Cuando ingresé al Conservatorio Nacional de Música no pensé en otra cosa que en las miles de partituras valiosísimas que caerían en mis manos a partir del mes de marzo. No me equivocaba, puesto que los temas corrían a diestra y siniestra; sin embargo, no advertí el real significado de ingresar a esta institución. Tenía 15 años y entre las tareas del colegio y las prácticas diarias en el piano de mi casa transcurrió, sin duda alguna, el mejor año de mi vida.
Desde que entraba, las notas de instrumentos muy diversos copaban el espacio. Parecía haber una única regla: no hacer silencio, a menos que este también sea musical. Los compañeros, los maestros y las tareas eran sumamente distintas a aquellas a las que me encontraba acostumbrada. Mis amigos tocaban en cuanto lugar fuera posible, desde los pasillos hasta las escaleras y todos los lunes y miércoles, desde las 4pm podíamos escuchar el ensayo de la orquesta en el primer piso.
El mundo musical no es muy conocido y ello se debe, en buena cuenta, a que no nos damos la oportunidad de verlo. El conservatorio está ahí, hace 100 años, y por sus aulas no solo han pasado grandes figuras de la música actual, sino que cada día, los alumnos demuestran aquello que puede resumirse en la siguiente palabra: talento.
En muchas ocasiones, los alumnos del Conservatorio hacen verdaderos viajes interprovinciales para llegar al Centro de Lima que, curiosamente, no es EL centro de la ciudad. Se enfrentan a diario a la inseguridad propia de las calles limeñas, pero no les importa el reto siempre que puedan luego disfrutar de aquello que realmente les gusta: la música.
Recuerdo que quienes me enseñaron lenguaje musical, audición, agrupación coral, armonía, y piano, fueron más que profesores: fueron maestros. Gerardo Constantini, mi profesor de piano y mi padre de la música, llegó a clases siempre con una sonrisa, listo para criticar los pasos en falso que daban mis dedos y para reconocer cuando había estudiado. Con la música no se puede mentir, al menos yo nunca pude hacerlo. Era evidente cuando le había dedicado tiempo a determinada pieza y cuando, simplemente, no la había podido dejar de tocar.
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El Conservatorio Nacional de Música ha cumplido hoy 100 años de fundado y ha sido condecorado por el Presidente del Congreso, Luis Gonzales Posada. Cabe resaltar este reconocimiento puesto que, hace buen tiempo, se espera reconocimiento hacia las instituciones que asumen tareas como las que el Conservatorio asume a diario. La formación de muchos niños, niñas, jóvenes y adultos, en uno de los artes más sublimes, es sin duda una labor ardua y responsable. El Conservatorio se ha desempeñado en dicha labor desde hace nada menos que 100 años y la condecoración le cae a pelo.
La ley que, en palabras del Presidente del Congreso no tiene ninguna objeción, es una iniciativa cuya aceptación debiera haberse dado hace mucho tiempo; sin embargo, nunca es tarde para realizar aquellos ajustes necesarios y justos. Los alumnos del Conservatorio estudian durante cinco años diversos cursos relacionados con la música en general, desde lectura del pentagrama, hasta cursos grupales como cuarteto de cuerdas, orquesta o agrupación coral. La exigencia, además, puede parecer poco convencional para muchas personas pero es suma. ¿Por qué no otorgarles el grado de bachilleres? ¿Acaso no merecen el rango universitario? Claro que sí. En la práctica es la Universidad de la Música.
Sin embargo ello tampoco basta. Muchos alumnos del Conservatorio estudian responsablemente y disciplinadamente durante varias horas al día en un espacio que, lamentablemente, necesita crecer y no tiene a dónde. Se han improvisado algunos salones que, por suerte, resultan funcionales en este momento, pero que debieran también responder a una planificación detenida. La cantidad de alumnos que alberga este espacio crece cada año y ello revela un interés creciente en nuestro país por la música académica, la música como profesión.
Pero resulta preciso invertir en educación y en educación musical también, obviamente. Así como se resalta la importancia de invertir en la capacitación de docentes, en la infraestructura en entidades educativas, en la elaboración de un mejor Diseño Curricular Nacional, etc. es preciso también mirar otras áreas que se relacionan directamente con la educación. La música, la pintura, la escultura, el deporte, etc. son también áreas importantes en el desarrollo integral de las personas y por ello merecen la misma atención.
100 años desde la fundación del Conservatorio Nacional de Música. Ha sido una noticia que además de dibujarme una sonrisa en la cara, me hizo revivir recuerdos de muchos tipos, con personas maravillosas con quienes mantengo una amistad sólida hasta ahora y a quienes recordaré siempre. Evidentemente, todos los recuerdos vienen con banda sonora incluida. ¡Salud!




1 comentarios:
Tuve la suerte de conocer el Conservatorio gracias a mi hermano, que este año hizo un curso de guitarra durante el verano. El empeño que ponen los profesores y alumnos para salir adelante en condiciones adversas como las de infraestructura y costos es realmente elogiable. Hacer música en el Perú no es una tarea fácil, pero bien por el Estado que saque una Ley que comience a darle a la música la importancia que merece.
Y ojalá esto venga acompañado de recursos y del apoyo de la empresa privada.
Felicitaciones al Conservatorio, a sus profesores, sus alumnos y a sus ex alumnos que, como tu, han puesto todo su talento y trabajo para que las notas sigan sonando.
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