“Pero el problema del tránsfuga también se origina por otras graves deficiencias de los propios partidos políticos en los que el poco espíritu democrático y la arbitrariedad de sus líderes acaban expulsando a algunos de sus mejores cuadros.
Hasta donde se sabe, la mayoría de tránsfugas de estos días no están motivados por un sobornador como Montesinos que los haga jurar “¡Por Dios y por la plata!”, sino por otros factores que es necesario entender para tener la película completa y que podrían explicar al menos una parte de los casi cinco mil ciudadanos que han registrado en el JNE su renuncia a su ‘partido de origen’ para postular por otro (aunque quizá el ‘partido de origen’ esté en varias agrupaciones más atrás que la última).”
Si bien no hay un sobornador Montesinos detrás de los tránsfugas de hoy, hay otros intereses bastante claros. ¿Acaso los que han renunciado a sus partidos de origen no lo hacen con una intención política clara de cara a las elecciones que se avecinan? ¿Acaso no ven en otro candidato la posibilidad de acercarse al sillón municipal o regiduría o lo que fuere, más fácil? Se trata pues de un cálculo político en la mayoría de casos.
Ahora bien. Lo que me parece interesante en la columna de Álvarez Rodrich es la diferenciación entre tránsfugas y tránsfugas. Por un lado tenemos a los tránsfugas que renuncian al partido de origen con el fin de unirse a otra agrupación que les dé mayores posibilidades de acceder cargos representativos. Estos serían los Trásnfugas con “T” mayúscula. Aquellos que actúan por mero cálculo político y que están dispuestos a vender su bandera ideológica (si es que alguna vez la tuvieron) con tal de no perder sus oportunidades.
Antes de responder a esa pregunta debo resaltar un detalle que me parece fundamental y que no se ha dicho mucho en medios ni en las columnas de opinión. Más allá de la condición de tránsfugas (con el matiz que se les quiera poner) es necesario considerar también a quién se están adhiriendo. En el caso de Salvador Heresi, como de varios alcaldes que pertenecían a la alianza Unidad Nacional (Solidaridad Nacional y el PPC), se trata de una adhesión a Alex Kouri quien es un virtual candidato a la Alcaldía de Lima (lo de virtual es mero formalismo).
¿Es necesario recordar quién es Alex Kouri? Pueden leer un buen memorex aquí. Entre los misterios sin resolver a raíz de la Vía expresa en el Callao y las visitas a la salita del SIN lo que me queda claro es que apoyar a un candidato con este pasado (y presente también) siendo o no tránsfuga es una decisión que me parece censurable. Entonces, repito, más allá del transfuguismo de los candidatos renunciantes, el hecho de que se acomoden con este cuestionado posible candidato me parece un aspecto digno de reproche."El burgomaestre de San Miguel sostuvo que su renuncia se enmarca “dentro de la línea que los partidos políticos tienen que fortalecerse y no deben ser el reflejo de la expresión de las decisiones de 4 ó 5 personas”.
Entonces, tenemos un problema doble pues si bien por un lado el transfuguismo no contribuye con fortalecer un sistema de partidos donde los actores deberían actuar por ideología y no por cálculo electoral, si los partidos políticos no son capaces de oxigenarse con nuevas figuras estamos condenados a ver a los mismos líderes siempre y eso tampoco fortalece el sistema. Hay pues, una diferencia entre el tránsfuga con "T" mayúscula y el tránsfuga con "t" minúscula; sin embargo, siempre tienen una "t", sea cual fuere.
Pero, para terminar repito, lo que más ha llamado mi atención, negativamente, es que el elegido por una serie de representantes haya sido Alex Kouri. Que su candidatura sea verosímil era vergonzoso, pero que encima sea atractiva, simplemente triste.
Foto1: Salvador Heresi mirando a Luis Bedoya Reyes, fundador del PPC
Foto 2: tomada de El Comercio




1 comentarios:
El problema aquí y en muchos de los temas que se puedan ventilar es la que se esboza en la siguiente pregunta: ¿Dónde está el Poder Judicial? Y, por otro lado, ¿cómo es que las leyes permiten esto?
Este Poder Judicial infectado y la falta de leyes que fortalezcan el sistema anti corrupción son los dos grandes temas por superar. Y es aquí cuando podemos comenzar a pensar que todo está ligado y que el sistema anti corrupción es más bien un sistema para proteger la corrupción. Desde los ministros, congresistas y hasta los puestos más insignificantes en las alcaldías, todo se engrana en un sistema de protección de la corrupción.
En el caso de Alex Kouri la lógica de que las obras borran los pasados de corrupción (aunque estas obras sean tan desastrosas como la Vía Expresa del Callao) se aplica completamente, pero me es indiferente atacar a una persona o hacer recordar que es un corrupto.
Finalmente, y corriendo el riesgo de que Charles Simons me vuelva a llamar fujimorista, creo que estar en el sillón presidencial es una espada de doble filo porque ese sistema del que hablaba ya está ahí cuando la persona se hace presidente y tendrá que lidiar con él en todo momento. Considero que sólo un presidente a metido la mano con fuerza en ese sistema generando una doble reacción y finalmente terminó usándolo a su favor de la manera más vil.
El acto de cerrar el congreso y los despidos de jueces en el Poder Judicial por parte del gobierno de Fujimori pueden entenderse de dos maneras distintas, pero cualquiera de las dos implica una destrucción del sistema que protegía hasta ese momento la corrupción (destrucción para construir un sistema anti corrupción o destrucción para imponer un sistema de corrupción nuevo). Lamentablemente, la gran oportunidad para cultivar un sistema anti corrupción se perdió en ese momento.
Hoy la lucha va en otro sentido y a nadie se le ocurriría cerrar de nuevo el congreso ya que quedó demostrado que una solución de arriba hacia abajo es insostenible en el tiempo (de ahí el calificativo de dictadura hacia el gobierno de Fujimori). Ahora toca probar una fórmula de abajo hacia arriba. A ver si nos atrevemos a levantarnos de la comodidad de nuestro escritorio y comenzamos a construir.
Estoy completamente de acuerdo con Laura y su visión teórica sobre los partidos políticos y su importancia en el sistema democrático. ¿Por qué no lo ponemos en práctica? La única forma de echar abajo una muralla es golpeándola.
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