Cuando uno toma desayuno sin presiones ni apuros puede darse el tiempo de leer cada noticia del diario con detenimiento. Hoy fue uno de esos días de “relajo” (entrecomillado, por si acaso) y por eso fui gratamente sorprendida al leer una pequeña, pero significativa noticia en Perú21: las empresas Buenaventura, Barrick y Antamina se comprometieron (…) a colaborar decididamente para reducir los niveles de pobreza en las regiones Huancavelica y Ancash.
Antes que nada, me adelanto y a todos los escépticos que dirán que de nada sirve pues se trata solo de un gesto les digo: el gesto es importante. Pero además, les recuerdo que pese a que en nuestro país las normas no se caracterizan por cumplirse y, el Estado no se caracteriza por defender al medio ambiente, gestos como este, la propuesta de un Ministerio del Medio Ambiente e incluso la firma del TLC, ponen el tema en agenda y, por ello, el compromiso de las empresas mineras es más que firma sobre el papel.
Claro, es preciso todavía esperar los resultados de ello (para lo cual nos mantendremos vigilantes), pero creo que detenernos en la relación minería y pobreza es pertinente.
Hace algunos meses, el tema de la minería copó espacio mediático a raíz de la consulta vecinal en la sierra de Piura. El tema más importante tal vez, era el referido a la consulta y a la legitimidad de que las personas directamente involucradas pudieran decidir respecto de la instalación de la empresa minera por esos lares. Sin embargo, al margen de las motivaciones políticas subyacentes, o incluso la “desinformación” como la llaman algunos (yo no, desde luego) lo importante era la participación ciudadana.
Con ello en mente, los comentarios se inclinaron hacia ese aspecto (lo cual es muy importante) pero, como ocurre cuando se elige una perspectiva, se dejaron otros de lado. Cuando el Ejecutivo propuso que se considerara de interés nacional la inversión minera, muchísimos saltamos pues consideramos que era un “sí o sí” a la minería. Ojo con esto, nadie dice que la minería sea mala per sé (ello es absurdo), pero tenemos claro que es preciso contar con garantías para que su desarrollo sea óptimo; garantías con las cuales no contamos.
A raíz de ello, la perspectiva fue entonces minería y medio ambiente y, los comentarios se fueron por ese lado. Sin duda, se sacó provecho de esta relación puesto que, además de que se logró dejar sin efecto la propuesta del Ejecutivo, el tema medioambiental (que durante este año ha sido particularmente publicitado) fue aún más observado.
Pero, como comprenderán, el asunto minero es bastante más complejo y una relación interesante es la de minería con pobreza.
La razón por la cual mencioné el tema de Majaz es porque resulta ilustrativo. La negativa de la población responde, sin duda alguna, a precedentes con respecto a la actividad minera en el país. No podemos, por ello, asumir que se trata de un desprestigio injustificado, pues los casos de comunidades contentas con las empresas mineras de sus localidades son minoritarios.
Algunos dicen que ello se debe antes a la desinformación o “malinformación” que tienen los pobladores. Sin embargo, como mencioné en un post anterior, de ello (si fuera el caso) son tan culpables los que se oponen a tal o cual empresa, como la misma empresa que no es lo suficientemente capaz de publicitar tanto con acciones como con gestos, las bondades de tener a la mina cerca.
Pero, queda claro que la reputación que tiene la minería per sé encuentra fundamentada en precedentes. Ahora bien, para ser sinceros, no es el tema medioambiental el primero en el cual piensa la población cuando decide oponerse al desarrollo de una mina en su comunidad, es en realidad el tema de los beneficios.
El trabajo entre las empresas mineras y los pobladores es fundamental para cambiar el prejuicio que en torno a esta actividad se ha creado. En realidad, un asunto fundamental está, en que ha ocurrido que muchas empresas mineras se asientan en determinado lugar, desarrollan su mina y cuando se termina se van dejando las cosas fuera de lugar. Ahora, ello ha disminuido pues las normas son más estrictas, sin embargo, los beneficios de los pobladores siguen siendo un problema.
Cierto es que si alguien viene a hacer uso de un “bien” de mi comunidad y se verá beneficiado con ello, resulta justo que por el trabajo realizado comparta el beneficio. En ese sentido, el asunto pasa por algo más que el tema medioambiental. En muchos casos, las zonas en las cuales se desarrolla está actividad, son también las zonas más pobres del país y, por ello, el Estado debería velar (sobre todo si desea reducir el índice de pobreza) que estas comunidades se vean beneficiadas con la mina que tienen ahí.
El descontento de la población en realidad, nace principalmente por este asunto. Digamos que el medioambiental es importantísimo, pero los daños (que son varios y graves) se sienten en un largo plazo. La pobreza es un problema del día a día, un tema que se hace sentir a cada hora y que, por ello, es de vital importancia en el país.
Hace poco conversaba con un amigo respecto a este tema y me decía que es importante el asunto de costo-beneficio (es economista). Se trata de elevar el nivel de desarrollo de las comunidades, pero al mismo tiempo, evaluar si el daño no es peor. Si una empresa minera construye cinco colegios en una comunidad podría decirse que se está fomentando el desarrollo de ese espacio; sin embargo, si en el plazo de 10 años, el índice de contaminación es abrumador, ¿hasta qué punto esos colegios lo valen?
Por ello el trabajo conjunto entre las empresas mineras (que generalmente traen a su gente) debe darse en armonía junto con la población. De esa manera, los pobladores tendrán más trabajo (deben respetarse sus derechos también, pero ya ese es otro amplio y largo tema), habrá mayores ingresos, se podrá invertir y no solo vivir al diario y la percepción de la empresa será positiva (hemos hablado ya de la importancia de la percepción ciudadana).
En ese caso, ganarían todos. Ahora bien, ¿creen que se pueda? La noticia de hoy revela un gesto que podría ser también un primer paso. Ojalá lo sea y no se detenga en la pequeña noticia de hoy. Mañana, pasado y etcétera, seguiré revisando atenta para recibir más de estas noticias; espero que no falten.




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