martes 25 de diciembre de 2007

Tolerancia


Este es un post bastante largo. Disculpen desde ya por la extensión, pero un tema como este no me permitía menos caracteres o, simplemente por necia, no quise reducirle el espacio.

Tenía pendiente un post sobre la tolerancia a raíz de un programa en el cual participé (3G) y también luego de leer un post de Roberto Bustamante (el morsa) al respecto. Así que hoy me sacaré el clavo saliendo un poco de la coyuntura política (es navidad, hay tregua) para soltar algunas ideas.


En tiempos como los nuestros no es nuevo decir que las cosas ocurren de manera tan veloz que ni nos detenemos a pensar por no perder el tiempo. Ocurre también que, aunque nos detengamos a pensar un poco, hay ciertos temas sobre los cuales no reflexionamos ya que los damos por sentado. Sí, tenemos ciertos dogmas muy propios de estos tiempos; por ejemplo, resulta rarísimo que alguien se pregunte si realmente la democracia es el mejor sistema de gobierno. Yo debo decir que voto a favor de la democracia totalmente, pero al margen del resultado al que lleguemos luego de la reflexión, ese instante de cuestionamiento crítico resulta fundamental para ratificarnos en nuestras creencias y profundizarlas.

Con la tolerancia ocurre algo similar. Es considerada como un valor muy de nuestros tiempos y a veces no se la cuestiona, con lo cual resulta difícil tratar de encontrarle una (y solo una) definición. Hagamos, aunque de manera superficial, el ejercicio crítico.

No puede negarse que la tolerancia es percibida como algo positivo para propiciar y mantener la armonía en las relaciones interpersonales; vale decir, es calificada como un ingrediente básico en la convivencia. ¿Esto por qué? Pues porque la tolerancia viene a ser algo así como la capacidad que tiene un individuo de respetar las diferencias de otro. Ahora bien, veamos algunos matices.

Tolerancia y toleranciaS

Tal vez resulte positivo hablar un poco de grados de tolerancia. Así como nosotros somos distintos uno del otro y cada uno tiene particularidades, cada caso en el cual la tolerancia pueda practicarse tiene también sus particularidades y es justamente por eso que hablar de grados o niveles de tolerancia es necesario. Así como existen distintos registros lingüísticos en la interacción ya que no hablo igual con mis patas de la universidad como con el rector de la misma, también en términos de tolerancia los niveles en función del contexto varían.

Por un lado, tenemos el plano de la vida privada. Tal vez dentro de ella establezcamos de manera tácita ciertos grados de tolerancia. En la pareja, por ejemplo, hay tolerancia, pero tal vez esta se reduzca a la conciliación de aspectos puntuales. De algún modo, uno reduce esta “tolerancia” ya que se trata de una relación distinta a la que se tiene con un grupo de amigos de la universidad, por ejemplo.

Si uno estaba considerando como potencial pareja a una persona con la costumbre de mentir, puede que se detenga a pensar en la posibilidad que tiene de aceptar eso o no. Si le parece imposible, pues ello no se trata de “intolerancia” por parte de uno con respecto a esta característica en el otro, sino de aquello que uno está dispuesto a negociar con miras a un objetivo común. En este caso, el de desarrollarse como pareja.

Este asunto del objetivo común es bastante importante ya que, en buena cuenta, es la razón por la cual ambas partes están dispuestas a negociar y dialogar, e incluso acercar puntos extremos cuando lo consideran posible. Pero no solo hay objetivos comunes en la pareja, veamos el ejemplo de dos personas que se encuentran en un debate público (elijan el de su preferencia: presidencial, municipal, farandulero, académico, etc.)

¿Cuáles son los niveles de tolerancia en este caso? ¿Uno puede decir “no, con esta persona no quiero volver a debatir”?

En realidad, lo que ocurre es que la tolerancia en este caso se evidencia en la disposición de las partes por oír la postura contraria y respetarla a pesar de no encontrarse de acuerdo con ella. Incluso podría hablarse de la “curiosidad por el otro”, pero en todo caso, esta curiosidad supone de todos modos ciertos sacrificios en pos de ese “otro” que opina distinto. Si uno goza de la “diferencia” pues ya no se trata de un ejercicio de tolerancia, sino de un disfrute personal (y esto se puso medio kantiano). En todo caso, la intención en primera instancia, debe ser la de sacrificar mis impulsos (naturales) en pos de la armonía con el y el respeto hacia el otro; ello a través de estos códigos culturales.

En ese sentido, imaginemos a alguien que se hace el “tolerante” simplemente, porque no le importa la opinión del otro (de arranque considera que no tiene razón) y entonces nunca entra en una confrontación. Algunos podrían decir que esta persona es muy tolerante, tanto así que no se pelea con nadie y respeta la opinión de todos. Pero ¿realmente las respeta? Tengo la impresión de que en realidad lo que ahí hay es falta de interés por el otro, lo cual no es respeto y la tolerancia va de la mano del respeto por el otro.

Uno es tolerante en la medida en que, al margen de pensar distinto, ha escuchado al otro, se ha puesto en su lugar y le ha prestado atención; ello no quiere decir que haya cambiado de opinión, sino que le ha otorgado a ese “otro” el mismo derecho de opinar que se otorga a sí mismo. La persona del ejemplo anterior no era tolerante, era simplemente un desinteresado.

Ahora bien, algunos podrán decir ¿y eso qué tiene? Si al final contribuye a que no exista la confrontación entonces ¿no es eso bueno?

Aquí entra un punto espinoso. Ocurre pues, que tenemos que ser conscientes de que la confrontación es parte de nuestra vida y, lo que resulta más importante, ello no tiene nada de malo. Y aquí pueden surgir las ganas de lanzarme tomates (lo cual sería intolerante), pero antes de la ensalada aérea déjenme explicar el punto.



Confrontación positiva

Alguna vez un profesor comentó en clase que la noción de igualdad surge justamente porque ese es el ideal. La idea es aceptada, difundida y defendida pues consideramos que todos debemos tener, por ejemplo, los mismos derechos; sin embargo, esta propuesta tiene lugar en un contexto de desigualdad en el sentido más laxo del término: no somos iguales. Tratamos de igualarnos en materia de derechos, porque evidentemente es imposible homogeneizarnos a todos en un sentido natural, cada quien tiene particularidades que deben ser respetadas; y es ahí donde la tolerancia interviene.

Pero, como se desprende de lo anterior, si todos tenemos los mismos derechos, pero al mismo tiempo no somos iguales cultural, física o psicológicamente, ¿no es lógico que en algún momento opinemos distinto frente a ciertos asuntos? Claro. Esa es la razón por la cual la confrontación es un reflejo de esta igualdad de opinión de aquellos que en ella intervienen. La confrontación no es el problema, sino las posturas que se adoptan dentro de esta dinámica.

Si existen dos opiniones encontradas respecto de cualquier tema, la tolerancia debe quedar evidenciada en la capacidad que tienen ambas partes por discutir entre ellas (dejando de lado las subjetividades) y con la plena disposición de escuchar al otro. Evidentemente, nada de esto es posible si la discusión entra en el plano personal y en las subjetividades, lo cual ocurre en nuestro contexto en los debates políticos por ejemplo.

Pero del mismo modo, regresando a un plano más privado, también en casa con los hermanos, los primos, los tíos, etc. puede existir confrontaciones que considero naturales. Es propio de los espacios democráticos, que existan ideas plurales y distintas. Resultaría ingenuo pensar, que podemos homogeneizar las posturas y ello además, va de la mano con la idea de “la verdad”. Aquel que cree que es portador de la verdad, pues de arranque cierra las puertas a cualquier posibilidad de diálogo; esta persona es también intolerante, a pesar de que no haya habido puñetes ni gritos de por medio.

Este asunto también resulta importante ya que a veces se confunde tolerancia con permisividad e intolerancia con agresión, lo cual es extremo. La tolerancia no es permisividad ya que, supone una relación bilateral, trilateral, etc. (dependiendo de la cantidad de involucrados) en la cual exista el respeto recíproco. En ese sentido, no se trata de permitir todo del otro, sino de permitirle expresar sus puntos de vista y al mismo tiempo, esperar una actitud similar de él con uno. En ningún momento, tolerancia significa permitir la violación de mis derechos, creo que tal vez ahí podría fijarse, tentativamente, un indicador del límite de la tolerancia.

Por otro lado, la intolerancia no se ve reflejada en los ajos y cebollas que poco gentilmente se lancen unos a otros. La intolerancia está en tratar de imponer un punto de vista utilizando para ello cualquier medio. Generalmente, estos medios son las agresiones verbales o físicas, pero hay otras formas tal vez más sutiles de intolerancia. Está por ejemplo la manipulación, la agresión psicológica, el chantaje, etc. No se me vienen a la mente muchas otras formas, pero creo que en términos de intolerancia, la lista puede ser bastante larga.

Entonces, es preciso diferenciar tolerancia de permisividad e intolerancia de agresión (aunque estas últimas estén algo más relacionadas, ello es materia de una delimitación más fina y sesuda) a fin de no confundir los límites.

Lo que quisiera resaltar, es que la confrontación per sé no resulta negativa y, de hecho, evidencia la pluralidad de opinión, con lo cual también la igualdad de derechos de los individuos. La confrontación entonces, es parte de nuestra vida y de todas las relaciones interpersonales.

Integración vs. Asimilación

A lo largo (que es bastante) de este post he mencionado la importancia del respeto hacia la postura del “otro”. Ahora bien, la pregunta interesante sería ¿quién es este “otro”? Al parecer, se considera “otro” a quien no es uno; sin embargo, también podríamos aventurarnos a decir que por “otro” se hace alusión a quién no opina como uno o, simplemente, no conocemos.

En ese sentido, tenemos un tema bastante amplio y sujeto a múltiples opiniones que, por supuesto, serán aceptadas en la sección de comentarios con la tolerancia que caracteriza a este blog.


En un país como el nuestro, en el cual coexisten realidades tan distintas entre sí y que, por supuesto, no conocemos a cabalidad, ¿podemos hablar de “otros”? Y, en todo caso ¿por qué ellos serían los “otros” y no nosotros? O, lo que resulta también importante, ¿hasta qué punto resulta correcto que sigamos abogando en pos de un proyecto nacional que nos englobe en ese “nosotros” ideal?

Estas interrogantes no tienen respuesta definitiva, pero veamos algunos puntos importantes.

Cuando mencioné, líneas arriba, que no conocemos a cabalidad todas las realidades coexistentes en el país, olvidé mencionar que algunas se desarrollan de manera invisible. Con ello completamos el complejísimo panorama de un país como el nuestro que no presenta una identidad nacional ya que, entre otras cosas, no ha conciliado con sus múltiples realidades.

Como supondrán, el diálogo entre las diferentes culturas, cosmovisiones, costumbres, etc. del país es nulo, no solo porque el asunto es difícil, sino además porque la intención es poca. Son “algunos” los escuchados, son ellos mismos los que defienden ciertas “verdades” y de algún modo las imponen ya que a ellos se reduce el “nos-otros” nacional.

En todo caso, es necesario mencionar la diferencia importante entre integración y asimilación. La integración contempla tolerancia, respeto por la pluralidad y articulación de los aspectos en común sin tratar de imponer las particularidades de unos sobre la de otros. La asimilación por el contrario, aspira llegar a un modelo y que las diferencias poco a poco (o mucho a mucho) pierdan vigencia. ¿Quiénes plantean este modelo? Ya imaginarán la respuesta.

La integración es aquello a lo que debemos aspirar. Una integración que surja luego de un diálogo con la sociedad y sus múltiples integrantes. Dicho diálogo debe desarrollarse en un contexto de respeto entre todos y los diversos puntos de vista de cada uno. Solo así la sutil línea entre integración y asimilación no será pasada por algo.


¿Lograremos crear el espacio para fomentar dicho diálogo? ¿Qué podemos hacer para que ello ocurra? Por lo pronto, seguir pensando en alternativas, por ahí que alguien ya tiene alguna.

5 comentarios:

Jose Alejandro Godoy dijo...

Varias ideas planteadas en este post, pero quisiera comentar la última, referida a la creación de espacios de diálogo.
Ciertamente, creo que todos sabemos que la generación de espacios en los cuales dos personas puedan conversar no es una tarea fácil. Si nos fijamos en las relaciones personales, incluso entre dos personas que se tienen bastante estima no es fácil sentarse y decir algo que me incomoda de la otra persona, por temor a que lo tome a mal. Si ello sucede incluso entre amigos entrañables o entre parejas, el tema es mayor cuando nos encontramos ante personas que piensan radicalmente distinto o que tienen problemas para reconocer en el otro alguien que, en su diferencia, es similar a ellos.
¿Cómo superar este bache comunicacional? Pues no tengo una fórmula clara en este momento para enfrentar un problema tan grande como este. Pero quizas la clave, como en las relaciones más personales, sea comenzar por una cuota de respeto por el otro, considerarlo como alguien con el que puedes tratar todos los temas, incluso los más incómodos. Si no comenzamos desde alli, pues cualquier intento de diálogo se verá frustrado.

Anónimo dijo...

parece un articulo de winquipedia si quieres escribir algo de ANTROPOLOGÍA o SOCIOLOGÍA debes de ser antropologa o sociologo, como se dice zapatero a su zapato...tú articulo no tiene sustento teorico ni mucho menos, aprende a escribir ana lucia riveros

Laura Arroyo Gárate dijo...

Estimado anónimo, que pena que no te haya gustado el post, pero gustos son gustos.

Por otro lado, cabe la aclaración de que no creo que solo un abogado pueda escribir de derecho, un antropólogo de antropología, un economista de economía, etc. En tal caso estaríamos circunscribiendo la facultad de opinar que todos tenemos, al margen de nuestras especialidades.

Esa es una de las cosas que la PUCP me enseña: mirada interdisciplinaria.

Pero así como gustos son gustos, opiniones son opiniones.

Gracias por los comentarios.

Anónimo dijo...

pregunta al anónimo

¿ qué es winkipedia?

Anónimo dijo...

Bien curioso lo que plantea el anónimo 1 y gracioso lo que pregunta el 2, bueno como tercera anónima, no me quedan clara varias cosas:
1. El artículo se llama tolerancia y se tejen ideas respecto a este valor llamado así.
2. Espero equivocarme, pero últimamente se habla más de los valores y de la necesidad de que se instalen en nuestra sociedad que carece de estos y por eso en el cotidiano vemos actitudes o situaciones que no se hubieran dado si nuestra sociedad tuviera mejor interiorizados los valores.
Siguiendo mi especulación los que siempre están en esta onda por lo general son los religiosos o colegios religiosos, instituciones religiosas.
Históricamente además se han escondido con estos escudos actitudes que distan mucho con la línea de valores(hay que ponerlo claro, ejemplo moderno "Los derechos humanos son una cojudez". Volviendo al punto del anónimo en el parrafo "zapatero a tus zapatos", para hablar de valores ¿quién sería el zapatero de estos zapatos? . Todos no, si asumimos como verdadera la propuesta de anónimo 1.
Sí respondemos históricamente deberían hablar de valores sólo los religiosos Lau tú no eres religioso (porque las mujeres no pueden ser sacerdotes, capellanes, obispos y arzobispos), pero tienes una salida podrías hablar siempre y cuando seas MONJITA, así es para hablar de valores debes ser monja, entonces sí serías una buena zapatera que habla de sus zapatos.
Pero los valores no nos compete a todos?, vivir en valores no es el ideal de una sociedad, fomentarlos, discutirlos, equivocarnos, reformular, la pregunta ahora es
¿hablar de valores no es un zapato obligatorio en nuestras zapateras?