes; pero no inteligentes (salvo contadas excepciones).

Finalmente, si bien Venezuela y Perú son actualmente los países menos "democráticos", a lo largo de la historia todos los países de sudamérica han demostrado ser poco demócratas. No hace falta citar los gobiernos militares de toda la región ni que gracias a su efecto purgador algunas sociedades se han homogeneizado en términos de pensamiento e incluso me atrevería a decir racialmente (aunque esto es un poco aventurado). Sí, el Perú es menos democrático, pero también tiene que lidiar con más naciones en su interior con perspectivas y requerimientos diferentes cada una. No es que se haga mucho al respecto, pero ayuda definitivamente que todos en un país tiren para el mismo lado.

saludos