El caso del mercado mayorista de Santa Anita ha sido altamente revelador en muchos sentidos. Por un lado tenemos a la prensa. Siendo objetivos debemos reconocer que también ellos han sido objeto de crítica por parte de varios columnistas y actores sociales. Desde luego, la prensa ha conducido la noticia en función de sus intereses y la han “sensacionalizado” a su antojo. Pero la noticia existía, y era cierto que el tema se prestaba para este manejo. Astutos han sido, maquiavélicos también, pero no mentirosos. Lo que realmente me sigue pareciendo condenable es que se han dejado de lado otras noticias importantes como por ejemplo, el hecho de que la fiscal chilena se pronunciaría respecto del caso Fujimori el día de hoy. ¿Y justo hoy ocurre el desalojo en el mercado mayorista de Santa Anita? Divina coincidencia, aunque en política, estas NO existen. OJO.

Por otro lado se encuentran las diversas perspectivas de los ciudadanos. Digamos que ha habido diversos bandos:
- Los que veían como imperativo el desalojo a toda costa y a la brevedad posible de los “invasores” (término que ha utilizado la prensa durante todos estos días y que, desde luego, conlleva toda una carga peyorativa hacia personas que han sido estafadas. Pero son, sin lugar a dudas y aunque el término tenga toda una connotación cultural negativa, eso: invasores, en el sentido laxo del término).
- Los que trataron de justificar la reacción de los mercaderes utilizando falacias ad misericordiam, y demás estrategias tristes. Debemos comprender que un culpable claro es el señor Herminio Porras y otros dirigentes. Para ellos, LA SANCIÓN MÁS DURA, pero ello no quita lo ocurrido. La ley es la ley y si empezamos a buscar excepciones no tendremos buen paradero y viviremos en un relativismo absoluto imposible en una democracia tan frágil como la nuestra. La entidad pertinente (la municipalidad de Lima metropolitana) debe resolver el asunto.
- Y aquellos que mantuvieron un punto medio, o lo más cercano a él.
Pero hubo un CUARTO bando, con un único miembro en sus filas: Luis Castañeda Lossio. Lo han llamado “el muertito”, lo han llamado “el silencioso”, pero esto no es una broma. No es posible que el alcalde de Lima Metropolitana, responsable de este asunto, haya sido invisible. ¿Para qué candidateó el señor Castañeda? ¿Para vivir los buenos tiempos y evadir cada problema? ¿Para pintar sus escaleras solidarias y beneficiar a su “partido” con cada obra hecha con los recursos del municipio, pero cerrar la boca siempre que sus declaraciones sean realmente importantes?
Yo me pregunto, ¿quién es el propietario del terreno en cuestión? La municipalidad de Lima. Entonces, ¿quién debió involucrarse de lleno en el tema que ocupó primeras planas durante los últimos diez días? El alcalde. ¿Dónde estaba? Nadie sabe. Tal vez en una de las sesiones de consejo que... ¿siguen siendo cerradas? Así parece.
Pues la razón resulta obvia. Mucha popularidad como para echarla al agua en un “asuntillo” que puede resolver el ministerio del interior. En efecto, ellos también debían intervenir, pero el alcalde era quien debía encabezar el asunto. Aunque el señor Parra quiera convencerme de que el alcalde ha seguido al milímetro cada paso de los policías el día de hoy, no le creo porque no basta con reunirse a puertas cerradas con el mismísimo Luis Alva Castro, sino ACTUAR COMO UN ALCALDE, estar a la altura del cargo que ostenta gracias al voto de los limeños.
Que no nos sorprenda que ahora aparezca en los medios porque como el asunto ya fue “resuelto” entonces no hay mucho más de lo cual huir.
Pero lo que resulta más indignante, no es solo su falta de protagonismo en este suceso, sino el apoyo que sigue recibiendo por parte de la población. Hoy conversaba con algunas personas sobre el hecho y me sorprendió oír una lista de justificaciones respecto a su ausencia. Básicamente lo disculpaban pues este era, al parecer, un asunto que debían resolver sus abogados. ¿QUÉ? Por favor, no caigamos en este tipo de disculpas absurdas. Una vez más recordemos quién es el responsable político y el papel que le toca cumplir.

Por otro lado se encuentran las diversas perspectivas de los ciudadanos. Digamos que ha habido diversos bandos:
- Los que veían como imperativo el desalojo a toda costa y a la brevedad posible de los “invasores” (término que ha utilizado la prensa durante todos estos días y que, desde luego, conlleva toda una carga peyorativa hacia personas que han sido estafadas. Pero son, sin lugar a dudas y aunque el término tenga toda una connotación cultural negativa, eso: invasores, en el sentido laxo del término).
- Los que trataron de justificar la reacción de los mercaderes utilizando falacias ad misericordiam, y demás estrategias tristes. Debemos comprender que un culpable claro es el señor Herminio Porras y otros dirigentes. Para ellos, LA SANCIÓN MÁS DURA, pero ello no quita lo ocurrido. La ley es la ley y si empezamos a buscar excepciones no tendremos buen paradero y viviremos en un relativismo absoluto imposible en una democracia tan frágil como la nuestra. La entidad pertinente (la municipalidad de Lima metropolitana) debe resolver el asunto.
- Y aquellos que mantuvieron un punto medio, o lo más cercano a él.
Pero hubo un CUARTO bando, con un único miembro en sus filas: Luis Castañeda Lossio. Lo han llamado “el muertito”, lo han llamado “el silencioso”, pero esto no es una broma. No es posible que el alcalde de Lima Metropolitana, responsable de este asunto, haya sido invisible. ¿Para qué candidateó el señor Castañeda? ¿Para vivir los buenos tiempos y evadir cada problema? ¿Para pintar sus escaleras solidarias y beneficiar a su “partido” con cada obra hecha con los recursos del municipio, pero cerrar la boca siempre que sus declaraciones sean realmente importantes?
Yo me pregunto, ¿quién es el propietario del terreno en cuestión? La municipalidad de Lima. Entonces, ¿quién debió involucrarse de lleno en el tema que ocupó primeras planas durante los últimos diez días? El alcalde. ¿Dónde estaba? Nadie sabe. Tal vez en una de las sesiones de consejo que... ¿siguen siendo cerradas? Así parece.
Pues la razón resulta obvia. Mucha popularidad como para echarla al agua en un “asuntillo” que puede resolver el ministerio del interior. En efecto, ellos también debían intervenir, pero el alcalde era quien debía encabezar el asunto. Aunque el señor Parra quiera convencerme de que el alcalde ha seguido al milímetro cada paso de los policías el día de hoy, no le creo porque no basta con reunirse a puertas cerradas con el mismísimo Luis Alva Castro, sino ACTUAR COMO UN ALCALDE, estar a la altura del cargo que ostenta gracias al voto de los limeños.
Que no nos sorprenda que ahora aparezca en los medios porque como el asunto ya fue “resuelto” entonces no hay mucho más de lo cual huir.
Pero lo que resulta más indignante, no es solo su falta de protagonismo en este suceso, sino el apoyo que sigue recibiendo por parte de la población. Hoy conversaba con algunas personas sobre el hecho y me sorprendió oír una lista de justificaciones respecto a su ausencia. Básicamente lo disculpaban pues este era, al parecer, un asunto que debían resolver sus abogados. ¿QUÉ? Por favor, no caigamos en este tipo de disculpas absurdas. Una vez más recordemos quién es el responsable político y el papel que le toca cumplir.
Definitivamente necesitamos un alcalde que sepa anteponer su cargo a su popularidad y su responsabilidad a sus intereses personales. Luis Castañeda Lossio ya evidenció esa carencia, no olvidemos esta actitud cuando lo encontremos en otra cédula de votación.







