27/03/2008

Reflexiones

Algunas reflexiones sobre la crisis de representatividad peruana y las posibles consecuencias de cara al 2011

Porque hoy ando más reflexiva que analítica.

No pocas veces nos descubrimos escuchando, o incluso afirmando, que no nos sentimos representados por quienes, en principio, elegimos. No resulta extraño oír hablar de la “crisis de la representatividad” y, aunque deseáramos, es cierto que la representatividad está en crisis.

Por un lado nuestros representantes se encuentran alejados de los representados por diversas razones. Tal vez no advierten aún, o no le dan la importancia que merece, que con dicha lejanía no hacen sino complicarse el trabajo puesto que, resulta sumamente difícil trabajar para alguien que desconfía de nosotros. Sin embargo, la brecha existe y, lo que es peor, sigue creciendo.

Pero, ¿por qué esto resulta importante?

Un científico social, Bernand Manin, trata en uno de sus textos este problema. Ahora bien, no pretendo resumir el texto (Metamorfosis de la representación), sino comentar un único punto que me pareció bastante interesante y que podemos aterrizar en nuestra realidad.

En una época, para algunos lejana y para otros no tanto, los partidos de masas eran los entes que abanderaban los intereses de la ciudadanía. Resulta evidente que en las sociedades siempre ha habido diferencias (de todo tipo) y por tanto, también intereses diversos. Llamemos a estas diferencias, escisiones.

Estos grupos distintos, producto de las escisiones sociales, se sentían representados por los partidos políticos que, dentro de su programa e ideología, se acercaban más a unos que a otros. ¿Y ahora qué?

Ahora tenemos un panorama particular muy interesante. Por un lado, encontramos escisiones variables y que cambian de manera muy veloz. Cabe anotar que no ocurre que cuando una escisión deja de ser la principal deja de existir; simplemente pasa a un segundo plano (o tercero) pero sigue latente. Pero, por otro lado, habría que ver a qué responden las nuevas escisiones sociales.

Y aquí es donde entra una idea que me pareció central en el texto mencionado líneas arriba: los actores políticos, en la actualidad, crean escisiones. Es evidente que no todas, pero sí muchas que encuentran convenientes para mantener el protagonismo, o cierta presencia.

Si recordamos las elecciones del 2006 (las tenemos medio fresquitas todavía) notaremos que la estrategia por excelencia de Alan García fue justamente esa. Durante la primera vuelta su enemiga fue Lourdes Flores y, para lograr aventajarla no hizo otra cosa que resaltar una escisión que se encontraba latente, diferencia entre “ricos y pobres” (candidata de los ricos).

¿Logró el objetivo? Ustedes respondan.

¿Y en la segunda vuelta? La estrategia fue irse al centro (lo cual no es nuevo en las segundas vueltas electorales) y presentarse como la opción democrática. ¿Cuál fue la escisión presentada? Democracia frente a autoritarismo.

¿Logró el objetivo? Ustedes respondan.

¿Pero a qué viene todo esto?
La idea resulta interesante puesto que debemos ser conscientes de que no solo existe una crisis de representatividad puesto que no hay actores o entidades (partidos, sindicatos, movimientos, etc.) que abanderen nuestros intereses particulares; sino, además nuestros intereses particulares se condicionan también, a partir de los actores políticos quienes mueven determinados temas con la intención de beneficiarse de algunas posiciones.

No quisiera poner aquí ningún juicio de valor respecto a esta actuación de los personajes políticos. Tal vez para ello utilicemos otro post. Por lo pronto, quisiera solo plantear algo más.

¿Cómo se ve el 2011?

El año 2011 se percibe desde ya como un año de infarto. Se perfila como un momento crítico puesto que, sospechamos que las escisiones serán similares o más fuertes que las que el 2006 evidenció y, francamente, ello no resulta nada alentador.

Habría que ver, entonces, qué escisiones son aquellas que pueden resultar perjudiciales para el país puesto que, no todas las diferencias en una sociedad son malas; todo lo contrario. Pero hay algunas que resultan sumamente negativas y no se debe jugar con ellas.

Entonces, lo que resultaría pertinente es presentar la disposición para actuar en consenso, dispuestos a aceptar algunas diferenciaciones propias del juego democrático, pero también basarnos en ciertas ideas comunes. Evidentemente, no se trata de ponernos todos la misma camiseta pues ello además de ingenuo, tampoco sería lógico (divergencias habrán siempre); sin embargo, podría resultar interesante que comulguemos bajo algunas premisas importantes.

Por lo pronto se me ocurre, parafraseando al ex presidente Alejandro Toledo: democracia sí o sí.

¿Creen que podamos llegar a ese acuerdo?


1 comentario:

GUILLE da MAUS dijo...

Si las fuerzas "progresistas" lo permiten ya que son ellos los ke están obsesiondos con las formas y no el contenido... supongo que si.

Lo que es yo, no pido peras al olmo. Ya me estoy acostumbrando a hacer dibujitos en la cédula de votación.

;-)