Aquellos que han seguido este blog desde el año pasado, por lo menos, con alguna regularidad, habrán notado con facilidad que el “ministro” a quien más critiqué fue Luis Alva Castro. No sé cuándo empezó esta suerte de indignación justificada, pero sé que con sus acciones solo la aumentaba. Claro, su gran amigo el Presidente Alan García, tampoco cooperaba para que nuestra relación fuera más armoniosa debido a que, entre salvavidas y palmadita en la espalda, la indignación se elevaba impresionantemente.Por ello, con su salida del Ministerio del Interior, tras una gestión mediocre y un apoyo incondicional gubernamental vergonzoso, esta humilde ciudadana, y seguro algunos otros también, nos sentimos algo aliviados. Sin embargo, en la cartera del Interior las cosas aún no marchan como debieran, la reacción sigue siendo el primer paso, en lugar de cedérselo a la prevención y a la planificación. Las medidas adoptadas siguen siendo desarticuladas y, por ello los resultados pobres.
Pero hoy, en menoscanas, solo quería escribir sobre algo muy personal porque soy un ser humano y tengo siempre dosis subjetivas naturales. Los lunes suelen ser bastante pesados pues entre la chamba, las reuniones de planificación y el fin de semana que todavía no se mueve del organismo una termina cansada. Entonces, el cafecito se vuelve tu mejor amigo y cuando regresaba para mi casa decidí tomarme uno más como para cerrar el día con coherencia. Y pasé por un conocido café en San Isidro camino a casa cuando, de pronto, lo vi.
Estaba ahí sentado con esa casaquita azul que creo que haber visto antes y esa cabeza redonda inconfundible. Lo peor fue cuando se paró y se dirigió hacia la puerta y algunas personas se levantaban a saludarlo con una efusividad que no comprendí. Oyyy!! Me quise ir al instante y por otro lado derramarle el café sobre la calva a Alva. Opté por contenerme y tomarme el café más amargo de la semana.
En esos momentos es cuando recuerdo a una amiga diciendo “hay personas que merecen condena social por los hechos que han cometido”. Esa idea me quedó dando vueltas en la cabeza mientras pisaba el acelerador con una furia particular y regresaba a casa con algo de “alvitis” en el hígado.


5 comentarios:
Te entiendo, seguro que si veo a Garrido Lecca me entrarian unas ganas incontenibles de agarrarlo a golpes por engreido, atorrante y ladron.
Hola Laura
Hoy me acorde mucho de ti. No te estoy tirando los tejos sino que estoy unos dias de paseo aca en Roma, y sin saber pasaba justo en frente de la Embajada Peruana ante la Santa Sede y quien crees que vi pasar junto a mi?? Como todo fue tan rapido dude asi que me acerque al chofer del personaje y le pregunte: Disculpe pero ese no era el Cardenal del Peru? Y me respondio afirmativamente.
Se me paso la oportunidad de gritarle en plena calle junto al Vaticano "Oe idiota los DHH no son cojudeces" entre otras cosas.
Bueno solo una pequenha anecdota personal a tu post tambien personal.
Saludos desde Roma amiga.
Juan Garcia
Hola Laura
Me pregunto sino no te llego mi comentario de ayer sobre Cipriani o decidistes no publicarlo??
Gracias por la respuesta.
Hola Juan, mil gracias por tu comentario. Ocurre que este fin de semana he estado desconectada y por eso no vi tu comentario hasta hoy. Gracias por el recuerdo y, desde luego, no tragues tus sentimientos...no hace bien a la salud.
Un abrazo!
Paradójicamente la Iglesia es la única que defiende los derechos humanos del niño por nacer.
Y ¿gritarle al cardenal?, creo que es una falta de respeto,que solo desnuda el bajo nivel intelectual de la "señorita"
Marcos
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