Hoy se realiza en la DIROES el encuentro entre dos personajes que oscurecieron la democracia de nuestro país durante la última década. Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori se ven las caras luego de ocho años. La repercusión de este encuentro será histórica no tanto por las conclusiones luego del proceso, sino por el hecho de reunir en un espacio a dos personajes que siguen causando todo tipo de reacciones en los peruanos.
Los medios en general (radio, prensa escrita, televisiva, blogs, etc.) están haciendo lo suyo, informando a cada momento sobre los detalles de este encuentro. Recomiendo el siguiente enlace para seguir la noticia. Ahora bien, me quedo con un detalle muy puntual que me parece importante sobre lo ocurrido hasta ahora.
Vladimiro Montesinos empezó su intervención dejando en claro, en primer lugar, que confiaba en la inocencia de Alberto Fujimori Fujimori (AFF) por los delitos que se le imputan. Lo que resulta interesante es que, poco después se presentó como “subordinado de AFF”. Ante esto no se ha dicho mucho todavía, pero resulta sintomático respecto a lo que pudiera estar pensando el asesor que, desde luego, no da puntada sin hilo ni dice palabra sin estrategia.
Si bien anuncia la inocencia tanto de Fujimori como de sí mismo (lo cual era obvio que haría), el hecho de posicionarse tan explícitamente como su “subordinado” lo coloca en una situación que mucho más allá de jerarquías respecto a los cargos, implica también jerarquía respecto al ejercicio de poder y toma de decisiones. Eso lo sabemos pues el Presidente es, finalmente, quien toma las decisiones fuertes en determinado momento crítico; sin embargo, el caso Montesinos-Fujimori tiene un matiz especial.
Antes que una relación jerárquica, podemos reconocer una suerte de simbiosis entre ambos personajes al momento de asumir las riendas del país. No quiero entrar en detalles respecto a las fechas o acontecimientos muy puntuales en los cuales notábamos esta relación, pero a partir de las actuaciones de ambos y de los espacios particulares en los cuales manejaban redes (Montesinos tenía un vínculo estrechísimo con el ejército peruano, no lo olvidemos) podemos notar que eso de la jerarquía no era, en todo caso, estrictamente así.
No obstante, hay que admitir que Montesinos se encuentra en una posición más cómoda en este aspecto muy puntual puesto que, en términos formales, es un “subordinado” como él mismo menciona. ¿A qué puede querer apelar? A que pese a la posibilidad latente de que Fujimori sea considerado culpable y condenado por las violaciones a los DDHH, durante su gobierno, Montesinos no reciba una factura muy gruesa debido a que, como subordinado, no tenía otra opción que la de seguir al jefe.
Ahora bien, si muchos de nosotros no le creemos ese cuento (y podríamos ser varios) debemos estar claros respecto a la importancia de demostrar esto en el ámbito pertinente: el judicial. Ello resulta complejo puesto que a partir de suposiciones e incluso el sentido común no podemos condenar a alguien. Lo digo en defensa del debido proceso. Sin embargo, con todo eso, y aunque suene híper idealista, prefiero confiar en la justicia peruana en este caso. No olvidemos que los ojos del mundo están puestos sobre este juicio y a veces de la presión podemos sacar buenos resultados.
Hoy es pues, uno de los picos del juicio que se le sigue a Alberto Fujimori. Es por tanto, un día importante para la justicia y para los DDHH. Esperemos que sea un día provechoso y aleccionador, y no una decepción más para un país que está acostumbrado a resignarse a la corrupción y los atentados a sus propios derechos. Recordémosle a los jueces que este juicio implica mucho más que una condena a un personaje particular; implica en buena cuenta, la reivindicación a un país y la reconciliación del mismo con la democracia.



