No es la primera vez que hago hincapié en la necesidad de actuar de manera preventiva y no solo reactiva. Ello no solo en casos en los cuales las consecuencias resultan sumamente costosas, sino en general. Debería ser un estilo de vida.
No es la primera vez, tampoco, que la poca capacidad efectiva en el Ministerio del Interior, por garantizar la seguridad ciudadana queda evidenciada. Hace algunas semanas, en Satipo, dos policías murieron a manos de presuntos narcoterroristas. Esta vez, una nueva emboscada ocasionó la muerte de Marisel Solier Gavilán (policía) y dejó heridos a seis efectivos.
No es la primera vez, tampoco, en que muchos peruanos nos preguntamos por el “deber hacer” frente a casos como este. No es la primera vez que sumamos nombres de ciudadanos a la lista de muertos en esta agresión narcoterrorista. No es la primera vez que pedimos que el Ministro del Interior actúe con celeridad, ni la primera tampoco en que le rogamos que se quite el fajín y deje el cargo libre para alguien más competente.
Las preguntas no son nuevas: ¿hasta cuándo? ¿Cuántos muertos más? ¿Por qué sigue en el cargo, señor Alva Castro? ¿Por qué no lo despide, señor García? ¿Qué favor le debe?, etc.
Y al margen de las posibles respuestas que, hasta ahora no han dado pero, imaginemos en un vano intento de optimismo ingenuo darán, lo crucial aquí es que el asunto no puede continuar así.
El Ministro del Interior afirma que este último atentado (y lo mismo dijo de los anteriores) es una respuesta a las acciones que realiza la Policía en el VRAE. Por supuesto, remata confirmando que enviará un contingente policial para atrapar a los responsables.
Aquí hay dos cosas muy puntales. Si en serio se trata de una respuesta, ¿no debió prever el Ministro que dicha consecuencia llegaría? En ese mismo sentido ¿qué hace enviando un contingente especial ahora que ya se realizó el atentado? ¿Por qué no previó que ello ocurriría?
Es que en realidad no hay que ser genial para darse cuenta de que nuestros actos tienen consecuencias y que es preciso, prever que ellas no afecten a los ciudadanos peruanos que, en principio, debieran poder confiar en la capacidad de sus autoridades.
Pero, por otro lado, me pregunto ¿qué clase de operativo exitoso puede permitir que estas consecuencias terribles se concreten? ¿Cuándo culmina un operativo? ¿Acaso no debe también existir un momento en el proceso, en el cual los miembros de la Policía garanticen la seguridad en aquellos lugares en los cuales “operaron”?
Si Luis Alva Castro piensa que nos callará la boca con dichos argumentos está bastante equivocado. Hace buen tiempo que se le está reclamando que se vaya y no solo porque no ha sabido trabajar bien en la cartera que tiene a su cargo, sino sobre todo, porque ha perdido total autoridad y ello es sumamente peligroso debido a que es nada menos que el Ministro del Interior.
Mi pregunta es, ¿hasta cuándo seguiremos pidiendo que se retire? No es por nada, pero uno se va cansando. Por suerte, el orgullo terco nos permite aún esperar a que quien se canse primero sea quien está en falta. Señor Alva Castro, dé un paso al costado.




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