Ya van pasando varias semanas y la censura a Luis Alva Castro no procede por diversos motivos. Resulta redundante ahondar, nuevamente, en la pertinencia de la misma y en la necesidad del mensaje a la población, pero lo que se mantiene vigente es el peligro de retrasar esta moción. Se está caminando contra el tiempo.
Una de las desventajas del retraso en esta decisión es que, como es obvio, el partido de gobierno tan entercado en defender al militante no tiene reparos en utilizar todo tipo de herramientas para desestabilizar a la “oposición”. Claro está, esto no resulta muy complicado pues lo único que se ha logrado con todo este asunto es evidenciar la endeble oposición existente en el congreso en este momento.
Por un lado tenemos a Unidad Nacional que cada día pierde un poco más el nombre porque de “unidad” tiene lo que yo de oficialista; por otro lado, el congresista Lombardi (invitado) ha mencionado la necesidad de preguntarse si tiene algún sentido mantener los lazos con Solidaridad, partido que resulta un “rocón” en el zapato.
Sin duda el cuestionamiento es legítimo y desde hace buen tiempo, solo que ahora regresa al tablero. Acá tienen que ver mucho los “arreglos tácitos”. ¿A qué me refiero con ellos? Pues a esta suerte de apretón de manos invisible e incluso inconsciente entre el mandatario y el alcalde de Lima, por ejemplo. No siempre las alianzas son concertadas a conciencia, pero lo que resulta evidente es que nuestros actores políticos se las ingenian para virar hacia el lado que mejor les convenga. En ese sentido, Luis Castañeda Lossio ha optado por un silencio irresponsable y los solidarios en el congreso, por hacerlo quedar bien.
Ese es un problema que surge cuando las decisiones se dilatan mucho. En temas polémicos es preciso discutir y debatir los argumentos, pero dilatar los procesos casi de manera indefinida solo evidencia estas fracturitas (que no son tan chiquitas) y crean otras.
En ese mismo sentido, la bancada nacionalista ha decidido reaccionar de manera rápida para no perder adeptos. Cayo Galindo ha manifestado que los nacionalistas que no apoyen la moción de censura serán sancionados. Ahora bien, algunos podrán argumentar contra esta medida en pos del respeto de las opciones personales aún dentro de una bancada y otros se manifestarán a favor y citarán el ejemplo de Raúl Castro (PPC) quien, a pesar de estar en desacuerdo con la moción, se unió a la decisión mayoritaria de su grupo. Pero el punto no es este. El asunto está en que las medidas por no perder adeptos surgen inmediatamente pues, como es obvio, retrasar el asunto de la censura solo beneficia al ministro del interior.
Ahora bien, por otro lado están los fujimoristas quienes de pronto no están hablando mucho sobre este caso. Cuando Alberto Fujimori llegó al Perú hace algunas semanas, no fue solo Keiko la que salió a los medios de manera particularmente confrontacional exigiendo mejores condiciones para el extraditado. En dicho momento, la censura al ministro se encontraba en pleno desarrollo (igual que ahora, en realidad no hemos avanzado mucho) y ese fue un caballito de batalla bien utilizado. Pero ¿y ahora qué?
Definitivamente, con este retraso también se les permite (y probablemente lo estén haciendo) seguir exigiendo al gobierno favores para el ex mandatario a cambio de sus votos en el congreso. Ojo con eso, no vaya a ser que sin darnos cuenta, un día de estos nos digan que Alberto Fujimori será juzgado en libertad o alguna tontería así.
Finalmente se recurre también, porque el tiempo lo permite, a la elaboración de cortinazas de humo. Y lo peor de todo, es que la última cortina parece tener para rato. En el colmo de la frescura, Gustavo Espinoza ha manifestado que los medios de comunicación han decidido difamarlo a raíz de la denuncia contra el ex presidente Alejandro Toledo. Sí, no he sacado el dato de ninguna página de chistes o bromas de mal gusto, estas cosas pasan en el Perú y a cada rato. Simplemente, no le hagamos caso.
El punto central es la necesidad, sino urgencia, de zanjar el asunto de la censura de una vez por todas. Si seguimos con el jueguito, los votos de la oposición se irán perdiendo más y más. Con todo, sin embargo, al parecer esta podría prosperar pero depende de la habilidad de los interesados para que no se pierda la moción, se dilate la agenda, se acabe el tiempo, no haya quórum, etc. Ya fue suficiente.
Una de las desventajas del retraso en esta decisión es que, como es obvio, el partido de gobierno tan entercado en defender al militante no tiene reparos en utilizar todo tipo de herramientas para desestabilizar a la “oposición”. Claro está, esto no resulta muy complicado pues lo único que se ha logrado con todo este asunto es evidenciar la endeble oposición existente en el congreso en este momento.
Por un lado tenemos a Unidad Nacional que cada día pierde un poco más el nombre porque de “unidad” tiene lo que yo de oficialista; por otro lado, el congresista Lombardi (invitado) ha mencionado la necesidad de preguntarse si tiene algún sentido mantener los lazos con Solidaridad, partido que resulta un “rocón” en el zapato.
Sin duda el cuestionamiento es legítimo y desde hace buen tiempo, solo que ahora regresa al tablero. Acá tienen que ver mucho los “arreglos tácitos”. ¿A qué me refiero con ellos? Pues a esta suerte de apretón de manos invisible e incluso inconsciente entre el mandatario y el alcalde de Lima, por ejemplo. No siempre las alianzas son concertadas a conciencia, pero lo que resulta evidente es que nuestros actores políticos se las ingenian para virar hacia el lado que mejor les convenga. En ese sentido, Luis Castañeda Lossio ha optado por un silencio irresponsable y los solidarios en el congreso, por hacerlo quedar bien.
Ese es un problema que surge cuando las decisiones se dilatan mucho. En temas polémicos es preciso discutir y debatir los argumentos, pero dilatar los procesos casi de manera indefinida solo evidencia estas fracturitas (que no son tan chiquitas) y crean otras.
En ese mismo sentido, la bancada nacionalista ha decidido reaccionar de manera rápida para no perder adeptos. Cayo Galindo ha manifestado que los nacionalistas que no apoyen la moción de censura serán sancionados. Ahora bien, algunos podrán argumentar contra esta medida en pos del respeto de las opciones personales aún dentro de una bancada y otros se manifestarán a favor y citarán el ejemplo de Raúl Castro (PPC) quien, a pesar de estar en desacuerdo con la moción, se unió a la decisión mayoritaria de su grupo. Pero el punto no es este. El asunto está en que las medidas por no perder adeptos surgen inmediatamente pues, como es obvio, retrasar el asunto de la censura solo beneficia al ministro del interior.
Ahora bien, por otro lado están los fujimoristas quienes de pronto no están hablando mucho sobre este caso. Cuando Alberto Fujimori llegó al Perú hace algunas semanas, no fue solo Keiko la que salió a los medios de manera particularmente confrontacional exigiendo mejores condiciones para el extraditado. En dicho momento, la censura al ministro se encontraba en pleno desarrollo (igual que ahora, en realidad no hemos avanzado mucho) y ese fue un caballito de batalla bien utilizado. Pero ¿y ahora qué?
Definitivamente, con este retraso también se les permite (y probablemente lo estén haciendo) seguir exigiendo al gobierno favores para el ex mandatario a cambio de sus votos en el congreso. Ojo con eso, no vaya a ser que sin darnos cuenta, un día de estos nos digan que Alberto Fujimori será juzgado en libertad o alguna tontería así.
Finalmente se recurre también, porque el tiempo lo permite, a la elaboración de cortinazas de humo. Y lo peor de todo, es que la última cortina parece tener para rato. En el colmo de la frescura, Gustavo Espinoza ha manifestado que los medios de comunicación han decidido difamarlo a raíz de la denuncia contra el ex presidente Alejandro Toledo. Sí, no he sacado el dato de ninguna página de chistes o bromas de mal gusto, estas cosas pasan en el Perú y a cada rato. Simplemente, no le hagamos caso.
El punto central es la necesidad, sino urgencia, de zanjar el asunto de la censura de una vez por todas. Si seguimos con el jueguito, los votos de la oposición se irán perdiendo más y más. Con todo, sin embargo, al parecer esta podría prosperar pero depende de la habilidad de los interesados para que no se pierda la moción, se dilate la agenda, se acabe el tiempo, no haya quórum, etc. Ya fue suficiente.




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