domingo 25 de noviembre de 2007

El protagonista

Aprovechando el domingo de “relajo”, luego de una semana dedicada casi exclusivamente a labores lingüísticas (aquí inserto las disculpas públicas por no actualizar este blog durante los últimos días), empecé la mañana con un expreso doble y los periódicos del día. Mi mamá, para variar, ya se los había devorado y me recomendó revisar “El Comercio” de hoy. Le hice caso.

Me resulta curiosa esta reciente actitud presidencial por publicar sus “opiniones”. Vamos por partes. En primer lugar, no resulta accidental que la publicación de sus columnas se realice en el diario “El Comercio”, diario que tiene un pasado no tan armonioso con el APRA. Pero bueno, sabemos que si algo no tiene el Presidente García es consecuencia así que, dejando de lado este aspecto veamos otro. También resulta interesante notar que el Presidente ha aparecido en otro diario recientemente, esta vez en una entrevista. ¿De qué diario se trata? La Razón. Sí, el mismo que sigue defendiendo a diestra y siniestra el régimen fujimorista y justificando las violaciones a los DDHH, entre otras perlas.

Ahora bien, digamos que todo ello lo pasamos por alto. Digamos que el que el Presidente publique sus artículos en “El Comercio” no guarda relación con una posible tendencia política y económica (antes de derecha que de izquierda), digamos también que la entrevista en La Razón no tiene nada, pero nada, que ver con su cercanía hacia el fujimorismo. Bueno, ahora que nos vendamos los ojos (solo con fines didácticos) revisemos otra cuestión.

¿Qué significan estos artículos?
El primer régimen de García lo revivo entre recuerdos ciertamente borrosos, pero no por ello menos significativos. Recuerdo, por ejemplo, mi inútil negativa por ir a comprar (esas colas me tenían loca, aún de pequeñita), o también la tensión generalizada en un clima de inestabilidad económica constante. Pero, además de todo ello, recuerdo que no eran pocas las veces en que podía ver en la televisión al Presidente de la República quien, curiosa y lamentablemente, es el mismo que algunos años más tarde y con una panza crecida nos conmina a dejar de ser “perros del hortelano”.

Sus apariciones eran constantes ya que Alan era “la estrella del momento”. Mucho se ha dicho sobre su necesidad de protagonismo, necesidad que muchos políticos también tienen, pero que Alan lleva a la máxima expresión. En aquel entonces estas apariciones públicas, con el ánimo de masajear un poco el ego del mandatario, eran llamadas “balconazos”. Hoy podríamos decir que los balconazos de este segundo régimen han recobrado vida y ello se evidencia en “El síndrome del perro del hortelano” y “Receta para acabar con el síndrome del perro del hortelano”.

Es probablemente el afán de protagonismo y sobre todo, la necesidad de omnipotencia, las que obligan al Presidente de la República a aparecer en el escenario nacional a cada momento. A raíz del artículo que publicara hace algunas semanas, se inició todo un debate mediático y político. No espero nada menos del artículo publicado el día de hoy.

Ahora bien, es preciso reconocer que un Presidente de la República debe manifestarse sobre una serie de sucesos, pero en el caso del Presidente García lo que se percibe es afán de protagonismo.

Hace un par de semanas se llevó a cabo el seminario “Reforma del Estado en el Perú” en la PUCP. En dicho seminario se pusieron sobre la mesa una serie de posibles medidas para reformar el Estado y garantizar, a largo plazo, un mejor funcionamiento del mismo. Cabe resaltar un tema en particular ya que tiene relación con este artículo: la figura presidencial.

Nuestro sistema es considerado presidencialista, pero lo cierto es que el asunto llega a extremos. El Presidente tiene demasiadas facultades y no tiene responsabilidad política. Esta sobreprotección exagerada a la figura presidencial resulta perjudicial. Una sugerencia para resolver este asunto fue la de fortalecer la figura del Premier, pero bueno, habría que ver la posibilidad de esto y evaluar los beneficios; quedémonos, sin embargo, con lo primero: el presidente debe delegar responsabilidades, para ello, por ejemplo, están los ministros.

Pero se trata de García, eso de delegar funciones no va mucho con él. Al margen de la creación de organismos “independientes” (e incluso inútiles), a la larga, es él quien decide y vaya que le gusta hacerlo notar. Como vemos el Presidente García ha asumido esta figura presidencial peruana de manera cabal. Se manifiesta sobre asuntos que, en principio, no le incumben (manifestación a favor de Moisés Wolfenson) y además tiene una política de ridiculización u obstaculización a todo aquel que ose empezar a figurar positivamente en la opinión pública. La designación de Alva Castro en el Interior, respondió a una presencia creciente de Jorge del Castillo por ejemplo.

Por otro lado, la ridiculización la evidenciamos hace pocas semanas. La explicación del Presidente respecto a las desafortunadas declaraciones del Ministro de Vivienda, Hernán Garrido Lecca, no solo lo dejan muy mal parado, sino además con la autoridad en el piso (casi tanto como la de Alva Castro). Lamentablemente, estas formas muy “García” no son cuestionadas.

¿Por qué esto resulta importante? Pues porque se trata de indicadores acerca de la actuación de quien es nada menos que el Presidente de la República. ¿Hasta qué punto podemos creer que tiene cierto respeto por los peruanos si no lo tiene ni por sus ministros? Cada cortina de humo es una falta de respeto; en materia de distraer la atención de los ciudadanos no hay matices ni justificaciones. Cada medida anticonstitucional e improvisada es igual de irresponsable e irrespetuosa. Aquí pensemos por ejemplo, en la reciente iniciativa presidencial por publicar los nombres de los 1800 terroristas liberados durante los últimos años (claro, al régimen de Fujimori ni lo tocan, pero de los que fueron liberados ya que no habían resultado terroristas, no se dice nada).

Todo ello por un lado, pero por otro detengámonos en estas columnas de “opinión” porque habría que examinar si lo son realmente.

Cuando un analista escribe una columna de opinión pues, se trata de eso, opinión de tal o cual persona. Cuando el Presidente de la República lo hace, habría que ver si se trata de opinión y nada más. Si es el Presidente quien asume las riendas de un país, podríamos inferir que de opinión no hay mucho, lo que hay es anuncio.

Con ello estamos fritos pues resulta que todo aquel que se oponga a sus medidas o no desee llevar a cabo su receta para la indigestión, perdón, para acabar con el síndrome del perro del hortelano, pues será punto central de sus críticas y adjetivos des-calificativos; esos que tanto le gustan. Por otro lado, mejor sería hacerle caso, a menos que queramos que empiece a cuestionar nuestro peso y asumir que la motivación de nuestra opinión crítica está directamente relacionada con la cantidad de kilos que llevamos encima (de más o de menos), nuestro estado civil, los granos en el rostro o algún otro ridículo indicio.


Lo que tenemos aquí es a un Presidente que desean andar metido en todo. Entendemos que por el cargo que tiene, debe tomar posición en diversos asuntos, pero de ahí a actuar como abogado defensor, como espiritualista (basta escuchar algunos de sus bíblicos discursos), consejero físico (pregúntenle a Garrido Lecca), etc. hay una gran diferencia.

Es preciso que Alan García entienda que como Presidente de la República la prudencia debería ser su mejor amiga. Al margen de sus asesores personales (que parecen ser medio ligeros), el mismo García es capaz de notar cuando una acción presidencial causará reacciones negativas. Ese es el caso tanto de su intervención respecto al caso de Moisés Wolfenson como de su defensa a la Ley Fujimori que surge en el momento más polémico. A veces las medidas, para ser realmente correctas, deben aparecer en el momento oportuno.

Por ello este segundo capítulo de la saga “¿quién se ha llevado a mi perro?: el hortelano” antes que recomendable por el contenido (lo cual resulta interesante y podría ser materia de otro artículo), lo es por quién lo escribe, el tono en que lo hace y la intención que subyace al texto. Nuestro protagonista sigue sorprendiéndonos, aunque no muy gratamente.


7 comentarios:

GUILLE da MAUS dijo...

El ego de Alan es tan grande que quiere convertirse en el "intelectual orgánico" del liberalismo peruano, sin importar el escepticismo que genere incluso entre los propios liberales. Pareciera que recién acaba de comprender los postulados minarquistas del liberalismo económico y se ha emocionado tanto con ellos que no ve la hora de aplicarlos, sin darse mucha cuenta que esta yendo prácticamente a contracorriente y, lo peor de todo, manejándose como elefante en una tienda de cristales.
Comparto el contenido pero no su envase plástico. Como sabrás, mi preocupación no es tanto por el expositor, sino por los botones mentales que dispara su peculiar exposición. Se viene una rasgadura de vestiduras generalizada en la bienpensantía "neoliberalofóbica" nacional.

Anónimo dijo...

De acuerdo mi querida Laura, pero para evitar futuras responsabilidades y crecimientos politicos; fijate como vienen siendo trasladadas funciones del gobierno central a gobiernos locales y regionales. (Educación, Salud dentro de Salud violencia familiar)

SEIKO

Anónimo dijo...

El Zorro de Abajo. En defensa del perro del hortelano
Sinesio López Jiménez.

El perro de García no es como el perro de Rousseau: fiel, leal y cariñoso. Por esa razón lo escogió como su único acompañante cuando los gobiernos de Francia y Suiza lo perseguían para encarcelarlo (por haber escrito La nueva Eloísa, Emilio y El Contrato Social) y el filósofo inglés David Hume le ofreció asilo en Inglaterra para protegerlo. Por el contrario, el perro de García es, por propia confesión, como el del hortelano: no come ni deja comer. Cada uno tiene el perro que se merece. Esta es la conclusión a la que llegué después de leer el extenso artículo que García publicó en el decano. Me sorprendió, en primer lugar, que García escribiera en El Comercio y que éste acogiera con evidente simpatía su artículo, dada la enemistad histórica que ha existido entre el Apra y el decano de la prensa nacional. Más allá de la sorpresa, me parece bien para el Perú y para la política peruana que dos enemigos históricos pasen de la enemistad a la reconciliación.

Me llamó también la atención lo escrito por García porque lo que allí dice lo ubica en el polo opuesto de "El antiimperialismo y el Apra" y otros escritos fundacionales del partido de Alfonso Ugarte. Esta negación de Haya de la Torre por Alan García es un asunto que concierte a los apristas y a los simpatizantes del Apra. Ellos tienen que confirmar o desautorizar esta negación doctrinaria del Apra por parte de García. El viraje ideológico a la derecha, que venía expresándose en las políticas del gobierno, aparece ahora dicho en blanco y negro como una negación explícita de la doctrina auroral del Apra. Me sorprendió asimismo que García escribiera como si estuviera descubriendo la pólvora cuando en realidad está repitiendo lo que ha pensado la derecha desde siempre, particularmente la oligarquía.

El modelo de desarrollo de la oligarquía fue la economía de exportación basada en la explotación de los abundantes, diversos y ricos recursos naturales, extraídos por la mano de obra que no siempre fue asalariada (porque los rentistas utilizaron extensamente el trabajo servil) y que siempre fue barata. ¿Cuál es la diferencia entre el modelo económico oligárquico y el que propone García? En realidad, casi ninguna. Lo que propone García es la profundización del mismo modelo con pocas y superficiales novedades.

El trabajo servil de antes será ahora reemplazado por los services y por los contratos, típicas modalidades de trabajo (que utiliza el capitalismo salvaje para elevar desmesuradamente sus ganancias) contra las cuales insurgió la candidatura de García en el 2001 y en el 2006. La propuesta de García es privatizar los bosques amazónicos, vender las tierras comunales, expropiar a los campesinos y pobladores sus tierras para entregar el subsuelo a las grandes corporaciones extranjeras. García cree que este modelo de desarrollo hará del Perú, sino un paraíso, al menos un país con bienestar, pero que el gobierno aprista y él mismo como presidente no pueden impulsarlo porque tienen la férrea oposición del perro del hortelano.

Me pregunto si al perro del que habla –el del hortelano– y al que atribuye un enorme poder, no le asiste alguna razón frente a lo planteado por García. Después de todo, no hay que pensar que el perro del hortelano siempre está equivocado. Puede suceder que en algunas ocasiones su acción sea la correcta. Estamos acostumbrados a pensar que el perro del hortelano actúa siempre mal porque actúa por envidia que es considerada generalmente un sentimiento negativo. Tocqueville, el más brillante pensador político del siglo XIX, creía, sin embargo, que la envidia era un sentimiento democrático porque ayuda a combatir la desigualdad y estimula la búsqueda de la igualdad.

Lo que sucede es que García comparte con Burke, un preclaro representante del pensamiento reaccionario, el mismo sentido de la envidia: "siendo desesperadamente pobres –escribió Burke refiriéndose a los curas pobres de la representación del clero en vísperas de la Revolución Francesa– no podían considerar la propiedad, tanto secular como eclesiástica, sino con ojos de envidia". ¡Qué parecidos son esos curas franceses de los que habla Burke a los campesinos pobres a los que se refiere García y a los cuales quiere despojar de su propiedad para entregarlos a las grandes corporaciones extranjeras! Si de eso se trata, entonces el perro del hortelano tiene razón y no es tan diferente del perro de Rousseau

Anónimo dijo...

Sin duda Alan con su artículo del "perro del hortelano" es masdistinto al mandatario de 1985. A mi no me convece todavia ese cambio. Es mas pienso que sus dos artículos ya publicados no los escribe él sino algun asesor o grupo de asesores pero autorizados obviamente por el jefe de Estado.

Roberto dijo...

comentario (si quieres lo borras):

puedes escribir con un solo tamaño de letra? marea un poco leerlo en varios tamaños y colores. sobre todo si los colores que se usan no guardan mucho sentido con el diseño en general del blog.

saludos cordiales

Anónimo dijo...

La que se está quedando sin propuesta es Lourdes, que puede ofrecer después, si Alan ahora es el candidato de los ricos?

Laura Arroyo Gárate dijo...

Al último anónimo:
tu comentario me suscita una pregunta: ¿acaso Lourdes, siendo candidata de los ricos podría ofrecer algo? Ese es un detalle interesante porque primero le reclamaban eso y ahora al parecer esa era su "ventajilla".

Me da la impresión de que su GRAN defecto campañero (bueno, uno de los tantos) fue justamente que no logró quitarse esa imagen de "candidata de los ricos". Ahora bien,lo que me preocupa es que el actual presidente está muy cómodo con el rótulo que él ayudó a construir para tumbarse a Lourdes. Los grandes empresarios, por su parte, también andan muy contentos.

Gracias por el comentario.

pd: Gracias por la sugerencia Roberto. A veces con tal de contrastar el blanco de la plantilla uso los colores. Haré un par de experimentos distintos a ver si dejan de marear. Gracias nuevamente por la sugerencia.