Y no precisamente por el calentamiento global.
Acá en Lima las noticias que nos traen diversos medios de comunicación son las que nos cuentan el cuento. Sabemos que en la Amazonía las protestas han sido sumas en estos días y que varios representantes políticos han viajado a dicha región para calmar las aguas. Sabemos que acaban de ser derogadas las leyes polémicas que sirvieron de detonante para el inicio de estas protestas, pero ¿sabemos cuál fue el motor de estas protestas?
Primero que nada, una adivinanza: ¿qué le dijo el Presidente García a los medios? (3 segundos), sí, eso mismo: que la CGTP está azuzando las protestas al igual que otros personajes políticos que lo único que quieren es desestabilizar al país. Pero por más que se esfuerza, el Presidente todavía no me convence así que, lo siento, tendrá que intentar un poco más.
Mientras tanto doy una mirada a medios regionales de la selva, chequeo nuevamente las noticias, reviso posts de buenos amigos, y bueno, uno va armando su propia versión que, al menos, a mí me convence un poco más que la del amigo García. Lo cierto es que si sabemos poco de la sierra porque la sentimos lejana, de la selva sabemos aún menos. Lo cierto es que no justificamos la violación a la propiedad privada, pero si la legitimidad de la protesta y por tanto, resulta interesante saber qué es aquello por lo cual se protesta.
Quienes protestan reclaman, en principio, la derogación (recién lograda) de aquellos decretos que hace varios meses evidencian una falta a la constitución peruana y a los derechos de muchos indígenas. La defensoría del pueblo se manifestó en contra del mismo, pero ¿a quién compete determinar la inconstitucionalidad o no de estas leyes?: al TC. ¿Y cómo vamos? No vamos.
Pero mucho más allá del hecho concreto de las leyes decretadas y su campo de acción, el tema está en la aparente imposibilidad de hacer respetar los derechos ciudadanos en un país en el cual el Presidente ata y desata al margen de aquello que debiera hacer: representar y velar por los derechos de los peruanos. Los amigos de la selva se han sentido atacados en sus derechos y afectados no solo por las leyes en sí, sino por el hecho de que fueran promulgadas tan violentamente y sin consulta o por lo menos informe previo a quienes se verían alterados por ellas.
Ante dicha actitud, la protesta fue el medio por el que optaron para hacerse escuchar. Lo cierto es que no se puede defender el bloqueo de carreteras ni la agresión a la propiedad privada y los DDHH de otros peruanos, pero tampoco se puede justificar o defender la patadaza presidencial.
Si García quiere hacerme creer que las ONGs están detrás de esta movilización y que en realidad la protesta no tiene ningún sentido, solo el que los agitadores sociales le dan desde detrás, entonces le presento la siguiente pregunta otra vez (porque en algún post anterior también la planteé): ¿y usted qué está esperando para que los supuestos agitadores no tengan qué agitar?; vale decir ¿hasta cuándo, señor Presidente, va a seguir usted alejado del país que dirige?
Si las ONGs y los agitadores realmente estuvieran detrás de esto, al admitirlo, García admite también su incapacidad por representar a todo el territorio peruano, lo cual es su trabajo. Es su chamba, que no se pase. Por otro lado, tengo la impresión de que no hay agitador que logre nada si no hay demandas comunes y que, desde luego, irriten a la población.
Dejémonos de respuestas simplistas y de tirarnos la pelota de un lado a otro. El diálogo es la mejor alternativa, pero el diálogo no debiera ser la alternativa cuando las papas no queman, sino que ya están refritas, carbonizadas, a decir verdad. La presencia estatal al interior del país es fundamental, pero no solo se trata de estar presente en determinados espacios, sino también de tomarlos en cuenta a la hora de tomar decisiones; vale decir, verlos y tratarlos como a ciudadanos y no como a individuos sin derechos.
Se trata del mismo país y aunque nos duela, seguimos sin conocerlo. Usted Presidente, debería dar el ejemplo.