miércoles 2 de abril de 2008

El habla libre


El Presidente Regional de Puno se ha convertido durante las últimas semanas, por sendos motivos, en la autoridad regional más sonada. En un contexto como el nuestro, en el cual el centralismo de noticias y personajes es sumo, la presencia mediática de autoridades del interior del país resulta interesante. Más interesante aun, es el porqué de esta aparición.

En este espacio (como en varios otros) la reacción por las declaraciones de Hernán Fuentes respecto a la intención de poner en vitrina una posible independización de Puno (ahora con matices) fue de sorpresa y preocupación. Dichas afirmaciones provocaron una ola de comentarios contraria a su posición y en defensa de la soberanía nacional; sin embargo, cabe revisar otros aspectos interesantes que se me vinieron a la cabeza hoy, durante una clase de Ciencias Políticas.

Creo que a estas alturas está de más decir que soy una defensora de la democracia. Ahora bien, siempre cabe preguntarse, cuando se hacen este tipo de afirmaciones, ¿qué es aquello que defendemos con tanta pasión?; en este caso, la pregunta por más terrible que parezca sería ¿qué es la democracia? O ¿a qué nos referimos cuando hablamos de ella?

No tengo la intención de esbozar una teoría sobre el sistema democrático, lo cual es muy interesante y puede ser un tema pendiente para otro post; por ello, con riesgo de sonar simple (y pecar por ello) trataré de asignarle algunas características. Concibo la democracia como el sistema gubernamental en el cual se aceptan y respetan las opiniones de los ciudadanos. Se trata de un sistema que recoge las inquietudes y propuestas de quienes son representados; existe un poder civil que no solo es ejercido en períodos electorales, sino siempre.

Hago hincapié en lo siguiente: las opiniones divergentes son aceptadas y reconocidas como válidas siempre que se conciben como posiciones relativas, propias de las subjetividades de cada individuo. La tolerancia y el respeto son valores que subyacen al desarrollo democrático y condición para su funcionamiento.

Al margen de lo débil de nuestra democracia, podríamos afirmar que, a grandes rasgos, nuestro sistema presenta, al menos en buena parte, estas características. Sin embargo, regresando al caso de Fuentes, uno se repregunta sobre estas características.

Si la democracia se desarrolla en la aceptación de la diversidad, ¿cómo explicamos las posiciones tan dogmáticas frente a ciertos asuntos?

Hoy, en clase de Introducción a las Ciencias Políticas, Rolando Ames comentó acertadamente que en nuestro país, como en tantos otros, surge con facilidad la idea de verdades absolutas o posiciones compartidas y asumidas como irrefutables.

De algún modo, ha habido un consenso tácito respecto al “error” de la propuesta de Fuentes. Este consenso se ha evidenciado tanto en la reacción del gobierno y personajes allegados, como en los medios de comunicación y, en consecuencia, en la ciudadanía.

Y acá va la pregunta ¿no se trata de una posición distinta que, dentro de nuestro contexto democrático, debiera ser respetada? (Ojo, no he dicho asumida como correcta o compartida, sino respetada).

De más está decir que discrepo tanto con la propuesta como con la actitud de Hernán Fuentes; sin embargo, ello no debe impedirme (nos) reconocer en el a un ciudadano con derecho a opinar aún cuando varias demandas enturbien su historial y sus ocurrencias nos parezcan descabelladas. A mí, por lo menos, me parecen de lo más descabelladas, pero no por eso lo voy a insultar o algo por el estilo.

Este asunto resulta importante pues debemos recordar que así como exigimos respeto por parte del gobierno, debemos exigirlo en nosotros mismos. No seríamos coherentes si pidiéramos que García deje de despotricar contra sus adversarios, mientras nosotros nos lo permitimos con los nuestros (entiendo por “adversarios” a aquel que opina distinto. El sentido peyorativo del término no viene al caso).

Entonces, ¿qué hacer?
Cambiar de estrategia.

Para transmitir nuestro punto de vista y propiciar que sea aceptado, es preciso defender nuestra posición basándola en argumentos lógicos y convincentes, pero no en ataques al otro.

Todo esto puede sonar obvio (y también medio idealista), pero en casos como este, en el cual LA postura generalizada es solo UNA, olvidamos argumentar y nos quedamos ene l ataque superficial y desubicado.

Todos somos libres de dar nuestras opiniones y propuestas, así como todos somos libes de aceptarlas o refutarlas. Solo en el reconocimiento del otro como un sujeto con ese derecho, fortaleceremos la democracia que sentimos tan débil, justo porque aspectos como este aún no quedan del todo claros (al menos no en nuestras acciones).

Los medios de comunicación, como poderes fácticos en la sociedad, podrían encabezar este esfuerzo. Es preciso presentar la pluralidad de ideas y luego tomar partido o, en todo caso, ser sincero y afirmar que defendemos una postura y no otra, pues la otra no nos convence.

Con todo lo anterior, queda dejarlos con un post que escribí hace algunas semanas respecto al comportamiento Fuentes. Dejo evidenciada mi discrepancia con el Presidente Regional, pero que quede sustentada en argumentos (clic aquí).

1 comentarios:

GUILLE da MAUS dijo...

Las ideas de federalismo y mayor autonomía no son en realidad el problema porque, despues de todo, son interesantes pues nos remiten a un proceso que debe darse. Justamente allí comienzan los problemas con lo dicho con Fuentes: es obvio que la suya no es una propuesta sino una ocurrencia que surge de enmendar y disfrazar otros intereses a los cuales el claramente esta suscrito.
Por el contenido os conoceréis. ;-)