He estado tan agripada que he aceptado ponerme las benditas tres inyecciones que, según el doctor, son necesarias para que pueda sobrevivir no solo esta gripe, sino prever futuras. Para quien me conoce bien, sabe que aceptar ponerme una inyección solo puede indicar que me siento a punto de morir. Mamá, por ejemplo, lo sabe bien y hoy es uno de esos días en que, pese a que la gripe me obliga a guardar reposo absoluto, quiero dedicar unos minutos para no solo desearle un feliz día a mamá (y a todas las mamás) sino postear un breve, pero público y merecidísimo reconocimiento.
Mi mamá ha sido una de esas guerreras que aparecen en la vida y te la cambian en un par de segundos. Mamá ha vivido tantas cosas, o mejor dicho “sobrevivido”, que siempre me pregunto “¿qué necesito comer para volverme así de fuerte?”
Mi mamá ha sido una de esas guerreras que aparecen en la vida y te la cambian en un par de segundos. Mamá ha vivido tantas cosas, o mejor dicho “sobrevivido”, que siempre me pregunto “¿qué necesito comer para volverme así de fuerte?” Mamá ha sido amiga cuando la he necesitado así, consejera cuando, por ejemplo, no me decidía por mi carrera; crítica cada vez que tocaba una pieza en el piano que no terminaban de cuadrar, cómplice cuando se enteraba del chico que me gustaba, salvavidas cuando necesitaba que me recogieran de tal o cual lugar porque el plan de la noche había cambiado totalmente, enfermera cada vez que me agripaba (como este fin de semana), cocinera cuando me entraban los antojitos, fashionista cuando nos engreímos con algunos trapos (por algunos me refiero a muchísimos), etc., etc.
Pero creo que lo que más admiro en ella es que ha podido conjugar todo eso con el hecho de ser también mamá, cuando ha necesitado serlo. Lo es hasta ahora cuando me recuerda que no me levante de la cama, que ayer no debía salir y que no me dejaría hacerlo, que no olvide ponerme la chalina, que no hable para no deteriorar más mi voz, etc. Esa es también una chambaza, porque entre mi irresponsabilidad con mi salud y las travesuras constantes de mi malhumorado hermano, esta mujer ha tenido mil motivos para dejar la chamba, pero nunca nos ha dicho “renuncio”.
Así que va este post para ti, mami. Para ti que hasta el día de hoy sigues siendo mamá (y papá) no solo porque un 13 de setiembre del 86 o un 28 de setiembre del 91 nacimos, sino porque lo elijes a diario cuando en las mañanas te levantas y nos dices “buenos días, hijos”. Esa elección diaria es la que celebramos hoy…feliz día mamá, y sobre todo, gracias.
Pero creo que lo que más admiro en ella es que ha podido conjugar todo eso con el hecho de ser también mamá, cuando ha necesitado serlo. Lo es hasta ahora cuando me recuerda que no me levante de la cama, que ayer no debía salir y que no me dejaría hacerlo, que no olvide ponerme la chalina, que no hable para no deteriorar más mi voz, etc. Esa es también una chambaza, porque entre mi irresponsabilidad con mi salud y las travesuras constantes de mi malhumorado hermano, esta mujer ha tenido mil motivos para dejar la chamba, pero nunca nos ha dicho “renuncio”.
Así que va este post para ti, mami. Para ti que hasta el día de hoy sigues siendo mamá (y papá) no solo porque un 13 de setiembre del 86 o un 28 de setiembre del 91 nacimos, sino porque lo elijes a diario cuando en las mañanas te levantas y nos dices “buenos días, hijos”. Esa elección diaria es la que celebramos hoy…feliz día mamá, y sobre todo, gracias.



0 comentarios:
Publicar un comentario