viernes 20 de junio de 2008

¿Hasta cuándo?


El sur de nuestro país estuvo más que movido durante estos últimos días. Finalmente, el Premier del Castillo logró dialogar con autoridades moequeguanas, sin embargo como apunta Álvarez Rodrich el día de hoy, la forma en cómo se logró ha sido bastante triste y deja el mal sabor de inestabilidad política y falta de mecanismos de acción estatal, a todos los peruanos. Ante ello, ¿quién es el culpable?

La pelota responsable ha sido lanzada de un extremo a otro, desde el Ejecutivo, hasta los moqueguanos, pasando por las empresas, los Congresistas y los Ministros. Parece haber un consenso solo en el hecho de que nadie desea asumir responsabilidades y, francamente, ya estamos acostumbrados a eso. Ahora bien, antes de iniciar una lista con todos los nombres de posibles responsables, resulta siempre más preciso resaltar los pasos a seguir para que este tipo de hechos no se repitan.

La demanda por una mejor distribución del canon minero no es nueva. Este punto es crucial puesto que revela, por enésima vez, la falta de previsión que tiene el Estado frente a cualquier situación similar (y no tanto). De reacción en reacción, uno empieza a preguntarse si acaso quiénes nos representan y ocupan cargos importantes en el país, tienen alguna idea sobre los pasos que deben empezar a cubrirse para que en el Perú la posibilidad de movimiento social frente a demandas puntuales, disminuya. Sinceramente, lo dudo. ¿Alguien está previendo que no ocurra esto nuevamente en otra parte del país? ¿Se ha hecho algún estudio de los espacios nacionales en los cuales el conflicto puede ser similar?

Por otro lado, y esto también es importante, se ha mencionado la poca capacidad de gasto que se tiene al sur del país. Acá es preciso mencionar que una cosa es papa y otra, camote. Si bien a partir del canon recibido el gasto no es sustantivo, la demanda por mayor cantidad no parte de la inquietud sureña por gastar más, sino por recibir de manera más justa. No estoy emitiendo ningún juicio de valor al respecto de este punto, pues solo quiero resaltar la motivación de la demanda pues mirándola desde una óptica errónea solo conduce a entorpecer, aún más, el diálogo.

Ahora bien, el tema de la protesta legítima volvió a ponerse en vitrina y resulta alarmante que cada vez que ocurre una protesta o algún movimiento que busca cambiar un asunto puntual, vuelva a hablarse de la legitimidad del uso de armas. Este no puede ser un tema cotidiano en un espacio democrático (por más débil que este sea) de cuando en cuando. La naturalidad con la cual se discute sobre este asunto solo revela que existe una idea compartida respecto a la imposibilidad de dialogar y con ello ya estamos fregados.

El día de ayer almorzaba con una muy buena amiga quien me comentaba que lo peor que uno puede hacer es iniciar relaciones con un pie en la desconfianza pues de arranque estás declarando que no crees en la posibilidad de dicha relación. Yo creo que algo similar ocurre con las protestas. Si se permite el uso de armas y la protección de quienes las usen en contextos determinados, estamos declarando que desde que inicia una protesta, se tiene que llegar a la violencia porque, lamentablemente, el diálogo no funciona. ¡Por favor!

Se trata de seres humanos criticando aspectos puntuales y proponiendo soluciones que consideran pertinentes. Ahora bien, eso no quita que las formas también hayan sido bastante extendidas y en ese sentido, también le cae un coscorrón a quienes han violado los derechos humanos en pos de una protesta que es legítima sin llegar a esos excesos. Lamentablemente, con dichos hechos solo se deslegitima una posición que es importante per sé y que, por ello, no debería caer en los excesos mencionados.

Y aquí entra un punto central respecto a la noción generalizada de que sin escándalo uno no es escuchado. ¿Acaso si el puente Montalvo no hubiera sido tomado, las autoridades hubieran escuchado las demandas sureñas? ¿Acaso se habría considerado la posibilidad del diálogo con los moqueguanos? ¿Acaso nos hubiéramos enterado en Lima de la dimensión del descontento al sur del país?

Y esta última pregunta es crucial y lamentable. Acá en Lima seguimos construyendo mentalmente una realidad peruana que no existe. Una realidad que se asoma con noticias como esta última y que solo cuando llega a niveles críticos, se revela tanto en medios como en nuestros propios discursos. Si existe la noción generalizada líneas arriba, ¿acaso este será la última protesta que llegue a estos extremos? Creo que sabemos la respuesta.

¿Hasta cuándo seguiremos reaccionando en lugar de prever?
¿Hasta cuándo seguiremos esperando el momento crítico para dialogar?

Hay, sin duda muchas preguntas más, pero seguiré con esta terquedad positiva cuando pensamos en nuestro país:

¿HASTA CUÁNDO SEGUIREMOS SIN MINISTERIO DEL INTERIOR? ¿HASTA CUÁNDO SEGUIRÉ ESCRIBIENDO SOBRE LUIS ALVA CASTRO?

Y no pregunto porque me canse de hablar de él, puedo seguir borrando huellas dactilares por este sujeto, pero ahora se borran también sonrisas al interior del país (de nuestro país) por irresponsabilidad e incapacidad de un sujeto cuyo mayor mérito es ser amigo del Presidente. ¿HASTA CUÁNDO?

3 comentarios:

Causita dijo...

La ineptitud de un Ministro hace daño no solo al pais mismo, sino que esto nos afecta ante la comunidad internaciona.

Y seguimos con esa pregunta ¿HASTA CUANDO?

Julio dijo...

hasta que no exista una prensa independiente (o se acerque a independiente) los incompetentes, corruptos y homicidas culposos que no solo estan instalados en el ministerio del interior, seguirán haciendo de las suyas.

Anónimo dijo...

Completamente de acuerdo contigo en la falta de previsión de este gobierno. Lo de Moquegua estaba anunciado desde todas partes. Ahora bien, hay un tema que nos ha tocado a fondo y es el de las fuerzas del orden. Resulta que hemos pasado de una represión absoluta, con asesinatos y desapariciones a una policia que no puede desbloquear una via. He escuchado a militares decir que lo que pasa es que luego de la cvr ha habido todo un proceso de desprestigio y deslegitimación hacia las fuerzas del orden, en concreto, ya no hay quien se atreva a meter bala (menos mal) porque tienen miedo a que venga un caviar con un juicio por derechos humanos.
Es una mierda en verdad, ni lo uno ni lo otro es lo deseable.
¿Cuándo encontraremos el justo medio? (o por lo menos algo que se le parezca)
Farah