Hoy otra noticia volvió a evidenciar (y ello es preocupante) la falta de Estado al interior del país. Se trató esta vez de un informe publicado en el diario El Comercio, que bajo el título “Grupos políticos radicalizan un discurso étnico aimara en Puno”, pone nuevamente de relieve el riesgo que corremos como nación si seguimos cerrando los ojos.
La falta de presencia estatal no es un tema nuevo; sin embargo, nos detenemos en él cuando los atentados ocurren y, lo que es peor, se vuelven sistemáticos. Ocurre también que observamos este problema de lejos y, claro, cuando las noticias nos narran los acontecimientos que lo evidencian; vale decir, nuestra manera de hacerle frente es defensiva y no propositiva: no nos anticipamos, solo reaccionamos.
De esta manera, por ejemplo, la presencia de las casas del ALBA que representan para un sector del gobierno un problema, encuentran aceptación popular. Al margen del tema puntual de estos establecimientos (pues dicha discusión podría ser objeto de todo un artículo al respecto), lo cierto es que suplir funciones del Estado se hace necesario, sobre todo cuando se ha gritado hasta quedarse ronco, y nadie ha acudido al llamado.
Las políticas gubernamentales para contrarrestar esta deficiencia son, como mencioné líneas arriba, meras reacciones y como tal, no obedecen a ninguna planificación ordenada, articulada y con visión al mediano y largo plazo. El problema no se elimina desde la raíz. Con esta desordenada visión solo se llega a medios resultados en el mejor de los casos, y generalmente a absolutamente nada.
A ello sumémosle el hecho de tener líderes con autoridad cero como Alva Castro, nada menos que el titular del Interior, que con la fortaleza política que tiene no puede ni elegir el menú del día en casa. Ha perdido la capacidad de inspirar respeto y, como es obvio, cualquier iniciativa que proponga, por más buena que sea (aunque no hemos visto muchas) será también tomada de quién viene.
Si regresamos al tema de la falta de presencia estatal, es preciso mencionar que “cruzar los brazos” no es una actividad que guste a muchos peruanos. Ese es el caso de miles de ciudadanos que deciden tomar como suya la tarea de otros a fin de desarrollarse y, en muchos casos, sobrevivir. Como es de suponer, no solo las medidas no son correctas siempre, sino que además obedecen, generalmente, a intereses de terceros. Si en la mayoría de casos la gente está buscando sobrevivir, ¿creen que les interesará servir como parte del plan de terceros si con ello pueden garantizar cierta seguridad a sí mismos, y a sus seres queridos?
Hace algunos meses hice la siguiente reflexión (y mantiene vigencia):
“Resulta ingenuo, pero no poco común, pensar que esta “invisibilidad” de muchos solo trae como consecuencia el relego de los mismos en un proyecto nacional aún inexistente; grave error, pues la otra consecuencia, y de ello tenemos bastante evidencia, es el resentimiento que se forja por parte de aquellos que se sienten invisibles, no escuchados y, en buena cuenta, extraños en su propio país”.
El problema de la ausencia del Estado en muchas zonas del Perú, tiene un precedente escabroso: el conflicto interno nacional vivido hace no tanto tiempo, aunque a veces parece que lo olvidáramos.
No podemos negar que desde entonces, se ha avanzado en distintas áreas, sobre todo, en la creación de conciencia en la ciudadanía respecto a la existencia de mucho más Perú fuera de Lima. Sin embargo hoy, seguimos observando este talón de Aquiles que si bien puede tomar distintas formas, se encuentra fundamentado siempre en la imposibilidad del Estado por ser.
El caso particular de Puno, como lo revela el informe publicado el día de hoy, da luces sobre esta segunda consecuencia del relego de muchos peruanos: el resentimiento. Este sentimiento reduce las posibilidades de negociación, el diálogo, el debate pues todo se restringe a una única ley: hacerlo por nuestros medios.
¿Pero qué país podemos construir con peruanos que no solo no se sienten representados, sino que además reniegan de las leyes que rigen en la nación a la cual pertenecen? Y lo que es igual de importante ¿cómo podemos pedirles que hagan caso a una ley nacional que nunca han practicado, que nunca se respeta en su territorio y que proviene de un Estado al que conocen solo de nombre?
El pensamiento político es sumamente radical en estos lugares pues responde además, a esa suerte de “deuda pendiente” que el Estado sigue sin pagar y que, por tanto, viene también a ser una suerte de estafa. ¿Acaso el Estado no es el encargado de brindar bienestar social, lo cual se traduce en óptima educación, salud, vivienda, etc.?
A ello sumémosle la cercanía, en el caso de Puno, a otros países pues, como bien menciona el texto de El Comercio: “En Puno las noticias de Bolivia llegan antes que las del Perú”. Ahora podemos entender que son extraños en su país pues no se sienten parte de él.
Me quedo con una reflexión de Paulo Vilca (SER):
“(…)la penetración de estos grupos “minoritarios pero muy activos” en la población del sur responde, al menos en parte, al debilitamiento de las organizaciones sociales. Sin presencia fuerte del Estado y con partidos políticos democráticos poco activos, las opciones extremistas encuentran el camino libre”.
El camino libre y fácil, habría que agregar.
Es preciso que los Presidentes Regionales y los Alcaldes, sobre todo en el interior del país, cambien de pregunta: dejen de indagar sobre el candidato radical de tal o cual zona y de preguntarse si la revocatoria los sacará de sus cargos, pregúntense ¿por qué las ideas radicales de tal o cual encuentran aceptación? pregúntense ¿qué pueden hacer para cambiar ese hecho? y, desde luego ¿por qué querrían revocarlos?
En este clima de inestabilidad no por acciones del Estado, sino por la falta de ellas, sería desacertado postergar el proceso de revocatoria de autoridades pues, lamentablemente, es el único mecanismo que concretiza nuestra debilísima democracia allá. Evitar, por más que se cuente con argumentos medianamente sólidos, esta expresión de voluntad popular, solo contribuirá a la ratificación en el imaginario social, de un Estado más ajeno (si ello es posible).
El Estado central debe detenerse en este tema de inmediato, sugiero los siguientes primeros tres pasos (por supuesto que son libres de sugerir otros más):
1. El Estado debe tener presencia física en los lugares más alejados.
2. Luego de ello, es preciso que se realice trabajo con los pobladores del lugar y se demuestre con hechos que sí se puede llegar a las zonas más alejadas, y garantizar seguridad en la población. Vale decir, presencia activa del Estado.
3. Debe imperar la ley, pero no esa que se construye para salvarse del caos de la no ley, sino aquella que debe regir para todos los peruanos.
Son las primeras ideas, y sin duda superficiales pues un tema como este, que lleva postergado en la agenda política nacional mucho tiempo, necesita mayor atención y mayor estudio. Sin embargo, considero importante seguir la discusión pues de eliminar esta deficiencia cabría la posibilidad de crear un país que conformemos todos.
Es preciso mirar más allá si queremos lograrlo. El informe que presentó El Comercio el día de hoy lleva como encabezado “Miremos al sur”, perdonen el pesimismo, pero creo que debería decir “Abramos los ojos”.




4 comentarios:
Cuando avanzaba la campaña electoral de 2006, fue un lugar común bastante repetido que el mensaje que debía quedar claro a quien sea elegido como Presidente o Presidenta de la República era que el mandato que se le entregaba tenía como tarea fundamental reducir las brechas sociales e institucionales entre los peruanos.
A dos años de dicha experiencia electoral, que todos vivimos de alguna u otra manera, el reportaje que comentas hace que buena parte de las reflexiones que has hecho en este post vuelvan a cobrar actualidad.
A estas alturas, seguir pensando en si debemos tener "más o menos Estado" resulta ser una discusión bizantina. Creo que a todos nos queda claros que la organización estatal no está siendo capaz de cubrir los servicios básicos de la población y que son urgentes una serie de reformas que tengan, como horizonte principal, la mejora de las condiciones de vida de todos los ciudadanos.
Todo vacío en política - como en la física - se llena. La aparición de alternativas radicales con cierta aceptación en el interior del país no solo se produce por la voluntad de estos grupos de captar seguidores, sino, fundamentalmente, por la ausencia estatal a la que he hecho alusión y, además, a la de los partidos políticos, que no logran conectar con estas demandas.
Hay, finalmente, un punto que debiera ser materia de discusión: la relación entre política y sobrevivencia. Señalas en este post que mucho del desinterés de la ciudadanía por la política se debe a que requiere acceder a medios para poder subsistir de la manera más rápida posible. La pregunta, para comenzar a voltear esta situación podría ser: ¿por qué nuestros políticos no ven que el desencanto por lo que hacen es justamente porque no dan alternativas a esa situación?
Simple Godoy, nuestros polìticos acceden al poder sòlo para llenarse los bolsillos y gozar de un suculento sueldo. ¿ lo vas negar? aunque parezca un clichè de cantina es la ùnica respuesta elecciòn tras elecciòn. Si ellos no van a cambiar entonces el sistema es corrupto por que repiten el plato a cada rato, las mismas caras, las mismas actitudes, el gobierno toledista(por dios y por la plata) fue la muestra de degeneraciòn, canchayas, tulas, etc etc son el modus vivendi de nuestra democracia y gran parte de las democracias del planeta asì que quijotes para los tontos, lo que es yò ya no quiero canas.
Es la primera vez que visito tu blog y me parece que tu texto es muy largo, es un conjunto de apreciaciones sueltas algunas rescatables pero no tiene una estructura lógica.
Fue un reportaje ilustrativo de lo que sucede allá. pero seamos realistas, si bien algunos puedan tener ideas racionales sobre soluciones poco creo que se hará.
no solo por la ineptitud de nuestro ministro si no por que , incluso para los que toman decisiones y la población en general, ese lugar del Peru no existe.el mismo fenónmeno por el que la guerra interna en el Peru aun resulta tan lejana.
ya lo dijo el informe de la CVR, la mayoría de los afectados son los que en Lima se les ve como los sirvientes y esa imágen de peruano marginal que tan conciente o inconcientemente no queremos ser.
Amen de que los que representan la democracia en esa región sean radicales transnochados con pugnas internas.
Es conocido que el presidente regional de Puno ,futura candidato a la presidencia es prochavista y se dedica a promover las casas del ALba y las ideas "Bolivarianas" en lugare de administrar con destreza sus recursos, no por nada es una de las regiones con menor uso de recursos.
Y por último el escazo nivel educativo de los pobladores, presa facil de discurzos inmediatistas y radicales.
Es una pena por que es un barril de polvora cerca de una llama que es ahora Bolivia y de paso Venezuela
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