jueves 27 de diciembre de 2007

Tiro por la culata


El titular del Interior solo encuentra un brazo al cual aferrarse ahora que las papas no solo queman, sino se evaporan. Alan García Pérez, nada menos que el mismísimo Presidente de la República, ha decidido seguir de espaldas a las demandas ciudadanas y defender a quien además del carné, guarda una estrechísima relación amical con él: Luis Alva Castro.

La necesidad de un nuevo ministro en el Interior ha sido ampliamente explicada en este humilde pero muy crítico espacio (ver aquí y aquí) y, sin embargo, seguimos esperando que el Presidente escuche. Este asunto parece antes uno personal que político; la lucha está entre el Presidente de la República y su defendido, contra todo aquel que, como yo, reclama cambios en dicho sector.

Cabe mencionar de todos modos, que si bien es cierto un cambio de ministro no hará la diferencia en un sector tan importante como este, en este caso además de las políticas claras (mucho más ahora luego de los últimos atentados narcoterroristas) es preciso que exista al mando de dicha cartera una persona con autoridad y aceptación popular.

Ese, evidentemente, no es el caso de Alva Castro. Por ello, este asunto es algo distinto al de los otros ministros ya que, frente a ellos se consideró más importante el cambio de políticas frente al de los rostros; sin embargo en el caso del Ministerio del Interior, tanto el cambio de políticas y reforma, como el cambio del Ministro resultan importantes ya que de nada sirve la una sin la otra. Alva Castro ha perdido total legitimidad.

Tal vez esa es la razón del título de este post: “Tiro por la culata”. En el afán presidencial por blindar a su ministro favorito, García ha errado de manera sistemática y grave. Si lo que deseaba, como mencionábamos en otro artículo, era un equilibrio de poderes dentro del gabinete (el otro fuerte es del Castillo) entonces, el Presidente cometió un absurdo error digno de su primer gobierno.

No es preciso ser un diestro y experimentado analista político para notar que una de las principales desventajas de un personaje público es la sobreexposición. Tenemos varios ejemplos peruanos como Lourdes Flores Nano, quien desde que decidió empezar a guardar silencio ha aumentado su índice de aceptación. Por otro lado tenemos a quien parece seguir al pie de la letra eso del “sonido del silencio” y por ello flota como un corcho en el agua: Luis Castañeda Lossio (a quien en navidad sugerimos pagar un curso intensivo de terapia de lenguaje). Con estos dos ejemplos notamos que, lamentablemente, cuando un personaje político decide callarse evita la disminución de popularidad ya que se aleja de las polémicas y con ello, de tener que tomar una posición firme respecto a tal o cual asunto.

Ahora bien, Luis Alva Castro no se ha caracterizado por hablar mucho, entonces ¿qué pasó? Sucede que desde el escándalo de los patrulleros debió dar un paso al costado, en primer lugar porque se trataba del mismo caso que obligó a Pilar Mazetti a alejarse del cargo y, en segundo lugar, porque ello hubiera sido lo correcto. Bueno, mucha corrección no hay en Palacio.

Luis Alva Castro se libró de una censura (avalado, por supuesto, por sus compañeros en el Congreso) y con ello nos sacaron la lengua. Pero somos democráticos y, aceptar el juego democrático implica tener en cuenta que nuestras peticiones pueden ser dejadas de lado si no consiguen mayoría. Entonces, aceptamos con mucho pesar esta decisión congresal, y seguimos reclamando que el “ministro” saliera, por otras vías (los medios de comunicación son importantes en este sentido).

Pero a García eso le importó poco y siguió avalando a su “ministro” (porque en realidad es su ministro). Luego de los atentados (desde el de Ocobamba hasta el último en Huanta) la población, como es obvio reclama que el Ministerio del Interior se ponga las pilas y trabaje siguiendo políticas claras que enfrentarán al narcoterrorismo. Pero la población (porque no es solo la oposición, que García se deje de cuentos) reclama también un nuevo Ministro pues se ha dado cuenta (y hace buen tiempo) de que las políticas de reforma no llegarán nunca con un “ministro” que sigue resguardándose tras la panza de su protector y que ha perdido toda legitimidad.

Y aquí viene el gran nuevo error de García: volver a defenderlo a capa y espada. Con ello, lo único que hace es ponerlo nuevamente en el escenario como un defendido personal y exponerlo a las nuevas y justificadas críticas de todos los que hace buen tiempo nos la pasamos diciendo que su tiempo en el Interior acabó.

Ahora bien, si mantenerlo en el gabinete resulta importante pues se trata de un equilibrio de fuerzas apristas (en cuyo caso se trataría de una jugada intrapartidaria dirigida por García) entonces el Presidente sigue cayendo en un error. ¿Alguien en su sano juicio puede creer que luego de todo lo acontecido respecto a Alva Castro en el Interior, en el APRA lo defienden de la misma manera? Si García no quiere sacarlo por una cuestión de respeto a quien en algún momento fue la carta presidencial del partido de la estrella, lo que debería hacer es, por misericordia, despedirlo.

El respeto que inspira Alva Castro se reduce a su amistad con el Presidente de la República y su pasado en el partido de gobierno, pero incluso dentro de él, debe estar resultando incómodo que uno de los suyos despierte tantos anticuerpos y con ello (y esto es lo que no me queda claro respecto a la actitud del mandatario) fomente también la disminución de la aprobación a la gestión del Presidente.

¿Qué es lo que está priorizando Alan García? ¿La amistad, el partido, el país? Lo que me queda claro es que se trata de una defensa ilógica que responde antes a la soberbia del Presidente y a su afán por no hacer caso a lo que la “oposición” dice. Él mismo parece no darse cuenta, de que mientras más defienda a Alva Castro, más alertas estamos ante cualquier metidita de pata del “ministro” y con ello, más desprestigiamos su ineficiente labor.

Alan García pierde con la permanencia de este “ministro” y ya debería darse cuenta de ello. Él es el real perro del hortelano “no despide, ni deja despedir” o tal vez “no despide, ni deja renunciar”.
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1 comentarios:

Jorge Vasquez dijo...

Estimada bloger,
hay que entender que Alva tiene un apoyo orgánico partidario; propio de una organizacion como la del APRA, que valgan verdades, es el único partido político existente en el país. Entendiendo que las otras organizaciones son tan sólo plataformas que se activan al aproximarse una contienda electoral y que subsisten con cierta actividad sólo en caso de ganar alguna elección pero languidecen al perderlas.

La permanencia de Alva responde a ese orgullo orgánico, al considerarse que su salidad debilitaría al partido y su presencia dentro de gabinete.

Es en esta lógica que se entiende el pañuelo blanco del ahora ministro de salud.