¿Qué comparten todas las Limas dentro de la gran Lima? ¿El espacio geográfico, el nombre, el alcalde metropolitano (ojalá no), el clima? Bueno, el clima no pues varias veces una ruta no tan larga nos recuerda que si olvidamos la chompa en casa cometimos un grave error (y viceversa). El espacio geográfico parece ser un argumento muy misio, el nombre es un argumento muy simple y el alcalde uno muy práctico. ¿No se trata acaso de varias Limas?
La música, las costumbres, el lenguaje, la organización ciudadana, los reclamos, las prioridades, etc. demuestran con creces que hablar de una única Lima resulta poco adecuado para conceptualizar nuestra ciudad. Del mismo modo, por extensión, hablar de un único limeño resulta igual de complicado.
A raíz del aniversario de Lima, conversé hace poco con un buen amigo que me repetía que los limeños sabemos solo de nosotros mismos, a menos que hayamos decidido voluntariamente conocer más Lima que la que nos rodea. El centro histórico fue, en su momento, el núcleo de una ciudad que se veía aún pequeña. ¿Podemos hablar ahora de un centro?
“
Del puente a la alameda” es la frase de un excelente vals que nos recuerda algunos años limeños. Ahora podríamos cantar frases muy distintas:
del Mega Plaza a Larcomar o
De Plaza San Miguel a Lima Sur Plaza, o
de Pueblo Libre a la nueva biblioteca nacional, etc.
Nuestra ciudad ha crecido, tal vez de forma caótica pero siguiendo una lógica muy particular.
Lima pluricéntrica la llaman algunos, y con bastante acierto. No hay uno, sino varios espacios compartidos por determinados grupos de limeños que viven en torno a su centro. Estos responden a varias variables, una de las cuales es la del grupo socioeconómico de que se trate.
Ello me recuerda a un comentario de otro amigo que me decía, algo pensativo, que eso de unir grupo social con económico resultaba curioso.
Grupo “socio-económico” tal vez es un término que perdió vigencia. ¿Será cierto? Habría que indagar más al respecto, pero basta decir por lo pronto, que en términos económicos el Mega Plaza nada tiene que envidiar al Jockey Plaza (al otro lado de la ciudad). ¿El público asistente es distinto? Pero, en qué sentido.
Las necesidades básicas y las de entretenimiento se resuelven en un mismo espacio, de este modo parece que si no se sale de un centro por travesura (puesto que no suele ser por necesidad) uno puede vivir cómodo y feliz en el mismo pequeño espacio dentro de una gran ciudad. Claro, en términos laborales, muchos deben trabajar fuera de sus centros y tal vez es ese el factor que dinamice el movimiento en nuestra ciudad, no otro.
Por otro lado, las ideas que miembros de un centro en esta Lima se hacen de miembros de otro centro responden a una serie de prejuicios que pueden resultar verdaderos pero, que al ser asumidos como dogmas siempre tendrán ello de negativo.
Este desconocimiento de un limeño por otros, encuentra también asidero en el hecho de que los centros limeños se hacen cada vez más estrictos. Se trata de una suerte de inflexibilidad invisible y tácita que cierra la puerta a quienes reconoce como intrusos y, de este modo, se restringe la dinámica social entre unos y otros.
Imaginen entonces la dificultad de crear, o imaginar siquiera, un perfil del limeño. ¡Vaya tareita!
Lima se ha configurado como una ciudad sin otro símbolo que la identifique que ese Centro Histórico tan desconocido por muchos. Lima es una suerte de lienzo lleno de pincelazos de colores diversos, fiel a los anuncios de conciertos del
Grupo5 (excelente y recomendado desde este espacio) o
Aguamarina, entre otros. La pregunta es ¿debiera no serlo?
Las migraciones son, definitivamente, un factor responsable de esta pluralidad bajo un mismo cielo gris (y bastante feo, para ser sincera); ello tal vez es lo más rico de Lima. Esta ciudad permite conocer culturas distintas (porque hablar de “microculturas” como algunos, me parece desacertado) en cada distrito o, tal vez, en cada barrio.
Comparar a Lima consigo misma es un ejercicio enriquecedor y ciertamente ilustrativo.
Claro que tenemos miles de problemas por solucionar, sobre todo si se desea garantizar seguridad y bienestar a todos los limeños que responden, desde luego, a perfiles muy distintos; sin embargo, al margen de ello, es preciso reconocer que tal vez en la diversidad está la respuesta.
Tal vez esa sea la razón por la cual para algunos las piletas surrealistas son una estupidez y para otros un acierto. Tal vez esa sea la razón por la cual algunos no sienten enojo cuando el Alcalde de Lima guarda silencio extremo y otros le rogamos que hable y cumpla su papel. Tal vez esa sea la razón por la cual algunos alaban las nuevas propuestas de construcción vial y otros reclaman que las áreas verdes no se vean perjudicadas, etc.
Ello también es democracia.
Ahora bien, al margen de lo distintos que somos entre nosotros, es preciso caminar buscando un mismo objetivo: mejorar nuestra ciudad que cada día alberga a más ciudadanos. Para ello, debemos trazarnos metas claras y prioridades. Solo en el diálogo lograremos poner sobre el tapete nuestros puntos de vista y considerar los ajenos y, de este modo, cada uno será evaluado y se podrá trabajar en pos de una ciudad que es de todos.
En este post no he querido hablar mucho de nuestro Alcalde, puesto que se ha hecho en otros espacios y en este
ya se ha dicho bastante sobre él. La idea a rescatar es el beneficio de nuestra ciudad al contar con la pluralidad que se evidencia en cada espacio. Claro que no será posible gozar de ella siempre que se imponga alguna forma de vida sobre otra y de ello tenemos varios ejemplos. Lo oportuno es contar con todos.
La descentralización debe darse no para que Lima se homogeneice, sino porque es preciso que en todo el país exista igualdad de oportunidades para los peruanos. Quien deseaba ver homogeneizarse esta ciudad, debería considerar nuevamente la idea. Por lo pronto pasearé por el Centro hoy ya que, como muchos, no asisto hace buen tiempo.
Lima, la pluricéntrica, abre las puertas para todos aquellos que deseemos pasar no uno, sino varios buenos ratos. ¿Se unen?