Sin duda alguna, luego el “Petrogate”, escándalo que puso de cabeza al país entero y que sigue trayendo cola hasta el día de hoy, podríamos decir que el precio más caro ya no lo pagan actores muy puntuales, sino también organizaciones. En este caso, claro está que quienes han quedado muy mal parados son los apristas en general, quienes hasta ahora tratan de limpiar la estrella con poca suerte.
Muy al margen de la vinculación de Luciana León con el escándalo (sus contradicciones constantes delatan o su falta de razonamiento, o su nerviosismo extremo basado en la mentira para salvarse), con ella se regresa al tema inicial: ¿quiénes están implicados y cómo? Y la respuesta se pinta más turbia de lo que uno quisiera imaginar.
Si bien la crisis política desatada a partir de los petroaudios y ahora de los petromails, sacó a patadas a varios ministros (incluso aquellos que parecían inamovibles), la respuesta ha sido bastante liviana comparada con lo que los peruanos en general parecen demandar a partir de este hecho tan escandaloso.
Es preciso tener en cuenta que la reacción luego del escándalo puede haber o no sido óptima, sin embargo ello no quita que el escándalo haya ocurrido, así que en lugar de seguir con la cantaleta de “ya sacamos a los corruptos”, deberíamos detenernos (y me dirijo a todos) en la posibilidad de incurrir en actos corruptos con la facilidad con la que ocurrió en este hecho específico. ¿Y si no hubieran salido a la luz los petroaudios?
En el APRA se encuentran varios implicados. Quienes deseen pasar piola están sufriendo tamañas pesadillas pues lo cierto es que entre los peruanos hay un ánimo de rencor y resentimiento profundos hacia quienes se encuentran involucrados con cualquier hecho de corrupción y este fresquito en particular. No importa ya cuán enterados andemos de los últimos correos encontrados, de las últimas evidencias o simplemente de los hechos puntuales; lo que interesa es la palabra “corrupción” que carga, en el caso peruano, un valor semántico tal que se nos irrita la piel y la cabeza apenas encontramos indicios de la misma.
En ese sentido, Lucianita León, con todo y lo carismática que es (porque eso no se le niega), ha perdido mucho más que piso. La miradita inocente y la voz jovial con la cual fomentaba expectativas hasta de los opositores más consagrados, se han diluido en su propio mar de contradicciones, negaciones poco convincentes y apoyo incondicional hacia su padre corrupto, evidenciado en los petromails.
Las cosas son claras. El padre puede ser corrupto y ello no quiere decir que la hija (o el hijo si fuera otro el caso) lo sea también. Ello sería injusto, pero en este caso particular, la vinculación entre Lucianita y su papi se hace cada vez más evidente. Y acá va la chiquita. No importa cuánto quiera a mi “papi”, si me llama, me escribe, me manda señales telepáticas o de humo y me pide que lo apoye en un acto corrupto, me considero lo suficientemente capaz como para decirle, con mucho respeto, que no cuente ni con mi apoyo ni mi silencio. La corrupción y la complicidad no es una cosa de sangre, sino de falta de ética y moral. “Papito, estoy para apoyarte”, por favor…voy al baño, vomito y seguirá dándome asco. Yo también tengo papá, y no por eso me tragaría sus cuentos o peor aún, participaría en ellos.
Bien hace Mercedes Cabanillas en enfatizar el hecho de que cada quien debe asumir sus responsabilidades. En ese sentido, la joven legisladora deberá asumir el suyo.
Este post está bien cargado de rabia, pero los hechos corruptos como este no me permiten eliminar mis propios sentimientos. Se trata de un país en el cual el índice de pobreza es el que debería darnos asco y no la cifra vergonzosa de quienes abusan de su poder y sus cargos para hacerse de más y más dinero, restándole a quienes lo merecen por derecho. Ni mamás, ni papás, acá se trata de valores y ciudadanía. Los peruanos estamos bien cansaditos de los Montesinos, Fujimoris y Leones.




2 comentarios:
Buen post te felicito, claro y sincero. Estamos de acuerdo en no permitir la corrupcion.
Carlos Morales
Lucianita, como es una calabacita, haría bien en acogerse al beneficio de la "confesión sincera" para asi aminorar las consecuencias de sus actos.
Como es una chica poco avezada (y lo digo no por que sea chica ni mucho menos por ser mujer, sino por inexperta), está cayendo en gruesas contradicciones que no hacen sino comprometer su presente político y su credibilidad. Pareciera saber mas de lo que manifiesta y, lo que es seguro, deja traslucir miedo cada vez que un periodista hace alguna pregunta ¿Será que no desea comprometerse más, o no desea comprometer a personas de su entorno?
Si como dice, quiere combatir la corrupción, acogerse a la "confesión sincera" permitiría destapar los entretelones de la red de corruptos que parecen estar alrededor suyo (con o sin su consentimiento) beneficiándose de los dineros de todos los peruanos y a su vez, la liberaría de la enorme presión que parece estar padeciendo dia por dia.
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