lunes 12 de noviembre de 2007

Medidas lentas: consecuencias graves

Artículo publicado en PuntoEdu, diario semanal de la PUCP, el lunes 12 de noviembre 2007


El ataque a la comisaría en Ocobamba ha despertado más una sospecha respecto a los posibles implicados en el denunciable suceso. Narcotraficantes, senderistas, alarmistas, etc. Las posibilidades han corrido por las plazas mediáticas y los comentarios cotidianos que oscilan entre el clima terrible, el segundo incendio en Mesa Redonda y este hecho. Ahora bien, lo importante no solo resulta el motor tras la cuestión y los agentes de lo ocurrido, sino también (y sobre todo) las medidas que se deben tomar.

Ante atentados de este tipo la población actúa, lógicamente, con temor. “Lógicamente” pues el temor resulta una respuesta natural acentuada en nuestro caso, por los recuerdos del periodo de conflicto interno vivido en el país. En dicho momento no quisimos ver y aún ahora seguimos con una venda en los ojos, aunque matizada y a veces transparente. Por ello las especulaciones se multiplican ya que, de algún modo, se quiere acentuar la importancia de la acción inmediata y enfática frente a lo ocurrido.

Pero, ¿qué hacer? No se trata de dirigir medidas aisladas que calmen las aguas de a poquitos porque si nos limitáramos a eso solo estaríamos parchando el problema y los parches, a la larga, resultan siempre más caros. Hay que evaluar dos aspectos fundamentales.

Por un lado, la necesidad de hacer presente al Estado en las zonas no solo de emergencia, sino en todas aquellas que siguen siendo “invisibles”. Resulta ingenuo, pero no poco común, pensar que esta “invisibilidad” de muchos solo trae como consecuencia el relego de los mismos en un proyecto nacional aún inexistente; grave error, pues la otra consecuencia, y de ello tenemos bastante evidencia, es el resentimiento que se forja por parte de aquellos que se sienten invisibles, no escuchados y, en buena cuenta, extraños en su propio país. No justifico las medidas radicales, pero no es difícil encontrarles explicación. Por ello para detener la posibilidad de nuevos atentados es preciso tener en cuenta la importancia de descentralizar un estado que se limita a Lima y algunas otras ciudades costeñas.

El otro aspecto a considerar y sobre el que es preciso actuar inmediatamente, es el Ministerio del Interior. Existe una reforma urgente y pendiente desde hace buen tiempo y lo único que tenemos durante este régimen es la negligencia (debería proponerse un SOAT ministerial) de Luis Alva Castro y su amarre al puesto.

Si bien la frustrada censura agotó los ánimos por sacar del gabinete a quien ha actuado de manera incompetente, no debemos descansar en el intento por conseguir ministros que no solo se pongan el fajín, sino que lo merezcan. Con el blindaje aprista al compañero no tendremos sino más incompetencia en los ministerios, pese a la anunciadísima evaluación ministerial que avanza más lento que el FORSUR, y desde luego, más atentados.

No debemos perder de vista la compleja red de motivaciones que subyace a estas acciones ni limitarla a una respuesta contra la “política antidrogas” impulsada desde el Ministerio del Interior. Ese podría ser solo un factor y, por más que le duela al “Ministro” Alva Castro, la autoridad que mantiene es mínima. Debe salir y dejar la cartera en manos de quien pueda responsablemente, dar curso a la reforma que necesitamos. Reto al presidente a entender que primero es presidente y después aprista, ¿podrá con el reto?