Muchos vimos con recelo este segundo gobierno de Alan García ya que partíamos del precedente 85-90. Lamentablemente este recelo va en aumento. Tal vez uno de los factores clave para que esto sea así es esta especie de matrimonio “implícito” entre el aprismo y el fujimorismo. Esta unión sobresalta y asusta a los que reconocemos que estas coincidencias entre ambos partidos tienen como telón de fondo intereses comunes nada positivos (pena de muerte, desprestigio de la CIDH, etc.).
Pero no des
eo escribir sobre esta alianza peligrosa, ni sobre el gobierno particular de García, utilizo el preámbulo para una idea tal vez más profunda. En vista de que esta unión de partidos nos resulta peligrosa y notamos en este segundo gobierno de García una tendencia autoritaria (cada vez más evidente) y sin ánimos de respetar derechos ciudadanos fundamentales, la pregunta no solo es ¿qué va a pasar ahora?, sino ¿qué podemos hacer?
Hemos podido observar, en las últimas elecciones presidenciales, cómo la crisis de partidos va en aumento. Los partidos necesitan una reforma inmediata y eso está claro, pero además la ley de partidos es igual de importante ya que limita, de alguna manera, la proliferación vergonzosa de estos durante la época electoral. La ciudadanía, por su parte, ha perdido la confianza en los partidos y ello se debe también a que la idea de que “cualquiera hace un partido político” se evidencia en los hechos.
Si ya no hay confianza en los partidos políticos, entonces los outsiders eran una suerte de Mesías, pero nótese que he escrito “eran”. Poco a poco los ciudadanos vamos tomando conciencia de que tampoco son ellos los representantes que queremos. Entonces nos encontramos en medio de una situación dicotómica en la cual por un lado (cual ring de boxeo) tenemos a los partidos políticos que por su estructura partidaria podrían ofrecer planes de gobierno factibles y responsables, pero ello se ha perdido ya que ahora no podemos contar con los dedos de la mano cuántos partidos existen; y, por el otro, tenemos a los outsiders que en materia de improvisación se llevan el trofeo.
Pero el asunto no es meramente electoral. No se trata de un problema circunscrito a campañas electorales y al voto. Nosotros, los ciudadanos, debemos ser concientes de que este asunto es bastante más amplio. Imaginemos que al presidente García se le ocurriera cerrar el congreso. ¿Qué haríamos nosotros, los defensores de la democracia? ¿Observar como lo hacen y algunos políticos salen a reclamar sobre la medida? Pues no me parece que sea suficiente.

Ya se ha hablado suficiente de la crisis de partidos, de una democracia que existe sin ellos, de la poca legitimidad que tienen los grupos políticos, del descontento de la población frente a los mismos y a la política en general. Pues entonces, debemos ser concientes de nuestro poder. Si bien, el gobierno de Fujimori contribuyó a desprestigiar totalmente a los partidos políticos y a nuestros representantes en general, esta crisis de representatividad nos puede servir para comprender que nosotros también podemos hacer el cambio. Debemos ser concientes del poder que tiene la sociedad civil y de lo mucho que podemos hacer. Comprendiendo que somos capaces de lograr cambios si nos organizamos y así hacer escuchar nuestra voz lograremos que nuestros representantes nos tengan más respeto.
Este es un artículo que busca llamar a la reflexión y no incitar a hacer huelgas cada vez que algo nos parezca incorrecto. Si tenemos poder hay que saber utilizarlo, pero reconforta saber que podemos hacer mucho y entonces nuestra responsabilidad es estar atentos a los diversos sucesos. Manifestar lo que pensamos como ciudadanos responsables es realmente AMAR AL PERÚ.
Pero no des
eo escribir sobre esta alianza peligrosa, ni sobre el gobierno particular de García, utilizo el preámbulo para una idea tal vez más profunda. En vista de que esta unión de partidos nos resulta peligrosa y notamos en este segundo gobierno de García una tendencia autoritaria (cada vez más evidente) y sin ánimos de respetar derechos ciudadanos fundamentales, la pregunta no solo es ¿qué va a pasar ahora?, sino ¿qué podemos hacer?Hemos podido observar, en las últimas elecciones presidenciales, cómo la crisis de partidos va en aumento. Los partidos necesitan una reforma inmediata y eso está claro, pero además la ley de partidos es igual de importante ya que limita, de alguna manera, la proliferación vergonzosa de estos durante la época electoral. La ciudadanía, por su parte, ha perdido la confianza en los partidos y ello se debe también a que la idea de que “cualquiera hace un partido político” se evidencia en los hechos.
Si ya no hay confianza en los partidos políticos, entonces los outsiders eran una suerte de Mesías, pero nótese que he escrito “eran”. Poco a poco los ciudadanos vamos tomando conciencia de que tampoco son ellos los representantes que queremos. Entonces nos encontramos en medio de una situación dicotómica en la cual por un lado (cual ring de boxeo) tenemos a los partidos políticos que por su estructura partidaria podrían ofrecer planes de gobierno factibles y responsables, pero ello se ha perdido ya que ahora no podemos contar con los dedos de la mano cuántos partidos existen; y, por el otro, tenemos a los outsiders que en materia de improvisación se llevan el trofeo.
Pero el asunto no es meramente electoral. No se trata de un problema circunscrito a campañas electorales y al voto. Nosotros, los ciudadanos, debemos ser concientes de que este asunto es bastante más amplio. Imaginemos que al presidente García se le ocurriera cerrar el congreso. ¿Qué haríamos nosotros, los defensores de la democracia? ¿Observar como lo hacen y algunos políticos salen a reclamar sobre la medida? Pues no me parece que sea suficiente.

Ya se ha hablado suficiente de la crisis de partidos, de una democracia que existe sin ellos, de la poca legitimidad que tienen los grupos políticos, del descontento de la población frente a los mismos y a la política en general. Pues entonces, debemos ser concientes de nuestro poder. Si bien, el gobierno de Fujimori contribuyó a desprestigiar totalmente a los partidos políticos y a nuestros representantes en general, esta crisis de representatividad nos puede servir para comprender que nosotros también podemos hacer el cambio. Debemos ser concientes del poder que tiene la sociedad civil y de lo mucho que podemos hacer. Comprendiendo que somos capaces de lograr cambios si nos organizamos y así hacer escuchar nuestra voz lograremos que nuestros representantes nos tengan más respeto.
Este es un artículo que busca llamar a la reflexión y no incitar a hacer huelgas cada vez que algo nos parezca incorrecto. Si tenemos poder hay que saber utilizarlo, pero reconforta saber que podemos hacer mucho y entonces nuestra responsabilidad es estar atentos a los diversos sucesos. Manifestar lo que pensamos como ciudadanos responsables es realmente AMAR AL PERÚ.







