Este ha sido un largo fin de semana de gripe, fiebre alta, ronquera vergonzosa y estornudos inoportunos. Por suerte el mal rato pasó, así que puedo decir que ganada la guerra a esta gripe fatal, regreso a pintar canas como de costumbre.
Hace algunas semanas, le dediqué un post a las mal llamadas “anti-cumbres” y, propuse además que fueran denominadas “cumbres alternativas” ya que dicho rótulo engloba mejor (aunque no totalmente, ello es obvio) la idea tras la realización de las mismas.
Ahora bien, sería ingenuo pensar que el prefijo poco inofensivo “anti-“ fue producto de una casualidad social o lingüística. Es evidente, que dicha denominación esconde (o, por el contrario, evidencia) un discurso gubernamental que mantiene vigencia casi desde los primeros días de este segundo gobierno de García: patadita a la pluralidad.
La vida en democracia implica, aunque a veces no se tenga claro, la interacción entre actores que en ocasiones resultan antagónicos o simplemente, distintos. Dicha interacción debe (aunque suene ideal) desarrollarse en un espacio que permita la coexistencia de posiciones diversas y, por tanto, el respeto de quienes defienden tal o cual postura.
Cuando se habla de una democracia débil en el Perú, no hay referencia única al hecho de que nuestro contexto electoral resulte de lo más pintoresco, por decirlo de algún modo. De hecho, la debilidad y fragilidad de nuestra democracia se asienta, en buena cuenta, en el hecho de que por un lado, la participación de la sociedad civil no es mucha o no tiene la repercusión que debiera y, por otro lado, la pluralidad de posturas no es aún una práctica cotidiana.
En un gobierno autoritario, la oposición existe, pero hasta donde el gobierno lo permita. La idea de “represión” resulta tentadora en estos casos pues, a la larga, aquel que ejerce el poder desea, como es obvio, no tener muchos contrincantes (o ninguno, si es posible). Pero en un ambiente democrático, el desarrollo de dicha represión resulta fuera de lugar, puesto que el sistema de gobierno democrático se construye en la pluralidad.
¿Y qué pasa acá?
Que la represión se hace “caleta” (para ir a tono).
Si hay una constante en la actitud gubernamental respecto a las posturas discrepantes, es la patadita. Cada vez que algún actor, sindicato, movimiento organizado, agrupación o, en excepcionales ocasiones, partidos políticos se pronuncian contra alguna medida del gobierno, acaban pateados en el sentido más “aprista” del término.
Llueven los adjetivos (des)calificativos, y los argumentos ad hominem que, a la larga buscan ridiculizar (y exterminar) la voz disonante. ¿Se logra? A veces. Tratar de cerrar la boca del otro a patadas, puede terminar cobran un costo elevado.
He regresado a este tema pues me enteré hace poco de que la “cumbre social de los pueblos” (la cumbre que se dará en paralelo a las cumbres oficiales ALC-UE y APEC) se encuentra resolviendo un problema de local debido a que, el gobierno aprista siempre tan respetuoso de la pluralidad de ideas y del debate alturado, ha decidido cerrarle todas las posibilidades.
Sinceramente, no me extraña que ello haya ocurrido puesto que los antecedentes permiten predecir cómo actuará el gobierno respecto de estas iniciativas; sin embargo, no estaría nada mal evaluar dos aspectos importantes: imagen gubernamental y reacción.
¿Qué pasaría si el gobierno diera las facilidades para la realización de esta cumbre alterna? La imagen del gobierno sería la de uno democrático, tolerante y respetuoso con las iniciativas sociales. Por otro lado, podrían comprometerse con apoyar la realización de dicho evento e incluso garantizar su seguridad. ¿Es mucho pedirle a García que se dé cuenta de lo positivo que podría resultar, incluso para él?
Por otro lado, ¿no prevé el señor Presidente la reacción de quienes participarán en dicha cumbre alterna? Se trata de un evento que busca la participación de la sociedad civil y los movimientos sociales en un contexto tan importante como el de las cumbres internacionales. Si siguen las trabas para conseguir el local que necesitan, puede haber ello resultaría muy negativo para el país.
¿El Ministro del Interior ya previó eso? Creo que no es necesario que explicite mi posición. Si bien el gobierno podría ratificar su idea de “revoltosos y anti-progreso” (¡qué tal roca!), el precio alto lo pagaremos los peruanos dado que nuestro país estará en la mira del mundo y, por otro lado, se perderá la oportunidad de que la ciudadanía participe en esta iniciativa.
¿Acaso no tenemos derecho de participar? Digo, hasta donde me acuerdo, vivíamos en democracia, ¿o no?




2 comentarios:
Un pequeño comentario a tu definición de Democracia:
"La vida en democracia implica, aunque a veces no se tenga claro, la interacción entre actores que en ocasiones resultan antagónicos"
Cuando hablas de democracia debes definirte sobre que realmente estas hablando, sobre el poder de la mayoria?.
Ahora, desde mi punto de vista la democracia moderna no representa a la mayoria(y aca me puedes decir y las elecciones, qué son? etc., pero no es el tema de tu post)
Garcia, justamente se ampara en lo que señalas que la democracia es una interacción de posiciones antagonicas. En la cual, claro esta, el representa a la "supuesta" mayoria que lo ha investido de poder. Es con ésta autoridad que el procede a la represión que no es NADA ASOLAPADA.
Tímpano:
La democracia no es el poder de la mayoría, pues; ese es un error frecuente. Tampoco debe "representar" a la mayoría La mayoría decide quiénes gobiernan pero no puede decidir qué es bueno y qué es malo, qué es verdadero y qué es falso, quién es inocente y quién es culpable, qué se enseña en la universidad o quiénes reciben prebendas del Estado. Eso no es democracia, sino populismo, el gobierno del tirano apoyado en las masas (es lo que Borges llamaría con mucha razón "el abuso de la aritmética"). La democracia es un sistema de poderes independientes y de garantías constitucionales. Y es justamente lo que no tenemos.
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