Hoy 15 de octubre, se celebra el Blog Action Day. Un día en que bloggers de todo el mundo deciden, como dice el spot, “cambiar de tema de conversación” para dedicarnos a uno particular y, contando con nuestra herramienta (el blog) lograr alguna diferencia. Este año el tema es POBREZA.
Hablar de este tema en un país como el nuestro no resulta difícil, sino dificilísimo. Tal vez algunos puedan pensar que en un país cuya pobreza es tanta como el nuestro hablar de pobreza es simple pues hay mucho que decir; lo cierto es que si bien hay mucho que decir, uno no sabe bien por dónde comenzar, sobre todo cuando el panorama es triste en un país que queremos tanto.
Entonces ¿de qué se trata hoy?
Hoy se trata de darme el tiempo de pensar sobre la pobreza no como un asunto reducido a las cifras, o a ciertos peruanos, o a ciertos espacios. Hoy se trata de entender a la pobreza como ese síntoma de que algo no marcha bien y que, no queda como síntoma, sino que trae consecuencias. En resumen, no hay algunos peruanos que sufren de pobreza, sino todos.
La pobreza en el Perú se ha vuelto, de un tiempo a esta parte, una escala numérica y un mal que desea ser invisibilizado, en lugar de superado. En el Perú, no son pocos quienes asumen cada mañana, la durísima tarea de sobrevivir con los recursos que manejan y, en muchos casos, con aquellos que generarán aquel día. En el Perú, la pobreza nos da bofetadas cotidianas que de tanto repetirse, han anestesiado nuestras mejillas; pero la tristeza continúa.
Desde hace un par de años (y el anterior en particular), nuestro país está atravesando uno de los momentos de mayor bonanza macroeconómica que hemos vivido. Ello, sin duda, representa una buena noticia para todos los peruanos en general, quienes asumimos lógicamente, que los beneficios de esta macrobonanza llegará a nuestros bolsillos más temprano que tarde. Sin embargo, el panorama cotidiano es algo distinto.
Con el apelativo ridículo de “chorreo” (e incluso goteo he escuchado por ahí) se busca hacer entender a la población que la distribución de la riqueza demorará, pero llegará en algún momento. Ahora bien, el término “chorreo” carga una valoración semántica que no podemos ignorar y esta indica que no habrá acceso cuantitativamente significativo a la riqueza, sino antes bien, algo de acceso. ¿Es eso justo?
No se trata de mirar el tema de la pobreza para callar bocas o simplemente con el objetivo de dormir tranquilos cada noche; es preciso que notemos de una buena vez que las consecuencias de cegarnos ante este hecho solo traerá repercusiones negativas cada vez mayores.
No se trata solo de huelgas, paros y movilizaciones (que de por sí ya son indicadores importantes), sino además de inseguridad, medidas radicales, discursos extremos que encuentren un colchón donde asentarse. Se trata de una cultura social que en este momento, revela que como peruanos no sabemos aún mirarnos a nosotros mismos y solidarizarnos.
Si pasamos por alto la responsabilidad que tenemos, solo lograremos aumentar el efecto. Si, por el contrario, tomamos acción podremos lograr resultados. Una sociedad que sea capaz de mirar sus propios talones de Aquiles, es aquella que podrá combatirlos.
Empecemos pues por reclamar cada vez que veamos que el presupuesto nacional no se encuentra debidamente repartido, hagamos llegar nuestras propuestas, quejémonos, fiscalicemos, participemos, propongamos, discutamos, debatamos, dialoguemos. De esa manera, estaremos asumiendo nuestra responsabilidad y con ello, tal vez, pintemos de colores más alegres nuestra propia historia.
Hablar de este tema en un país como el nuestro no resulta difícil, sino dificilísimo. Tal vez algunos puedan pensar que en un país cuya pobreza es tanta como el nuestro hablar de pobreza es simple pues hay mucho que decir; lo cierto es que si bien hay mucho que decir, uno no sabe bien por dónde comenzar, sobre todo cuando el panorama es triste en un país que queremos tanto.
Entonces ¿de qué se trata hoy?
Hoy se trata de darme el tiempo de pensar sobre la pobreza no como un asunto reducido a las cifras, o a ciertos peruanos, o a ciertos espacios. Hoy se trata de entender a la pobreza como ese síntoma de que algo no marcha bien y que, no queda como síntoma, sino que trae consecuencias. En resumen, no hay algunos peruanos que sufren de pobreza, sino todos.
La pobreza en el Perú se ha vuelto, de un tiempo a esta parte, una escala numérica y un mal que desea ser invisibilizado, en lugar de superado. En el Perú, no son pocos quienes asumen cada mañana, la durísima tarea de sobrevivir con los recursos que manejan y, en muchos casos, con aquellos que generarán aquel día. En el Perú, la pobreza nos da bofetadas cotidianas que de tanto repetirse, han anestesiado nuestras mejillas; pero la tristeza continúa.
Desde hace un par de años (y el anterior en particular), nuestro país está atravesando uno de los momentos de mayor bonanza macroeconómica que hemos vivido. Ello, sin duda, representa una buena noticia para todos los peruanos en general, quienes asumimos lógicamente, que los beneficios de esta macrobonanza llegará a nuestros bolsillos más temprano que tarde. Sin embargo, el panorama cotidiano es algo distinto.
Con el apelativo ridículo de “chorreo” (e incluso goteo he escuchado por ahí) se busca hacer entender a la población que la distribución de la riqueza demorará, pero llegará en algún momento. Ahora bien, el término “chorreo” carga una valoración semántica que no podemos ignorar y esta indica que no habrá acceso cuantitativamente significativo a la riqueza, sino antes bien, algo de acceso. ¿Es eso justo?
No se trata de mirar el tema de la pobreza para callar bocas o simplemente con el objetivo de dormir tranquilos cada noche; es preciso que notemos de una buena vez que las consecuencias de cegarnos ante este hecho solo traerá repercusiones negativas cada vez mayores.
No se trata solo de huelgas, paros y movilizaciones (que de por sí ya son indicadores importantes), sino además de inseguridad, medidas radicales, discursos extremos que encuentren un colchón donde asentarse. Se trata de una cultura social que en este momento, revela que como peruanos no sabemos aún mirarnos a nosotros mismos y solidarizarnos.
Si pasamos por alto la responsabilidad que tenemos, solo lograremos aumentar el efecto. Si, por el contrario, tomamos acción podremos lograr resultados. Una sociedad que sea capaz de mirar sus propios talones de Aquiles, es aquella que podrá combatirlos.
Empecemos pues por reclamar cada vez que veamos que el presupuesto nacional no se encuentra debidamente repartido, hagamos llegar nuestras propuestas, quejémonos, fiscalicemos, participemos, propongamos, discutamos, debatamos, dialoguemos. De esa manera, estaremos asumiendo nuestra responsabilidad y con ello, tal vez, pintemos de colores más alegres nuestra propia historia.




1 comentarios:
Hola, un saludo. Felicidades por tu blog. Puse un link a tu articulo para un post sobre Blog Action Day en América Latina en el sitio de Global Voices. Link.
Saludos!
Eduardo
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