lunes 14 de julio de 2008

Cinco estrellas


En el Congreso la cuestión está muy ardiente. Si aún no ha habido puñetes y bofetadas en el hemiciclo es por un factor que de cuando en cuando aparece en la política peruana: un milagro. Sin embargo, no estamos lejos de presenciar una de las elecciones a la Mesa Directiva más difíciles durante este régimen debido, entre otras cosas, a la movilización constante e impredecible de las bancadas congresales que si bien no tienen mucho de constantes, tienen votos que pueden definir la contienda.

Ahora bien, la cuestión no se limita a la elección de la Mesa Directiva del Congreso. La razón por la cual los padres de la patria están asumiendo esta elección con más pasión (porque no sé si realmente hay mayor responsabilidad) es porque el Congreso como institución que forma parte del sistema democrático que nos rige, ha recibido una especie de tarjeta roja por parte del Ejecutivo. ¿A qué me refiero? Al paquete de normas y decretos promulgados por el Ejecutivo que considera que bajo el amparo de las facultades que le delegó el Congreso, puede saltarse esta entidad como le venga en gana.

Lo cierto es que las facultades fueron otorgadas para un asunto específico: normas necesarias para la implementación del TLC. No obstante, una serie de normas y reformas realizadas, no se relacionan directamente con el TLC y juegan antes bien, como un grupo de reformas que el Ejecutivo deseaba realizar y no sabía cómo hacer para promulgarlas. Ahora tiene la excusa perfecta y, como era de suponer, no dejó pasar la oportunidad.

La semana pasada conversaba con un profesor de Ciencias Políticas de la PUCP y muy buen amigo mío y me comentaba que en la época en que fue senador ello jamás hubiera ocurrido. La sola idea de que un Presidente se mandara con un paquete de normas y decretos tan amplio hubiera causado una repercusión impresionante, sobre todo dentro del mismo Congreso. Ahora la situación es lamentablemente distinta. La cobertura mediática solo duró un par de días pues la discusión sigue centrada en la Mesa Directiva del Congreso y el “vladispot”. ¿Y el paquete de reformas qué? ¿Lo dejamos pasar como si nada hubiera pasado?

Este es todo un tema sobre el cual debiéramos estar más enterados. Por lo pronto, en las elecciones a la Mesa Directiva del Congreso se juega un poco la reacción de esta institución ante esta decisión del Ejecutivo. En la medida en que una lista opositora alcance la Mesa Directiva, se habrá dado un mensaje al Presidente García; sin embargo, y no lo digo por pesimista, algo me dice que el mensaje no debiera ser tan tibión. Si bien las elecciones se acercan a paso veloz y la atención de los legisladores se centra en ellas, la reacción frente a la imposición de estas normas no debiera hacerse esperar. Es preciso que los legisladores, por lo menos cada bancada, se pronuncie al respecto.

No podemos negar que las elecciones son importantes, pero no vaya a ser que se dejen de lado sucesos importantes que merecen más atención de la que han recibido.

Por otro lado, lo ocurrido el día de hoy en el Congreso ha revelado que el contexto por el cual atraviesa el hemiciclo ha resentido de pies a cabeza a ciertos congresistas. Parece imposible que exista un debate medianamente alturado pues, por el contrario, todos desean hacerse notar en todo momento y posicionarse (porque ahora eso vende) como los representantes de la oposición. Para ello, qué mejor momento que durante la presentación del Premier Jorgito del Castillo.

Los gritos, las miradas amenazantes, los ojitos resentidos, la tosecita delatora, etc. no se hicieron esperar. Muy por el contrario, estuvieron a la orden del día y con ello, ya tenemos otro escandalito congresal que nos recuerda que las elecciones de la Mesa Directiva se acerca, que las posibilidades de que la oposición logre alcanzar la meta siguen siendo pocas, que el Congreso sigue siendo una institución que no goza de legitimidad y que, encima de todo eso, tampoco de fuerza puesto que el Ejecutivo se ha propuesto dejarlo de lado.

Entonces, ¿no le diremos nada el Presidente García? Se le pasó la mano ¿no?