Una noticia importante el día de hoy ha ocupado algunas portadas: se sinceran los precios de combustibles. ¿Qué consecuencias traerá esto? Podemos especular algunas.
Veamos primero de qué se trata. En el año 2004, durante el gobierno del ex Presidente Alejandro Toledo, se creo el Fondo de Estabilización del precio de los Combustibles a fin de que cada fluctuación abrupta del precio de los mismos no se sintiera demasiado en el mercado local. Digámoslo en cristiano, cada vez que nos quejábamos del alza de la gasolina, nos quejábamos lógicamente, pero siempre habría podido ser peor puesto que el fondo permitía que el alza fuera menos sentido por todos nosotros.
Ante esto ya muchos pueden decir “¿y ahora que no hay fondo quién podrá defendernos?”. Todavía no entremos en pánico, no es que se haya eliminado el fondo de estabilización, es preciso hacer esta aclaración puesto que no parece haber quedado del todo explícito el asunto. El Fondo se mantiene, el asunto está en que se ha disminuido la cantidad destinada. El día de ayer se ha dejado establecida una modificación para poner límites máximos y mínimos en el fondo, de modo que, aproximadamente 24 millones que se destinaban al fondo semanalmente, pasen ahora a ser destinados a programas sociales.
Ahora bien, va quedando claro que nuestros bolsillos sentirán cierta diferencia, pues es cierto. Los peruanos sentiremos el cambio, pero es preciso también dejar en claro que se trata, a mi modo de ver, de una cuestión bastante saludable. ¿Por qué? Pues, debido a que desde setiembre del 2007 aproximadamente, es de conocimiento público que el precio de los combustibles a nivel internacional se ha mantenido más alto de lo común y mantener un fondo de estabilización como el que manteníamos era en realidad un subsidio. Sí señores, con todo lo que nos asusta escuchar la palabra “subsidio”, sobre todo con el amigo García en Palacio de Gobierno, eso era lo que estaba ocurriendo en la práctica, se estaban subsidiando los combustibles.
Siendo francos, la onda del subsidio no resulta muy adecuada que digamos. Viéndolo en términos muy simples, se trata pues de una suerte de “engaña muchachos” que de algún modo nos tiene medianamente (y por corto plazo) con los ojos vendados. En buena cuenta no pagamos los precios reales y tarde o temprano (generalmente más temprano que tarde) sabremos, con el dolor de nuestros bolsillos, cuál es la diferencia.
Por otro lado, otra ventaja, además de saber a ciencia cierta cómo es la nuez, es que se fomentará realmente el cambio de gasolina a gas natural puesto que la diferencia es cuantitativamente mucho mayor. Sí, yo también lo estoy pensando. Por ello, aunque no con mucha fuerza porque me duele, aplaudo la decisión del Presidente García quien, con todo y la baja popularidad que tiene en estos momentos, se embarca en una decisión que le costará varios puntos.
Finalmente, debo acotar que Juan Valdivia, Ministro de Energía y Minas, peca de recontra ingenuo si pretende que con el siguiente argumento la gente se sienta más feliz: “la reducción permitirá que los recursos que se utilizan en las gasolinas se trasladen a los programas sociales y así atender a la gente en extrema pobreza”.
Por supuesto que queremos que se atienda a la gente en extrema pobreza, pero de ahí a emocionarnos porque nos duele a otros es medio ilógico. Mejor es soportar las cosas como vienen y como son, malestar va a haber, quejas, también. Le pido al Ministro que así como sincera los precios, sincere también sus propias apreciaciones.




0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada