En este blog traté de manera constante el asunto de la censura al ministro del interior Luis Alva Castro. La consecuente decepción luego de que dicha moción de censura se frustrara solo se vio medianamente (y es decir mucho) superada por la intención renovadora que el primer ministro parecía defender, a raíz justamente de la movida impulsada por la “oposición” respecto del ministro del interior y también del de salud.
El día jueves, la propuesta de moción de interpelación al ministro Vallejos sustentada por el congresista nacionalista Alfonso Maslucán fue aprobada. Sobre el tema puntual de la interpelación y censura solo creo conveniente manifestar que luego de las irregularidades encontradas, considero lógico que el Congreso busque dilucidar los procesos. En tal sentido, no resulta fuera de lugar apelar al recurso interpelatorio como ocurrió con el ministro Luis Alva Castro. Además, se trata de una medida democrática que se ampara en la mayoría congresal. Pero este no es el tema que deseo tocar a fondo, sino la reacción gubernamental que, de un tiempo a esta parte, no da luces de tranquilidad interna.
El premier Jorge del Castillo no parece contento con esta medida. En principio puede parecer que se trata de un nuevo blindaje aprista hacia otro compañero del presidente (Vallejos es cercano a Alan) y bueno, puede que no me equivoque. Lo interesante está cuando el primer ministro afirma que mientras más interpelaciones se encuentren en proceso habrá mayor dilatación en los anunciados (y esperadísimos) cambios ministeriales; pero luego afirma también que no cederá al “chantaje político” de la oposición que busca poner trabas al gobierno.
Aquí hay varias cosas. Por un lado nunca queda claro quién chantajea a quién; si se trata de la oposición, o si se trata del premier cuando afirma que se dilatará el cambio si siguen las interpelaciones. Por otro lado, tampoco queda muy claro si esta vez es solo una maniobra “opositora” ya que el fujimorismo dista de ser una bancada con dicha característica; en este último caso creo que la motivación es otra.
Vamos por partes. Hace muy mal Jorge del Castillo al plantear una suerte de truque “cambios por cero interpelaciones”. No sé hasta qué punto no se puede realizar una evaluación objetiva del desempeño de los ministros si es que se encuentran interpelaciones en proceso. En todo caso, este debiera ser justamente un indicador significativo del trabajo ministerial; no se trata de interpelar a cualquiera por cualquier motivo, cuando el río suena es porque piedras trae (a veces rocones) y del Castillo debe aceptar eso, aunque le duela.
Por otro lado, hace mal el gobierno en general en retrasar los cambios. Luego de la frustrada censura al ministro del interior y la aprobada interpelación a Vallejos, el partido de gobierno debería notar que el descontento les está costando más que puntos en las encuestas: legitimidad. Aun si leyera los discursos desde la óptica aprista y me creyera el sonsonete que reza que “la oposición quiere desestabilizar al gobierno”, para voltear la torta actuaría rápidamente y chau chau a los conflictivos e ineficaces. Pero no, como son apristas, optan por resguardarlos y blindarlos. ¿Hasta cuándo?
Cabe recordar además, que el anuncio de evaluación a los ministros para realizar los ajustes respectivos se hizo en el contexto de la frustrada censura a Alva Castro, lo cual indicó en cierto sentido, una reacción a este hecho específico. Por ello, sorprende que ahora se dilaten los anunciados cambios sobre todo si el contexto es el de una nueva interpelación a otro miembro de este primer gabinete del régimen. Solo queda especular que se trata de una reacción impulsiva que obedece al enojo que este anuncio ha causado. Error evidente.
Ahora bien, resulta también interesante observar la actitud de la bancada fujimorista. Apoyan esta interpelación, contra lo que algunos podrían haber pensado ya que no resulta secreta la tácita comunión entre apristas y fujimoristas; sin embargo, esta es a mi modo de ver, otra estrategia. Lo que se busca es presionar al gobierno y tal vez a ello se refiere del Castillo con “chantajes políticos”. En buena cuenta, a pesar de que especificó que el chantaje provendría de la “oposición”, la bancada fujimorista es la que está cambiando su línea común de acción.
La “oposición”, y ello hay que admitirlo, está ganándose una fama conflictiva e inútil luego de la censura frustrada al ministro del interior y la reciente defensa a la interpelación al ministro Vallejos. Estoy a favor de ambas iniciativas, pero resulta preciso tener en cuenta lo que se podría perder de no conseguir la censura dos veces seguidas.
Lo importante es que los cambios ministeriales se den de una vez, puesto que hay razones de sobra para desaprobar a varios ministros y aprobar a otros con notas mediocres. Mientras la postergación continúe seguiremos cavilando entre la decepción y la impotencia que no deberíamos sentir si realmente hubiera una democracia firme. Es responsabilidad del gobierno escuchar a sus representados, pero hace buen tiempo necesita audífonos.
El día jueves, la propuesta de moción de interpelación al ministro Vallejos sustentada por el congresista nacionalista Alfonso Maslucán fue aprobada. Sobre el tema puntual de la interpelación y censura solo creo conveniente manifestar que luego de las irregularidades encontradas, considero lógico que el Congreso busque dilucidar los procesos. En tal sentido, no resulta fuera de lugar apelar al recurso interpelatorio como ocurrió con el ministro Luis Alva Castro. Además, se trata de una medida democrática que se ampara en la mayoría congresal. Pero este no es el tema que deseo tocar a fondo, sino la reacción gubernamental que, de un tiempo a esta parte, no da luces de tranquilidad interna.
El premier Jorge del Castillo no parece contento con esta medida. En principio puede parecer que se trata de un nuevo blindaje aprista hacia otro compañero del presidente (Vallejos es cercano a Alan) y bueno, puede que no me equivoque. Lo interesante está cuando el primer ministro afirma que mientras más interpelaciones se encuentren en proceso habrá mayor dilatación en los anunciados (y esperadísimos) cambios ministeriales; pero luego afirma también que no cederá al “chantaje político” de la oposición que busca poner trabas al gobierno.
Aquí hay varias cosas. Por un lado nunca queda claro quién chantajea a quién; si se trata de la oposición, o si se trata del premier cuando afirma que se dilatará el cambio si siguen las interpelaciones. Por otro lado, tampoco queda muy claro si esta vez es solo una maniobra “opositora” ya que el fujimorismo dista de ser una bancada con dicha característica; en este último caso creo que la motivación es otra.
Vamos por partes. Hace muy mal Jorge del Castillo al plantear una suerte de truque “cambios por cero interpelaciones”. No sé hasta qué punto no se puede realizar una evaluación objetiva del desempeño de los ministros si es que se encuentran interpelaciones en proceso. En todo caso, este debiera ser justamente un indicador significativo del trabajo ministerial; no se trata de interpelar a cualquiera por cualquier motivo, cuando el río suena es porque piedras trae (a veces rocones) y del Castillo debe aceptar eso, aunque le duela.
Por otro lado, hace mal el gobierno en general en retrasar los cambios. Luego de la frustrada censura al ministro del interior y la aprobada interpelación a Vallejos, el partido de gobierno debería notar que el descontento les está costando más que puntos en las encuestas: legitimidad. Aun si leyera los discursos desde la óptica aprista y me creyera el sonsonete que reza que “la oposición quiere desestabilizar al gobierno”, para voltear la torta actuaría rápidamente y chau chau a los conflictivos e ineficaces. Pero no, como son apristas, optan por resguardarlos y blindarlos. ¿Hasta cuándo?
Cabe recordar además, que el anuncio de evaluación a los ministros para realizar los ajustes respectivos se hizo en el contexto de la frustrada censura a Alva Castro, lo cual indicó en cierto sentido, una reacción a este hecho específico. Por ello, sorprende que ahora se dilaten los anunciados cambios sobre todo si el contexto es el de una nueva interpelación a otro miembro de este primer gabinete del régimen. Solo queda especular que se trata de una reacción impulsiva que obedece al enojo que este anuncio ha causado. Error evidente.
Ahora bien, resulta también interesante observar la actitud de la bancada fujimorista. Apoyan esta interpelación, contra lo que algunos podrían haber pensado ya que no resulta secreta la tácita comunión entre apristas y fujimoristas; sin embargo, esta es a mi modo de ver, otra estrategia. Lo que se busca es presionar al gobierno y tal vez a ello se refiere del Castillo con “chantajes políticos”. En buena cuenta, a pesar de que especificó que el chantaje provendría de la “oposición”, la bancada fujimorista es la que está cambiando su línea común de acción.
La “oposición”, y ello hay que admitirlo, está ganándose una fama conflictiva e inútil luego de la censura frustrada al ministro del interior y la reciente defensa a la interpelación al ministro Vallejos. Estoy a favor de ambas iniciativas, pero resulta preciso tener en cuenta lo que se podría perder de no conseguir la censura dos veces seguidas.
Lo importante es que los cambios ministeriales se den de una vez, puesto que hay razones de sobra para desaprobar a varios ministros y aprobar a otros con notas mediocres. Mientras la postergación continúe seguiremos cavilando entre la decepción y la impotencia que no deberíamos sentir si realmente hubiera una democracia firme. Es responsabilidad del gobierno escuchar a sus representados, pero hace buen tiempo necesita audífonos.




2 comentarios:
Solo me queda una duda, coincidiendo contigo en la necesidad de los cambios: ¿Hacia donde deben estar dirigidos? ¿Implican reorientaciones politicas de fondo o meros cambios para airear al gobierno? Creo que en Palacio no tienen idea de eso y, además de lo que describes, es lo que aun hace que no se pongan los audifonos.
Estimado José Alejandro tienes razón en la descoordinación y falta de norte que parecen tener el primer ministro y el presidente cuando hablan de cambios ministeriales. No sé hasta qué punto deba (como imperativo) realizarse reorientaciones políticas. En todo caso, lo que creo es que los cambios per sé ayudarán a airear al gobierno, el punto está en cuán positivo resulte.
En algún artículo anterior mencioné la importancia de sacar de sus carteras a Vallejos, Alva Castro, Rey y Borra, en principio. Ahora bien, no sé si dicha propuesta iba orientada en una línea de cambio de desarrollo o simplemente de búsqueda de efectividad y eficacia.
En primer lugar debe cambiarse a todo aquel que no haya cumplido con su labor como debe ser (ahí ya tenemos varios nombres). Incluso respecto de la ministra de justicia se debería realizar un cambio, pero este se debería al poco impulso que le ha dado a la tan necesitada reforma en este sector.
Es un asunto complejo y en palacio lo están tomando como estrategia para subir puntos. Ese es el problema, mientras no lo vean como un medio para mejorar la conducción del país, sino solo como medio para subir puntos en las encuestas seguiremos preguntandonos esto y no obtendremos respuesta.
Otro problema es el del probable copamiento aprista en los ministerios. Vale la pena estar alertas.
Gracias por tu comentario.
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