sábado 12 de abril de 2008

Sucedió en el Perú


El día de ayer, por extrañas y diversas razones, estuve manejando por el centro de Lima o, tal vez sería más preciso decir, “tratando de manejar”. Si bien, dicho distrito no se caracteriza por el orden, el respeto a las señales de tránsito, a los policías, a los peatones y etcéteras; el caos durante estos momentos es bastante más insufrible que antes.

Tal vez el sol terco de este verano tenga que ver con la agónica tarde de ayer por el centro histórico; sin embargo, me cuesta pensar que todo se deba al solcito particular de este 2008 pues, echarle la culpa al gringo, sería como echarle totalmente la culpa del alza de precios a los acontecimientos internacionales (sin alusiones personales).

En otros espacios se ha reflexionado respecto a la cantidad abrumadora de obras simultáneas que se han iniciado en nuestra capital. Son más de diez distritos (bastante más) los que vienen desarrollando obras de reparación de pistas y calles, lo cual, evidentemente, representa una alteración de la dinámica interna de cada uno de ellos.

La justificación para estas obras es bastante conocida: las cumbres. Y claro, como no podemos estar “atrasados” o “impidiendo el progreso del país” (ojo con las comillas), debemos permitir que dichas obras, pese a los estragos que causen, se desarrollen a diestra y siniestra; total, es importante que nuestro país se vea como un espacio armonioso en el cual todos cooperamos para que, por lo menos, los amigos visitantes no se quejen por las pistas.

Y con dicho discurso, callamos en muchos casos, nuestra molestia por la falta de respeto y tino que muchos alcaldes han tenido al programar (si se puede considerar que existe algún plan programático) este tipo de obras simultáneas.

Aquí solo quiero hacer una ligera anotación.
El Presidente ha reiterado la importancia de que el Perú sea sede de estas cumbres, importancia que no resto, pero la pregunta es ¿realmente estábamos preparados para esto? ¿La gran movida por mejorar nuestra infraestructura capitalina no indica que eso de “estar preparados” no era del todo cierto? ¿Basta acaso con presentar calles bonitas y áreas verdes si, por el otro lado (ese que es bien amplio) muchos ciudadanos andan descontentos porque se sienten excluidos y cuando quieren participar en las “cumbres alternativas” se les tilda de atrasados?

En fin, hecha la anotación, sigamos con la anécdota.

Si hay algo de lo cual nos jactamos muchos peruanos, es de nuestra capacidad creativa, la cual nos libra de las situaciones más penosas. Tal vez esta creatividad nos permite, tanto en un plano individual como colectivo, superar una serie de obstáculos que, al margen de si debieran estar o no ahí, muchas veces nos hacen pensar “si no lo hago yo, ¿quién lo hace?”.

Es con esta motivación que nos enfrascamos en una serie de proyectos, grandes o pequeños, que a la larga, al mejor estilo peruano, nos prueban que somos capaces de superarlo casi todo. Ello parece positivo, sin embargo, en algunas ocasiones puede resultar injusto pues, en la base del obstáculo al cual nos enfrentamos, muchas veces podemos encontrar elementos que pudieran haber sido evitados si los encargados hubieran estado más atentos.

Aterrizo la idea para dejar de hablar en abstracto. El caos impresionante del día de ayer, resultaba sin duda alguna, perjudicial para todos los que tuvimos que aventurarnos a transitar por dichas calles, o remedos de calle. Ante tal situación, no faltaron una serie de reacciones. Algunos decidieron reventar sus cláxones a punta de palmazos, otros optaron por sacar la cabeza por la ventana y gritar “¡¡¡avaaaaaaaance!!!” (a pesar de que no había dicha posibilidad), algunos pocos solo subieron las lunas y se desconectaron del barullo generalizado (para lo cual era preciso tener aire acondicionado en el auto, pues de lo contrario era suicidio), etc.

Y seguro acá algunos pensarán que en la jungla eso de pensar en el otro, cultura solidaria, vía preferencial y demás rótulos simpáticos, era una imposibilidad total. Bueno pues, uno siempre puede sorprenderse.

He tenido varias experiencias no muy felices con algunos conductores de combis, microbuses, custers (o como se escriba) y taxis. Sin embargo, eso de los paradigmas sociales puede ser un gran engaña-muchachos si no estamos dispuestos a cuestionarlos. ¿Por qué lo digo? Pues porque ayer me quité el sombrero ante la actitud responsable, solidaria y política, en el sentido de la “toma de acción frente a situaciones colectivas” (cualquier otra acepción no viene al caso) de los conductores de microbuses, taxis y combis.

Fueron varios los que dejaron sus vehículos para asumir el rol de policías de tránsito quienes, en algunos minutos no tan cortos, lograron idear dos rutas alternativas para descongestionar esta situación. Sin pitos ni uniforme, solo con el firme propósito de solucionar un problema, basándose en la colectividad y el sentido común lograron, dentro de todo, mejorar el panorama.

Sin duda, ellos también lograron un beneficio personal al descongestionar el espacio puesto que así, podían continuar con sus labores cotidianas y, digo esto pues muchas veces se minimizan las intenciones de otros solo por no considerarlas solidarias ya que se trata de un “beneficio personal” y eso me parece, francamente, injusto.

Las actitudes solidarias ayudan tanto a unos como a otros. No se trata de que el solidario debe perder para que otros ganen, sino de acciones colectivas que permitan una relación de “ganar-ganar” con el otro. ¿Hasta cuándo seguiremos pensando que para ganar nosotros tiene que perder alguien?

El día de ayer sentí que existía ese afán cooperador que permitió que, pese al mal rato de la hora de congestión vehicular, el regreso a casa sea optimista.

Cabe, sin embargo, mencionar que los ciudadanos suplieron deficiencias que tienen responsables con nombre y apellido. Las autoridades no previeron estos casos extremos a tal punto que además de la congestión que en sí resulta un gran problema, no hubo un solo policía en dicho lugar.

Está bien que los peruanos seamos creativos y que, además, ejerzamos la solidaridad y cooperación en momentos críticos; sin embargo, de ahí a olvidarnos que se trató de un gravísimo error por parte de la autoridad, hay un gran trecho.

De eso no nos olvidemos y tampoco de la actitud de los conductores quienes nos sorprendieron gratamente a todos.



(Gracias a Gus por compartir esta historia)