25/03/2007

Lluvia de renuncias

En una campaña presidencial o municipal es común escuchar todo tipo de promesas y no contentos con eso, los candidatos se empeñan en idear fórmulas, a veces soñadoras, que tratan de probar que dichas promesas no son imposibles. Pues bien, digamos que de alguna manera el ciudadano, el ser humano contemporáneo en realidad, está acostumbrado a esto a tal punto que ha ido perdiendo la facultad de indignación frente a este hecho y lo toma ahora de manera deportiva.

Sin embargo, el asunto ahora es distinto. Desde el mensaje del presidente García el pasado 28 de julio, la demagogia y las promesas imposibles han sido una constante en el actuar del actual gobierno. Pero, como es obvio, las promesas imposibles de cumplir son eso: IMPOSIBLES y por ello el jefe de estado ha tenido que idear nuevas fórmulas para desviar la atención de los ciudadanos y los medios frente a los diversos escándalos que salen a la luz cada día.

Recuerdo que en el anterior mensaje presidencial quedó un punto bien claro y grabado en la mentalidad colectiva de los peruanos que lo escuchamos o leímos: reducción de sueldos para congresistas y para el mismo presidente.

Sin duda fue un anuncio importante ya que fue el primer gesto del gobierno de García en pos de mantener una imagen austera (que ahora ya es ridícula) frente a la población que aplaudió con euforia este anuncio. Pero, ¿solo un gesto? No. El presidente García ha aprendido (desde el primer gobierno) la importancia de mantener los escándalos reservados y quisiera poder llevar a cabalidad el dicho que enuncia que la ropa sucia se lava en casa. En este caso en palacio; sin embargo la realidad es otra.

Los medios de comunicación actuales son mucho más inquisitivos que los de antaño y ello permite que los ciudadanos de a pie podamos enterarnos de las mil y un triquiñuelas que puedan darse en el gobierno. Las paredes son simples adornos pues la información llega a nosotros, aunque siempre con el matiz de la subjetividad de quien transmite la noticia; pero de que nos llega algo, nos llega algo.

En medio de todo esto, Alan García ha tenido que aprender a empujones a cubrir los “reiterados” problemas que viene sufriendo su gobierno durante estos primeros nueve meses de gestión (esperemos que no se traten de nueve meses de gestación para algo peor). Empezó con maniobras medio obvias como las populares cortinas de humo. Ahí encontramos una larga lista que tiene como protagonista el tema de la pena de muerte. Pero ahí no acabó la cosa.

Era evidente que no bastaba esta estrateguilla para desviar los ojos de todos nosotros y mientras pensaba en nuevas formas de marcar la agenda (sobre todo a los medios) surgieron algunos escándalos. El caso de los patrulleros en el ministerio del interior, el caso del ministerio de salud (ambulancias) y la cancelación de productos para alfabetización en el ministerio de salud fueron importantes. En medio de todo ello el presidente no sabía si defender o no a los ministros y sus metidas de pata (algunas involuntarias, otras premeditadas) y recurrió a Jorge del Castillo para que lo defienda; lo que en buen cristiano significa: que se queme solo.

Se puede decir que el presidente logró desviar la atención de los medios y analistas cuando designó a Luis Alva Castro como ministro del interior, ya que empezó una ola de especulaciones respecto de las razones que podrían haber impulsado al presidente a elegir a este “polémico” (por decir lo menos) personaje para dicha cartera. Pero, como es de suponer, la noticia también perdió vigencia y necesitó idear nuevas maneras.

No es necesario citar todas las estrategias empleadas por García para cubrir los problemones, pero es necesario enunciar la última. Luego del enorme lío con el ministro Salazar (“El abrazo del oso”, menoscanas domingo 18 de marzo) el presidente García empleó un nuevo método. Está de más decir que el asunto respecto del actual ministro de agricultura no está resuelto aún (¡y vaya que eso es un problema más!), pero las miradas de los ciudadanos y los medios han empezado a cubrir otro espacio: REDUCCIÓN SALARIAL A LOS ALCALDES.

No estoy aquí para defender sueldos municipales exorbitantes, pero es mi deber plantear un punto de vista objetivo frente a este nuevo anuncio. Se trata definitivamente de una nueva estrategia ciertamente demagógica para alejar los sentidos de noticias relevantes como el tema del narcotráfico. ¿Qué busca el presidente? Mantener, sino subir, los puntos en las encuestas que durante esta semana han dejado de ser tan alentadoras para él.

Por un lado es totalmente condenable que se apele a medidas demagógicas para conseguir aplausos de la ciudadanía. Por otro, es irresponsable que las reglas del juego se definan luego de iniciado el mismo. Los candidatos a la alcaldía y otros diferentes puestos tienen el pleno derecho de contar con información clara respecto al sueldo que recibirán desde el inicio. Es correcto que se desee evitar que los sueldos sean inconsistentes respecto de la realidad de los distritos, pero no se pueden dar avisos de última hora ni mucho menos improvisados.

Finalmente, cabe detenerse un segundo a pensar en las consecuencias de este último anuncio presidencial. Hay que tomar en cuenta la repercusión que esta reducción tendrá en el presupuesto municipal y la manera como se enfrentará este asunto para continuar con eficiencia el trabajo durante los años que quedan hasta las nuevas elecciones municipales. Y no pensemos que se acabó la fiesta, porque el presidente ha manifestado su intención de hacer lo propio con los gobiernos regionales. ¿Es que alguien puede detener a este caballo?

Amigos, no permitamos que desvíen nuestra brújula. Mantengamos alertas los sentidos a los temas importantes y respondamos con la responsabilidad que le falta al señor García al emitir sus anuncios. Basta de utilizar los gestos para la tribuna. Estos deben ser reales y planificados. La lluvia de renuncias que este decreto puede provocar es peligrosa. No olvidemos que los apristas abundan y en cualquier pequeño espacio que encuentren dejarán el carné para que les guarde el sitio.

18/03/2007

Abrazo del oso

Durante esta semana un nuevo escándalo volcó las miradas de peruanos y peruanas hacia el gabinete presidido por Jorge del Castillo. Esta vez el escándalo llegó con bombos y platillos traídos desde Tocache y un director de orquesta que demostró poca muñeca (o nula) e inexperiencia: el ministro de agricultura.

Mucho se ha dicho sobre el terrible error político que cometió el ministro Salazar y sobre las consecuencias que dicho tropezón le traerán al gobierno. El acuerdo firmado por el ministro de agricultura, el cual manifestaba que se paralizaría la erradicación de cultivos de coca, ha provocado toda serie de manifestaciones: entre ellas una sugerencia exagerada, pero no tirada de los pelos en vista de lo acontecido, para establecer la fecha del acuerdo como “el día del narcotráfico”.

La noticia cobró la magnitud correspondiente. El asunto provocó una serie de reacciones por parte de los miembros del gobierno que, como se ha hecho costumbre, han respondido con contradicciones evidentes y vergonzosas. La defensa la ejercieron en grupo Alan García, Jorge del Castillo y un Luis Alva Castro moderado en su discurso. Las declaraciones fueron las mismas: la erradicación solo se paralizará 10 ó15 días. Evidentemente, y como es natural y comprensible, la congresista Malpartida puso el grito en el cielo en vista de que no había sido establecido ningún plazo en el acuerdo…ayayay ministro Salazar, la que nos armó.

En primer lugar me pregunto ¿dónde se encontraba el ministro del Interior Luis Alva Castro? ¿No le competen a su despacho los asuntos vinculados con el narcotráfico? ¿Es que acaso él le pidió al señor Salazar que acudiera a Tocache?, y de ser así ¿por qué le pediría eso?

Solo me queda pensar que se trata de una estrategia política. Creo que no nos resulta totalmente extraña la actitud del ministro del Interior ya que, como bien han manifestado varios analistas políticos, la jugada de Luis Alva Castro tiene relación directa con sus aspiraciones personales futuras en el gobierno. Dejando el palabreo de lado y hablando en castellano claro: al ministro del Interior le interesa la presidencia del Consejo de ministros.

Ahora bien, es cierto que para lograr a puestos como el anhelado por el señor Alva Castro es importante gozar de consenso. No sería fácil asumir un cargo dirigencial cuando las miradas son hostiles y el voto de la mayoría es opositor; además, es igual o más importante gozar de legitimidad y apoyo significativo por parte de los ciudadanos de a pie. Si bien ellos no eligen al premier, son (o deberían serlo) el medidor principal de legitimidad de los dirigentes. Un premier con aprobación baja no dura en el cargo así desempolve el disfraz del hombre araña y se aferre con garras y con furia.

Sin embargo, la posición que toma el ministro es condenable. Estimado señor Alva Castro: no estamos jugando el posicionamiento político o las sonrisitas del pueblo; estamos enfrentando un asunto complejo, el cual urge resolver en el mediano plazo (cuando mucho) y a pesar de ello ¿usted sigue jugando a ser central? Es importante que un líder sea conciliador, capaz de escuchar las sugerencias de todos y plasmarlas en decisiones que sigan una línea clara y que hayan sido producto de la discusión alturada y la pluralidad; pero ser conciliador no quiere decir huir del problema. Un verdadero líder, debe también enfrentar los asuntos difíciles con mano firme, cabeza fría y siempre pensando en lo mejor para el país y no para sus anhelos personales.

CONCLUSIONES



1. El ministro del Interior ha demostrado que tiene mejor muñeca que el señor Salazar, pero la utiliza en pos de sus ambiciones y no a favor del Perú.
2. El ministro Salazar ha sido defendido pese a una terrible decisión, pero su actuación no debe ser olvidada. Ha obrado como marioneta de otro ministerio y se quemó el en intento.
3. El premier Jorge del Castillo cada día aumenta una razón más para querer eliminar a Luis Alva Castro del mapa, pero se controla porque la experiencia le ha enseñado a mantener la calma (aunque amenazó con renunciar en un momento de hartazgo).

En el gabinete las papas queman y vaya que huele a chamuscado.



El que no la pasa tan mal es el presidente García que como siempre ha logrado salir medianamente bien parado. Suficiente show con agricultura, interior y PCM, él puede dedicarse a comer canchita tranquilamente mientras ve la película dramática que ha hecho del gabinete. ¿Logrará que Jorge del Castillo no se consolide como una fuerza aprista significativa? Parece que esa fue la idea cuando designó a Alva Castro en Interior, pero ¿cuánto tiempo le durará la gracia? ¿Seguirá tomando fotos irreales de abrazos hipócritas entre sus dos colaboradores o se decidirá por uno y le dará el abrazo que culmine con esta farsa?


Pero ojo, mucho cuidado porque los abrazos de García son abrazos del oso, el que sea elegido, terminará asfixiado.

12/03/2007

Primer día de clases

Entró en el salón. La expectativa era grande, los amigos nuevos, los profesores también. Era una de esas oportunidades que la vida te otorga para que empieces a escribir en un cuaderno en blanco y en las primeras líneas te esfuerzas por lograr la mejor de las letras y el mayor orden posible. Alicia observó su horario y advirtió que su primera clase se avecinaba: “Física”.

El primer día de clases transcurre entre el optimismo, el nerviosismo, las presentaciones y el silencio cómplice de los nervios. El olor de los libros recién comprados, a menos que el hermano mayor te haya cedido el suyo, los lápices recién tajados y la lonchera limpia son características irrepetibles e inolvidables de este primer día de clases. Alicia es una niña de siete años que se enfrenta a esta novedad del primer día en el primer grado, pero no pretendo describir minuciosamente su experiencia, sino valerme de ella para hacer una observación que considero muy pertinente, ahora que la educación es uno de los temas de moda.

Esta época se puede titular como la “época de la competencia”; si bien muchos insisten en llamarla la “era del conocimiento”, creo que el rótulo que deseo ponerle es también bastante acorde. Es obvio que todos desean ser exitosos y por supuesto, es comprensible. En esta “era del conocimiento y de la competencia” ser exitoso tiene relación directa con los estudios y por ello cada vez los jóvenes son más concientes de la importancia de continuar los estudios superiores. El ingreso a la universidad, que es todo un ritual y tortura al mismo tiempo tanto para los alumnos como para los padres, es más que una opción, una obligación si deseas ser exitoso. Los universitarios gozan de prestigio y el prejuicio generalizado es el de “universitario = persona con futuro exitoso”.

Como consecuencia de este hecho ocurren otros dos sucesos interesantes: por un lado, la proliferación desordenada, improvisada y peligrosa de universidades e institutos superiores que ofrecen al público el grado universitario que desean (o la especialización) al margen de la calidad académica que brindan; por otro lado, el “boom” de los colegios preuniversitarios.

Quiero centrarme en este último suceso. Los colegios preuniversitarios, como el nombre indica, son centros educativos que orientan sus líneas metodológicas hacia el aspecto universitario. Su objetivo central es lograr alumnos que sean eficientes, eficaces y exitosos a la hora de rendir un examen de ingreso, lo cual traerá como consecuencia un desarrollo óptimo durante los estudios universitarios. Como tal, las materias que imparten concuerdan con los temas incluidos en los exámenes de admisión: Raz. Matemático, Raz. Verbal, lógica, física, química, etc.

Sin embargo cabe hacer una apreciación que considero importante. El colegio no es un espacio en el cual se imparte conocimiento y nada más. El colegio tiene una importancia fundamental. Es el lugar en el cual el niño se desarrolla de manera integral. En lo cognitivo, aprende lo básico y necesario en las diferentes áreas curriculares: en lo social, el niño aprende a relacionarse con sus pares y con sus profesores; en lo moral, el niño se desarrolla en un ambiente de valores; pero además, en este espacio el niño aprende a disfrutar de la actividad del aprendizaje. Un niño que no disfruta con lo que hace será una persona que no se sentirá cómoda a la hora de desempeñarse en lo que sea. El colegio es un espacio de formación donde el trabajo debe ser minucioso y delicado tanto en la enseñanza de materias como en la de actitudes frente al aprendizaje.

Un niño de primaria además, debe aprender en un ambiente de armonía y felicidad. El centro del trabajo no debe ser la rapidez en la resolución, sino la capacidad crítica y reflexiva ante el problema propuesto. Por otro lado, es importante el desarrollo físico del educando. Cursos como educación física y educación artística deben ser más que importantes ya que es en el colegio en donde podrán realizarse de manera curricular. Estas áreas son parte importante del desarrollo integral de un pequeño.

Entonces, creo que los colegios preuniversitarios tienen una visión distinta de la educación. Estoy de acuerdo con ellos ya que logran sus objetivos, pero no comparto el sistema. Si bien el ingreso a la universidad es importante no considero que sea el único norte. No puede ser que los niños de 7 años lleven física, química, biología, etc., no es posible tampoco que sus exámenes sean desde siempre exámenes para marcar. ¿El desarrollo de los temas? ¿la capacidad de elaborar resúmenes? ¿Las preguntas sin respuestas únicas?

He escuchado a padres sumamente contentos de que sus pequeños desde los 7 años de edad estén listos para entrar a la universidad… ¿está listo para disfrutarla? He ahí la pregunta.

05/03/2007

Mapa del Castillo

Su voz no tardó en sonar en cuanto se develó la compra “extraña” (por decir lo menos) de camionetas en el ministerio del interior. La entonces ministra Pilar Mazzetti recibió todo el apoyo del premier que de alguna manera parecía jugar en pared con el presidente Alan García; sin embargo, al final el presidente lo dejó solo. Del Castillo no vaciló y mantuvo el ímpetu guerrero y defensor hasta el último de los segundos y solo entonces advirtió que ya no se podía hacer nada; su influencia no es tanta como para mantener en vitrina un evidente problema político que le estaba costando al gobierno algo más que dolores de cabeza.

Por esas mismas semanas, probablemente a raíz del escándalo, Mauricio Mulder dio inicio a un asunto que titulo “El supuesto deber del APRISTA” que en el año del deber ciudadano (dichosa palabra que García enfatizó en su primer mensaje presidencial) calza a la perfección. Esto tuvo como resultado una serie de comentarios frente a la importancia de militantes del partido de la estrella en cargos clave del sector público. El personaje principal de este artículo no se quedó callado aunque sus declaraciones tampoco trascendieron mucho porque solo eran una pequeña cana en la cabellera atiborrada de Mazzettis y camionetas. Jorge del Castillo manifestó de manera tajante que este era un gobierno de apertura y por tanto no habría privilegios partidarios.

No son nuevas las tensiones entre Mulder y Del Castillo, pero este es un tema delicado que involucra su imagen dentro del partido y no hay que perder de vista las intenciones partidarias futuras del actual premier. Al parecer Jorge del Castillo ha optado por construirse con mayor detalle y precaución como un primer ministro interesado en la estabilidad de su gabinete, pero ha dejado de lado la cercanía partidaria que Mulder maneja muy bien.


Sin embargo, el defensor de la estabilidad del consejo de ministros sufrió algunas pataditas más. Un nuevo escándalo (del mismo tipo) afectó a otro ministerio. Esta vez SALUD fue el protagonista, tal vez el peor pagado. Si bien Vallejos se mantiene en el cargo los “reclamos verbales” (por mantener la elegancia) hechos por García fueron de lo peor. Cualquiera en el lugar de Vallejos hubiera decidido irse y empiezo a preguntarme si al mismo ministro no se le pasó por la cabeza, ¿por qué no se fue? Jorge del Castillo salió nuevamente al ruedo y lo defendió LUEGO de las declaraciones de García. Esta maniobra me parece tonta porque lo ubican casi al mismo nivel ridículo que Vallejos por no renunciar. Pero, él es el defensor de la estabilidad en el gabinete, vaya que se toma con responsabilidad el papel.

La última patadita es la designación de Alva Castro como nuevo ministro del interior. Concuerdo como Mario Ghibellini al pensar que tal vez se trate de un juego por el poder aprista que se traslada al gabinete en cuyo caso sería fatal porque el ministerio del interior no es un juego. Es cierto que García podría estar jugando un torneo propio, pero como presidente debería dedicarse al país, del partido se encarga el secretario general.

Jorge del Castillo va perdiendo el temple. Tanta exposición no le ha hecho bien. Sus reacciones han ido perdiendo el tino, lo cual ha quedado evidenciado con la reciente defensa a Vallejos; pero el premier ha ido configurando tendencias. Por un lado desea mantener la imagen de apertura y concilio, en este sentido no le está yendo nada mal. No se alinea con la petición de Mulder y dice poco sobre Alva Castro. Por otro lado desea mantener la estabilidad en el gabinete (criticó duramente la inestabilidad ministerial del gobierno anterior) para que su paso por la PCM no sea vilipendiado, sino aceptado y si se puede, con algunos aplausos de yapa. Finalmente, trata de mantener su imagen como aprista, pero en este sentido le ha ido peor. Es difícil ocupar un cargo de responsabilidad política en el gobierno que debe satisfacer a millones de peruanos y, a la vez satisfacer a los apristas, acostumbrados al gobierno aprista anterior en el cual el carné sí era una visa importante para conseguir trabajo.

Si del Castillo está pensando en cargos partidarios debe labrar ese camino desde ahora, sin embargo sería una pérdida para el país ya que necesitamos a un premier dedicado 100% a la reforma del estado en cada uno de los ministerios. La figura de Alva Castro no hará sino distraerlo y por ello las movidas del premier pueden empezar a volverse cada vez más torpes.

Para nuestro primer ministro, el camino a seguir es difícil e indescifrable
, como los laberintos de un castillo medieval que por viejo va perdiendo la señalización.