Han pasado ya 15 meses desde que García asumiera la Presidencia de la República. Han pasado ya 15 meses desde que, con el habitual optimismo terco que nos acompaña durante los primeros pasos de un nuevo período democrático, esperamos reformas en sectores clave, responsabilidad en los representantes, reivindicación en ciertas instituciones, y una larga lista de etcéteras.
Han pasado ya 15 meses y poco de lo que esperábamos ha llegado a buen puerto, pero lo que resulta más triste, es que no parece haber índices de cambio en este panorama. Las reformas tantas veces postergadas, siguen postergadas y los afectados, para variar, resultan los mismos a quienes quieren venderles el cuento de que con el crecimiento macroeconómico que tenemos, el chorreo llegará en cuestión de días.
Reformas urgentes tenemos miles, pero una de ellas con vital importancia es, qué duda cabe, la reforma en el sector educativo. Un país con el crecimiento macroeconómico que tiene (y que ostenta orgulloso el Jefe de Estado y sus allegados en cada aparición pública) y que puede dar por sentado el Tratado de Libre Comercio con los EEUU, no tiene muchas excusas par justificar su aletargamiento frente a la importancia merecida en este sector.
La revista SOMOS publica el día de hoy que “(…)el campo más desastroso es la educación pública donde seguimos retrocediendo hasta tocar fondo. Aparecemos en el último lugar del ránking en cuanto a la calidad de la educación primaria.”
Han pasado ya 15 meses y poco de lo que esperábamos ha llegado a buen puerto, pero lo que resulta más triste, es que no parece haber índices de cambio en este panorama. Las reformas tantas veces postergadas, siguen postergadas y los afectados, para variar, resultan los mismos a quienes quieren venderles el cuento de que con el crecimiento macroeconómico que tenemos, el chorreo llegará en cuestión de días.
Reformas urgentes tenemos miles, pero una de ellas con vital importancia es, qué duda cabe, la reforma en el sector educativo. Un país con el crecimiento macroeconómico que tiene (y que ostenta orgulloso el Jefe de Estado y sus allegados en cada aparición pública) y que puede dar por sentado el Tratado de Libre Comercio con los EEUU, no tiene muchas excusas par justificar su aletargamiento frente a la importancia merecida en este sector.
La revista SOMOS publica el día de hoy que “(…)el campo más desastroso es la educación pública donde seguimos retrocediendo hasta tocar fondo. Aparecemos en el último lugar del ránking en cuanto a la calidad de la educación primaria.”

Es cierto, no nos caracterizamos por nuestra alta calidad educativa y, lo que resulta alarmante además del estancamiento en esta situación, es que la población de manera lógica empieza a sentir una decepción creciente frente a este hecho. En un país en el cual la gran mayoría de ciudadanos ve en la educación la posibilidad acceder a mejores condiciones de vida y rearticular ciertas condiciones sociales, es imprescindible que dicha decepción no encuentre mayor asidero. Sin embargo, ocurre todo lo contrario.
Podemos nombrar a dos grandes actores que influyen en este resultado. Por un lado, y ya lo hemos mencionado, se encuentra el Estado y, principalmente, el presidente García. Desde que asumió el cargo ha encontrado en el sector educativo el dolor de cabeza máximo pues ni con cortinas de humo puede evitar que la población se entere de lo que ocurre respecto a este tema. Los previos a la evaluación censal realizada a inicios del año pintaron de cuerpo entero a un presidente que anunciaba una evaluación y agarraba por sorpresa al mismísimo Ministro de Educación (algo así como Garrido Lecca a del Castillo hace un par de días) quien, actúo rápido para no defraudar al jefe. Claro, la improvisación se dejó notar.
Por otro lado, un actor influyente también es el SUTEP quien no ha sabido articular con corrección las demandas de los maestros; en primer lugar porque la dirigencia se mantiene en manos de un partido durante años y, en segundo lugar pues las peticiones se han dirigido principalmente hacia el tema de las evaluaciones, que aunque les duela, son muy necesarias. Además, otro problema ha sido, sin duda, la subjetividad en las declaraciones y las reacciones del grupo, de este modo, no respondieron con la serenidad y objetividad propia de un maestro a los descalificativos irresponsables e intolerantes por parte del jefe de estado.
Y mientras tanto, la decepción ciudadana respecto del campo educativo sigue aumentando. Pasaron las evaluaciones, pero no hubo reales cambios. Las capacitaciones se dan de a pocos y con sendos problemas que evitan pintar con mejores colores estas pequeñísimas (y polémicas) iniciativas. El sector educativo sigue en código rojo y no se ven avances.
Lamentablemente, ahí no queda la cosa.
Durante estos últimos meses un nuevo episodio colma carátulas en los medios, espacios en los programas televisivos, posts en los blogs y calles en la ciudad. La lucha que los docentes universitarios están enfrentando en las calles evidencia nuevamente las nulas reformas educativas que tiene en agenda este régimen.
El domingo pasado, en el suplemento “Domingo” del diario “La República”, un reportaje bastante completo nos plantea la problemática. Una vez más, el detalle está en las reglas del juego y el incumplimiento de estas; un caso similar al que denuncié en este espacio hace algunos días respecto de las capacitaciones a los maestros. Por un lado, tenemos lo que dice la norma y el compromiso que se inició en el régimen de Alejandro Toledo: que los docentes universitarios ganaran tanto como los magistrados del Poder Judicial.
Dicha homologación se realizaría en 3 años ya que, como se imaginan, el desembolso resulta bastante significativo. Pero, ¿y ahora qué pasa? Bueno, que no se ha cumplido con el aumento acordado durante este año y, claro está, si uno calcula su presupuesto en función a los acuerdos tomados y ofrecidos por parte de los Jefes de Estado, cuando encuentra la falta a la palabra se enoja. Así fue que los docentes universitarios salieron a las calles a reclamar por el aumento prometido y entonces el Presidente de la República cometió, lo que suelo llamar coloquialmente, la patinada presidencial.
Cada cierto tiempo, surgen situaciones tensas que ponen al Presidente en aprietos. Muchos Jefes de Estado responden a la altura y, aunque literalmente ni altura ni peso le faltan al Presidente García, él tiene un estilo bastante particular. Apela generalmente a adjetivos (des)calificativos, sus favoritos son comunistas, viejos comunistas, oenegistas, comechados y, recientemente, perros del hortelano. Pero en esta ocasión, al parecer olvidó la lista de adjetivos en palacio y decidió entonces, apelar a un condicionante.
Sabemos que la calidad educativa es vital en nuestro país, si deseamos insertarnos en esta globalización creciente y casi ineludible; sin embargo, es preciso tener en cuenta que no se puede imponer reglas luego de iniciado el juego ni establecer relaciones entre cuestiones, en principio, inconexas. Este es el caso de la nueva evaluación que reclama el Presidente, el Ministro de Educación y el Ministro de Economía, como condición para realizar los aumentos acordados.
Se especula acerca de la motivación y muchos concuerdan con que se trata de una dilatación respecto a los aumentos. Ahora bien, podría también tratarse de otra cosa. La reacción responde a lo que conocemos también como chantaje. ¿Recuerdan a del Castillo hace unas semanas cuando decía que no habría cambios ministeriales si seguían las interpelaciones? Eso era un chantaje directamente dirigido a la oposición y, por qué no, a los fujimoristas; no sabemos si algún personaje de dicha bancada aspire a un cargo ministerial. Bueno pues, esta es una reacción parecida a la del gobierno frente a las demandas de los docentes universitarios: o te esperas tranquilito el aumento que ya veré cuando te doy, o te evalúo y adiós.
Lo cierto es que las evaluaciones no son iniciativas negativas, pero en el contexto en que las propone García se tornan desde improvisadas (en cuyo caso el remedio es peor que la enfermedad) hasta ineficientes. Con ello solo contribuye a echar más candela al fuego, en lugar de preocuparse por dialogar con los maestros y tratar de llegar a acuerdos más viables tanto para el gobierno como para el bolsillo de los docentes quienes, con el sueldo que reciben, no pueden pagarse ni un cursillo extra y mucho menos un diplomado de especialización si desean mantener a una familia.
Además, el descontento que se crea alrededor de esta propuesta nueva enfatiza la idea generalizada que se tiene de que la posible apristización se realice. Lo cierto es que con el partido de la estrella y con el mandatario actual, no hay muchas garantías de que ello no suceda.
No se trata de asumir que los docentes son excelentes sin excepción. Sin duda, debe haber muchos maestros cuyas evaluaciones den resultados mediocres y lamentables. Lo cierto es que esta nueva evaluación que pretende el Presidente pudo anunciarse en otro contexto y no justo cuando los profesores inician las protestas. Por eso es una patinada presidencial porque además de inoportuna genera mayores fricciones en un terreno tan difícil como el educativo.
A García le vendría bien, tener en cuenta estas cuestiones. Le haría bien también, revisar sus patinadas a ver si de pronto, se reducen un poco. No vaya a ser que empiece a decir que los docentes universitarios son todos oenegistas o comunistas, aunque francamente, no me extrañaría.
Finalmente, los maestros pierden apoyo ciudadano con estos reclamos, por más justos que sean. La ciudadanía los percibe como personajes que se encuentran interesados antes en sus sueldos que en la calidad de enseñanza. Esto no es así, necesariamente, pero es parte de la estrategia presidencial para socavar los intentos de los docentes por alcanzar lo justo. No debemos perder esto de vista y los maestros, por tanto, deben mantenerse alertas y andar con cuidado.




4 comentarios:
Siempre nos hace falta una reflexión sobre nuestro sistema educativo. A veces se echa de menos que falten voces que traten sobre el tema, ya que no solo se trata de la formación de mejores profesionales, sino también de la de mejores personas y ciudadanos. Si no se encara la educación también en sus aspectos menos formales, podemos haber ganado la batalla de tener personas con mas conocimientos, pero no necesariamente mejores.
El problema de la educación es que nunca se ha hecho una 'revolución' de la misma. Eso lo propuso Acción Popular en las últimas elecciones, pero nadie les hizo caso... como siempre.
Para quienes hemos abordado el problema del cambio en las sociedades (¿Qué Cambiar?, ¿Cómo Cambiar?) es inevitable tocar el tema educativo como parte del proceso de cambio; Personalmente hago referencia al tema Cultural/Educativo como columna vertebral del proceso de cambio.
Definitivamente el problema educativo es complejo (¿Qué enseñar?, ¿Cómo enseñar?) puesto que implica la formación de quienes conformaran la sociedad futura; porque la relación entre docentes, alumnos, contenidos, medios, herramientas y otros componentes no es para nada trivial; porque los resultados del proceso educativo se ven después de varios años y por la poca claridad respecto a los fines que tiene o debería tener el sistema educativo (formar profesionales, desarrollo de la sociedad, desarrollo de ciencia y tecnología, formar emprendedores, etc) en este punto hay que mencionar que los fines mencionados no necesariamente son afines o compatibles entre si. Reconocer y comprender dicha complejidad es el punto de partida para emprender soluciones profundas y no superficiales como pueden ser: leyes per sé, evaluaciones y capacitaciones mal planteadas y mal enfocadas, tratar de informatizar la educación, etc; no digo que dichas medidas sean malas de por sí, sino que si no son planteadas en base a la comprensión de la complejidad antes mencionada los resultados, pese a los esfuerzos y costos, pueden ser muy limitados.
Hay un análisis bastante bueno del tema educativo en el siguiente enlace
Finalmente no puedo dejar de mencionar que considero que la crisis educativa es a nivel mundial, no por un tema estrictamente académico sino más bien por un tema humanista, no se puede hablar de cambios en las sociedades sin cambios en los sistemas educativos; asimismo las crisis sociales son en gran parte consecuencia de crisis educativas (por lo mencionado en las primeras líneas del segundo párrafo) ... ¿Qué hacer? …Por todo lo mencionado uno de los objetivos claves del sistema educativo, dadas la situación actual, debería ser “cambiar nuestras formas más profundas de pensar” y reenfocarlas en base a lo que varias veces he mencionado en éste blog: “Paradigma de Sistemas”.
Por favor!, para nadie es un secreto que una solución al catastrófico estado de la educación pública peruana no pasa sólo por aumentar el poresupuesto de educación y aumentarle los sueldos a los profesores.
Se puede duplicar o triplicar el presupuesto en educación, llevarlo al 10% o 20% del PBI, pero la calidad de la educación no mejorará, les diré porqué:
Porque en los últimos 35 años hemos permitido -Estado y ciudadanos- que la escuela pública sea secuestrada por una banda de sindicalistas mediocres e hiperideologizados (SUTEP).
Estos parasitos del SUTEP han logrado mantener en todos estos años un statu quo nefasto: conseguir la estabilidad en sus plazas para los profes a cambio de no hacer huelgas.
No habrá mejora en la eduación pública peruana -reconocida ya como la de peor calidad en el planeta- si es que antes no se rompe ese nefasto statu quo.
Las víctimas de este sistema de perpetuación de la pobreza y la mediocridad que es la educación pública peruana debe identificar correctamente a sus enemigos:la dirigencia sindical del SUTEP que ha mantenido secuestrada a la esvuela pública durante estos años, a los profesores mediocres que se han visto protegidos por esa mafia sindical y las autoridades públicas que por comodidad han aceptado ese nefasto statu quo en todos estos años.
No hay que ser demagogos: aquellos que son parte del problema, no pueden ser parte de la solución; ningún plan de reforma o de salvataje de la educación peruana tendrá éxito sin una depuración a fondo del magisterio.
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