Hace cinco años se entregó el Informe Final de la Comisión de la Verdad, presidida por Salomón Lerner y desarrollada por muchos académicos, intelectuales y reconocidas figuras peruanas, de diversas disciplinas. El resultado de este informe fue no solo una lista de testimonios y cifras ordenadas con sus respectivos responsables, sino una foto que aunque no nos guste, fue un espejo fiel de lo que la sociedad peruana fue en determinado momento de nuestra historia.
Luego de la presentación del Informe Final aquel 28 de agosto de hace cinco años, la polémica respecto a la veracidad del mismo fue grande. El debate no ha cesado y ello en realidad, pese a que sea un asunto agotador, resulta sumamente positivo. Resulta totalmente ingenuo tratar de retratar la imagen de un período de conflicto interno y pretender que todos se encuentren de acuerdo con los resultados arrojados. La oposición de determinados sectores y personas particulares revela que el trabajo realizado fue preciso y que valió la pena. Ese es el primer reconocimiento que debe hacérsele a cada uno de los ex comisionados que participaron en la elaboración de este informe.
Ahora bien, a estas alturas del partido, luego de haber pasado cinco años conociendo los resultados de una Comisión que trabajó a conciencia y con detenimiento durante 26 meses, uno se pregunta por lo avanzado, si es que acaso así puede llamársele y sería injusto afirmar que no se ha avanzado absolutamente nada. Lo cierto es que la conciencia ciudadana respecto a la importancia de los DDHH ha crecido considerablemente. Lo cierto es que los peruanos tienen una mirada más amplia sobre aquel momento que nos tocó vivir. Lo cierto es que reconocemos que el número de víctimas fue realmente significativo. Lo cierto es que no deseamos vivir un contexto como aquel nuevamente, jamás.
Y ¿qué hacemos para evitarlo?
Si bien ha habido logros importantes, sobre todo en lo referido a los avances propios de la sociedad civil y el imaginario compartido, aún falta mucho por recorrer para decir que este trabajo cumplió su propósito. Desde el punto de vista simplista sí podríamos reconocer que el Informe Final logró su objetivo al presentar el balance y punto. Sin embargo, sabemos que el objetivo del Informe no es tan simple como eso pues no solo se detiene en la presentación de hechos y cifras, sino en un pliego de recomendaciones que antes que señalar los pasos a seguir, resalta la importancia de no quedarse con los brazos cruzados.
Cuando uno revisa el Informe Final y repara no solo en las cifras de víctimas, sino también en los responsables y sobre todo en el discurso del responsable mayor: Sendero Luminoso, casi por inercia uno se pregunta también sobre cómo hizo SL para calar tan hondo en muchos sectores de nuestro país. La noticia reveladora entonces, no se limita a la cantidad de víctimas y a nuestro vergonzoso desconocimiento (lo cual nos lleva también a otros análisis), sino sobre todo a esa brecha enorme que existe en nuestro propio país donde por un lado, unos no escuchan ni se enteran de la existencia de otros y donde, por otro lado, algunos consideraron que SL pudo ser una alternativa.
Entonces he ahí dónde uno debe detenerse para especular sobre las fórmulas, nunca muy idealistas, para dejar de lado esa brecha que lejos de morir, sigue vigente. Si hemos aprendido algo de aquellos durísimos años es justamente a no andar con los ojos vendados y es preciso por tanto dejar de lado el dicho “ojos que no ven corazón que no siente” puesto que vendarse los ojos no nos alejará del sufrimiento de todos modos. El ojo llora y sigue lagrimeando.
Pero mientras siga habiendo un único discurso que prime sobre las voces que buscan hacerse escuchar en un país desigual, mientras se siga buscando ignorar que la exclusión y la pobreza son problemas fundamentales en nuestro país, mientras el Estado no decida representar a TODOS los peruanos y no solo a los sectores dominantes, mientras se siga (des)calificando a quienes proponen prestar oídos a quienes tienen algo que decir pero cuyas voces suenan débiles, no lograremos celebrar reales cinco años desde que este Informe Final se presentó.
Mientras sigan sonando las voces resentidas de ciertas instituciones porque se les incluye en la lista de quienes con sus acciones causaron también daños, no avanzaremos mucho. Más lógico y positivo sería admitir que hubo excesos y que ello no implica el debilitamiento de la Institución, sino por el contrario, la humanización de la misma y la identificación con el pueblo peruano y solidaridad con las víctimas y las familias de las mismas. Sería mucho más beneficioso, pero habría que ponerse la camiseta.
Hoy se cumplen cinco años desde la entrega del Informe Final de la CVR, pero seguimos esperando que no se acabe en el día de hoy el aniversario, sino que dure todo este nuevo año que siempre puede pintarse más optimista que el anterior. Esperemos entonces que el día de mañana sigamos recordando para no repetir los mismos errores. Que sea entonces el quinto año del recuerdo y que siga durando…




1 comentarios:
"Mientras sigan sonando las voces resentidas de ciertas instituciones porque se les incluye en la lista de quienes con sus acciones causaron también daños, no avanzaremos mucho"
A ver, ¿con qué autoridad moral la izquierda ahora exige disculpas a aquellas instituciones como las FF.AA y la Policía que enfrentaron al terrorismo en defensa de todos los peruanos?, ¿alguien ha vista a la izquierda pedir perdón por sus errores y horrores del pasado?; esos izquierdistas que en los 70s y 80s hablaban de tomar el poder por las armas, de que “el poder nace del fusil”, que despreciaban las libertades democráticas y a sus instituciones, que guardaron un silencio cómplice frente a Sendero Luminoso y que nunca terminaron de deslindar tajantemente con él , ¿alguno nos ha pedido perdón a los peruanos?; pues no.
Que la izquierda peruana aprenda a ver la viga en el propio ojo, antes de andar señalando en sus CVR la paja en el ojo ajeno.
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