En una campaña presidencial o municipal es común escuchar todo tipo de promesas y no contentos con eso, los candidatos se empeñan en idear fórmulas, a veces soñadoras, que tratan de probar que dichas promesas no son imposibles. Pues bien, digamos que de alguna manera el ciudadano, el ser humano contemporáneo en realidad, está acostumbrado a esto a tal punto que ha ido perdiendo la facultad de indignación frente a este hecho y lo toma ahora de manera deportiva.
Sin embargo, el asunto ahora es distinto. Desde el mensaje del presidente García el pasado 28 de julio, la demagogia y las promesas imposibles han sido una constante en el actuar del actual gobierno. Pero, como es obvio, las promesas imposibles de cumplir son eso: IMPOSIBLES y por ello el jefe de estado ha tenido que idear nuevas fórmulas para desviar la atención de los ciudadanos y los medios frente a los diversos escándalos que salen a la luz cada día.

Recuerdo que en el anterior mensaje presidencial quedó un punto bien claro y grabado en la mentalidad colectiva de los peruanos que lo escuchamos o leímos: reducción de sueldos para congresistas y para el mismo presidente.
Sin duda fue un anuncio importante ya que fue el primer gesto del gobierno de García en pos de mantener una imagen austera (que ahora ya es ridícula) frente a la población que aplaudió con euforia este anuncio. Pero, ¿solo un gesto? No. El presidente García ha aprendido (desde el primer gobierno) la importancia de mantener los escándalos reservados y quisiera poder llevar a cabalidad el dicho que enuncia que la ropa sucia se lava en casa. En este caso en palacio; sin embargo la realidad es otra.
Los medios de comunicación actuales son mucho más inquisitivos que los de antaño y ello permite que los ciudadanos de a pie podamos enterarnos de las mil y un triquiñuelas que puedan darse en el gobierno. Las paredes son simples adornos pues la información llega a nosotros, aunque siempre con el matiz de la subjetividad de quien transmite la noticia; pero de que nos llega algo, nos llega algo.
En medio de todo esto, Alan García ha tenido que aprender a empujones a cubrir los “reiterados” problemas que viene sufriendo su gobierno durante estos primeros nueve meses de gestión (esperemos que no se traten de nueve meses de gestación para algo peor). Empezó con maniobras medio obvias como las populares cortinas de humo. Ahí encontramos una larga lista que tiene como protagonista el tema de la pena de muerte. Pero ahí no acabó la cosa.
Era evidente que no bastaba esta estrateguilla para desviar los ojos de todos nosotros y mientras pensaba en nuevas formas de marcar la agenda (sobre todo a los medios) surgieron algunos escándalos. El caso de los patrulleros en el ministerio del interior, el caso del ministerio de salud (ambulancias) y la cancelación de productos para alfabetización en el ministerio de salud fueron importantes. En medio de todo ello el presidente no sabía si defender o no a los ministros y sus metidas de pata (algunas involuntarias, otras premeditadas) y recurrió a Jorge del Castillo para que lo defienda; lo que en buen cristiano significa: que se queme solo.
Se puede decir que el presidente logró desviar la atención de los medios y analistas cuando designó a Luis Alva Castro como ministro del interior, ya que empezó una ola de especulaciones respecto de las razones que podrían haber impulsado al presidente a elegir a este “polémico” (por decir lo menos) personaje para dicha cartera. Pero, como es de suponer, la noticia también perdió vigencia y necesitó idear nuevas maneras.
No es necesario citar todas las estrategias empleadas por García para cubrir los problemones, pero es necesario enunciar la última. Luego del enorme lío con el ministro Salazar (“El abrazo del oso”, menoscanas domingo 18 de marzo) el presidente García empleó un nuevo método. Está de más decir que el asunto respecto del actual ministro de agricultura no está resuelto aún (¡y vaya que eso es un problema más!), pero las miradas de los ciudadanos y los medios han empezado a cubrir otro espacio: REDUCCIÓN SALARIAL A LOS ALCALDES.
No estoy aquí para defender sueldos municipales exorbitantes, pero es mi deber plantear un punto de vista objetivo frente a este nuevo anuncio. Se trata definitivamente de una nueva estrategia ciertamente demagógica para alejar los sentidos de noticias relevantes como el tema del narcotráfico. ¿Qué busca el presidente? Mantener, sino subir, los puntos en las encuestas que durante esta semana han dejado de ser tan alentadoras para él.
Por un lado es totalmente condenable que se apele a medidas demagógicas para conseguir aplausos de la ciudadanía. Por otro, es irresponsable que las reglas del juego se definan luego de iniciado el mismo. Los candidatos a la alcaldía y otros diferentes puestos tienen el pleno derecho de contar con información clara respecto al sueldo que recibirán desde el inicio. Es correcto que se desee evitar que los sueldos sean inconsistentes respecto de la realidad de los distritos, pero no se pueden dar avisos de última hora ni mucho menos improvisados.
Finalmente, cabe detenerse un segundo a pensar en las consecuencias de este último anuncio presidencial. Hay que tomar en cuenta la repercusión que esta reducción tendrá en el presupuesto municipal y la manera como se enfrentará este asunto para continuar con eficiencia el trabajo durante los años que quedan hasta las nuevas elecciones municipales. Y no pensemos que se acabó la fiesta, porque el presidente ha manifestado su intención de hacer lo propio con los gobiernos regionales. ¿Es que alguien puede detener a este caballo?
Amigos, no permitamos que desvíen nuestra brújula. Mantengamos alertas los sentidos a los temas importantes y respondamos con la responsabilidad que le falta al señor García al emitir sus anuncios. Basta de utilizar los gestos para la tribuna. Estos deben ser reales y planificados. La lluvia de renuncias que este decreto puede provocar es peligrosa. No olvidemos que los apristas abundan y en cualquier pequeño espacio que encuentren dejarán el carné para que les guarde el sitio.
Sin embargo, el asunto ahora es distinto. Desde el mensaje del presidente García el pasado 28 de julio, la demagogia y las promesas imposibles han sido una constante en el actuar del actual gobierno. Pero, como es obvio, las promesas imposibles de cumplir son eso: IMPOSIBLES y por ello el jefe de estado ha tenido que idear nuevas fórmulas para desviar la atención de los ciudadanos y los medios frente a los diversos escándalos que salen a la luz cada día.

Recuerdo que en el anterior mensaje presidencial quedó un punto bien claro y grabado en la mentalidad colectiva de los peruanos que lo escuchamos o leímos: reducción de sueldos para congresistas y para el mismo presidente.
Sin duda fue un anuncio importante ya que fue el primer gesto del gobierno de García en pos de mantener una imagen austera (que ahora ya es ridícula) frente a la población que aplaudió con euforia este anuncio. Pero, ¿solo un gesto? No. El presidente García ha aprendido (desde el primer gobierno) la importancia de mantener los escándalos reservados y quisiera poder llevar a cabalidad el dicho que enuncia que la ropa sucia se lava en casa. En este caso en palacio; sin embargo la realidad es otra.
Los medios de comunicación actuales son mucho más inquisitivos que los de antaño y ello permite que los ciudadanos de a pie podamos enterarnos de las mil y un triquiñuelas que puedan darse en el gobierno. Las paredes son simples adornos pues la información llega a nosotros, aunque siempre con el matiz de la subjetividad de quien transmite la noticia; pero de que nos llega algo, nos llega algo.
En medio de todo esto, Alan García ha tenido que aprender a empujones a cubrir los “reiterados” problemas que viene sufriendo su gobierno durante estos primeros nueve meses de gestión (esperemos que no se traten de nueve meses de gestación para algo peor). Empezó con maniobras medio obvias como las populares cortinas de humo. Ahí encontramos una larga lista que tiene como protagonista el tema de la pena de muerte. Pero ahí no acabó la cosa.
Era evidente que no bastaba esta estrateguilla para desviar los ojos de todos nosotros y mientras pensaba en nuevas formas de marcar la agenda (sobre todo a los medios) surgieron algunos escándalos. El caso de los patrulleros en el ministerio del interior, el caso del ministerio de salud (ambulancias) y la cancelación de productos para alfabetización en el ministerio de salud fueron importantes. En medio de todo ello el presidente no sabía si defender o no a los ministros y sus metidas de pata (algunas involuntarias, otras premeditadas) y recurrió a Jorge del Castillo para que lo defienda; lo que en buen cristiano significa: que se queme solo.
Se puede decir que el presidente logró desviar la atención de los medios y analistas cuando designó a Luis Alva Castro como ministro del interior, ya que empezó una ola de especulaciones respecto de las razones que podrían haber impulsado al presidente a elegir a este “polémico” (por decir lo menos) personaje para dicha cartera. Pero, como es de suponer, la noticia también perdió vigencia y necesitó idear nuevas maneras.
No es necesario citar todas las estrategias empleadas por García para cubrir los problemones, pero es necesario enunciar la última. Luego del enorme lío con el ministro Salazar (“El abrazo del oso”, menoscanas domingo 18 de marzo) el presidente García empleó un nuevo método. Está de más decir que el asunto respecto del actual ministro de agricultura no está resuelto aún (¡y vaya que eso es un problema más!), pero las miradas de los ciudadanos y los medios han empezado a cubrir otro espacio: REDUCCIÓN SALARIAL A LOS ALCALDES.
No estoy aquí para defender sueldos municipales exorbitantes, pero es mi deber plantear un punto de vista objetivo frente a este nuevo anuncio. Se trata definitivamente de una nueva estrategia ciertamente demagógica para alejar los sentidos de noticias relevantes como el tema del narcotráfico. ¿Qué busca el presidente? Mantener, sino subir, los puntos en las encuestas que durante esta semana han dejado de ser tan alentadoras para él.
Por un lado es totalmente condenable que se apele a medidas demagógicas para conseguir aplausos de la ciudadanía. Por otro, es irresponsable que las reglas del juego se definan luego de iniciado el mismo. Los candidatos a la alcaldía y otros diferentes puestos tienen el pleno derecho de contar con información clara respecto al sueldo que recibirán desde el inicio. Es correcto que se desee evitar que los sueldos sean inconsistentes respecto de la realidad de los distritos, pero no se pueden dar avisos de última hora ni mucho menos improvisados.
Finalmente, cabe detenerse un segundo a pensar en las consecuencias de este último anuncio presidencial. Hay que tomar en cuenta la repercusión que esta reducción tendrá en el presupuesto municipal y la manera como se enfrentará este asunto para continuar con eficiencia el trabajo durante los años que quedan hasta las nuevas elecciones municipales. Y no pensemos que se acabó la fiesta, porque el presidente ha manifestado su intención de hacer lo propio con los gobiernos regionales. ¿Es que alguien puede detener a este caballo?
Amigos, no permitamos que desvíen nuestra brújula. Mantengamos alertas los sentidos a los temas importantes y respondamos con la responsabilidad que le falta al señor García al emitir sus anuncios. Basta de utilizar los gestos para la tribuna. Estos deben ser reales y planificados. La lluvia de renuncias que este decreto puede provocar es peligrosa. No olvidemos que los apristas abundan y en cualquier pequeño espacio que encuentren dejarán el carné para que les guarde el sitio.


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