02/11/2009

¿Cultural o culturoso?

Ya sé que soy una desconfiada respecto a casi todo lo que propone este gobierno y soy consciente de que esta desconfianza (no gratuita) es la que me hace pintar esta cana corta. Motor del escepticismo: (so-called) Ministerio de Cultura

No sé si valga la pena ir por partes. Digamos que mis principales negativas son las mismas que las que tuve cuando se anunció, también con bombos y platillos,
la creación del Ministerio del Medio Ambiente que, para ser francos, tiene como cabeza a un reputado ambientalista y, sin embargo, no veo grandes cambios en el sector, ni iniciativas concretas, ni mucho menos apoyo estatal.

En el caso del Ministerio de Cultura siento el mismo sinsabor. A diferencia del amigo Godoy, no creo que el debate que recién se inicia (porque debate hay y está bien) deba girar en torno a la pertinencia de un Ministerio de Cultura o, en todo caso, de un espacio determinado para cultura.

El debate, a mi modo de ver, debería girar en torno a las condiciones para que un espacio (ojo que no estoy diciendo ministerio necesariamente) como tal se posicione y cause un real impacto. En ese sentido, mi propuesta (y mi desconfianza también) está ligada a la estructura estatal que tenemos. ¿Basta con inaugurar ministerios ad hoc? Creo que cualquier persona, incluso el Presidente García entusiasta de esta iniciativa, diría que no. Pero ¿cuáles son las condiciones que debieran existir?

Si bien hay todo un rollo con respecto a la importancia de que el MEF brinde el presupuesto necesario para que este Ministerio funcione y que, por otro lado, no sea una institución nueva creada al antojo del Presidente de turno, la cosa debería ir más allá. Existen países, Brasil por ejemplo, que tienen un sinnúmero de ministerios (aproximadamente 36 en Brasil). Este modelo multiministerial, por llamarlo de algún modo, les funciona. Todo bien. Por otro lado, hay una serie de países que no tienen muchísimos ministerios, sino que tienen pocos ministerios que, por la cantidad de carteras específicas que albergan deberían ser considerados “súperministerios”. Por ejemplo, dentro del Ministerio de Educación se encontrarían cultura, deporte, ciencia y tecnología, etc.

¿Qué ocurre en nuestro amado Perú? Ni chicha ni limonada. Tenemos un sistema con pocos ministerios, pero que no son totalmente coherentes (chequeen las ramas en cada uno de ellos para que vean que la lógica es casi de broma) y simplemente se parchan las deficiencias como medio ambiente y cultura creando estos ministerios ad hoc. En este sistema y sin la reforma debida en todo el espacio de estructura y organización del Estado, un Ministerio de Cultura es un saludo a la bandera y un caramelito para que quienes reclamamos que se dé prioridad al área cultural, nos quedemos calladitos.

Bueno, a mí no me callan ni con caramelos ni con chupetes así que vale la discusión. Explíquenme cómo es posible que un gobierno que evidenció despreciar al Patrimonio Cultural Nacional hace tan poco tiempo (¡qué linda nuestra memoria!) pretenda que le creamos que el interés por cultura ahora es legítimo.

No parece lógico ¿no? Repito: es importante abrir el debate, pero que no sea un debate circunscrito a esta nueva propuesta ministerial, sino además respecto a la importancia de problematizar la organización estatal porque en eso también andamos debiluchos.






Más sobre el tema:
Augusto Álvarez Rodrich: "Cultura de ministerio"


Imagen tomada de aquí